Después de muchos viajes —de esos que te cambian el paladar, el mapa mental y hasta la forma de caminar por una ciudad— me apetecía dejar de guardar las historias en notas sueltas y empezar a contarlas con calma. Así nace Mundo Conectado: un lugar donde pongo en orden lo vivido y lo entendido, sin postureo y sin prisa. Con el tiempo me di cuenta de que, cuanto más lejos vas, más se repite una idea curiosa: el mundo está lleno de patrones que se repiten con acentos distintos. Las ciudades crecen alrededor de ríos, los mercados siempre acaban siendo un espejo del carácter local, las fronteras dejan cicatrices similares, y la comida suele contar la misma historia que la economía y la geografía. Viajar, al final, es aprender a reconocer esas conexiones.
En este espacio comparto rutas, visitas y experiencias, pero no me quedo solo en lo que hice. Me interesa explicar el por qué: el contexto cultural, la historia que hay detrás de una plaza o de una catedral, la lógica geográfica de un paisaje, y los detalles prácticos que de verdad ayudan cuando estás allí (transporte, tiempos, dónde merece la pena entrar y dónde no). La idea es que puedas leer un artículo y sentir que caminas conmigo, pero también que te lleves información útil para planificar tu propio viaje y mirar cada destino con más profundidad.