Continuación de la ciudad romana de Pula.
A unos 40 minutos desde Pula, poco más de 35 km, avanzando al norte por la costa de la Península de Istria, nos encontramos con un precioso pueblo costero llamado Rovinj. Es un pueblo de origen romano, en el que destaca la parte construida en un saliente en el mar. Hay buenas panorámicas desde el puerto, por un lado, y desde las proximidades del mercado de Rovinj, por otro.
Desde estos puntos, podemos observar multitud de casas construidas literalmente sobre el mar, y en la parte más alta del saliente, podemos contemplar el campanario de Santa Eufemia, el punto más alto del pueblo. Las casas están pintadas en tonos dispares que hacen que los contrastes entre ellas, entre el agua y los amaneceres y atardeceres, sean sencillamente espectaculares.


Durante siglos fue territorio veneciano, y basta mirar su campanario para sentir que uno ha viajado hasta la laguna de San Marcos.
La ciudad pasó después austriacos, italianos y yugoslavos, pero Rovinj siempre mantuvo esa esencia veneciana, marinera y artística. Hoy, perderse por su entramado de callejuelas empedradas, entre galerías, cafés y balcones llenos de flores, es también viajar atrás en el tiempo. Cada rincón guarda una huella de su pasado, y al atardecer, cuando el sol tiñe de dorado los tejados y las barcas regresan al puerto, se entiende por qué muchos la llaman la perla romántica de Istria.

Como se puede imaginar uno, aparcar aquí en temporada alta es tarea casi imposible. Al ser temporada baja nuestro viaje, tuvimos suerte y pudimos estacionar muy cerca de donde nos hospedamos, muy cerca del centro.
Rovinj, o la parte de interés del pueblo, se puede pasear en una mañana o en una tarde, cuando uno prefiera. Lo que sí merece la pena es poder disfrutar de una salida o puesta de sol por el bonito contraste antes comentado. El pueblo está perfectamente acomodado al turismo, prueba de ello son la multitud de restaurantes refinados y puestos de souvenirs que tienen trabajo durante todo el año. Nosotros comimos en uno de estos adornados restaurantes llamado Bistro Riva, y cenamos en una pizzería (Zita Pizza) donde nos atendieron de forma excepcional.

Es llamativo cómo cambia el servicio cuando el turista es realmente apreciado, es decir, en temporada baja. En muchas ocasiones, a un negocio no le salva tanto las temporadas altas, sino que la temporada baja no sea tan baja. En este caso lo saben, y en diciembre allí, hay muy pocos turistas. En este Zita Pizza, tienen otra carta con descuentos cuando no vas en temporada alta. Se esmeraron para que estuviéramos siempre bien atendidos, e incluso, nos sacaron algunos platos “invitación de la casa” realmente sabrosos.
Recorrido por Rovinj
Un buen punto para empezar el recorrido es la Plaza Marsala Tita (o del Mariscal Tito), en uno de los extremos del saliente de Rovinj. Es una plaza pintoresca que tiene una forma oblicua. Antiguamente era parte del mar, y posteriormente, un canal, pero poco a poco se fue rellenando la costa, convirtiéndose en la plaza principal de la ciudad.

Lo más llamativo de la plaza es la Torre del reloj, del SXIX, donde se encuentra el relieve de un león veneciano. A su izquierda, otro edificio de corte neoclásico se utilizaba por parte del Tribunal del Distrito de Istria para solventar las disputas de ganado encontrado en terrenos ajenos. También en la plaza podemos encontrar Viecia Batana, una de las cafeterías más antiguas de la ciudad o el hotel Adriatic, el primero de la ciudad, inaugurado a principios del SXX. La pintoresca plaza es completada por una fuente en el centro de la misma, coronada por la escultura de un niño con pez que los locales llaman Keko, quién trabajó y vivió en Rovinj.
Muy cerca de esta plaza nos encontramos con el discreto Arco de Balbi, que delimitaba una antigua entrada. El arco, de estilo veneciano, fue erigido en el SXVII (podemos observar otro león veneciano en lo más alto del mismo).

Desde aquí podemos tomar la famosa calle Ul. Grisia, una típica callejuela pintoresca, llena de restaurantes y tiendas turísticas, que conduce por su empedrado pavimento, cuesta arriba a la Iglesia de Santa Eufemia. Aquí, al ir con bebé, no es buena idea desplazarlo con carrito sino con porteo. La empinada calle y la multitud de escaleras que te dirigen a la mencionada iglesia, descarta que puedas empujar un carrito de bebé y no desfallezcas en el intento.

Una vez arriba, la panorámica es una de las mejores del pueblo ya que la Iglesia está en la parte alta del pueblo. La iglesia data de principios del SXVIII y está dedicada a la Santa Eufemia, la patrona de la ciudad, la cuál fue mártir romana, sentenciada a muerte en el año 303 d.C. por sus creencias religiosas.

Existe una leyenda que comienza con dos pescadores atrapados en una tormenta que, al perder el control de su barco, caen de rodillas en una ferviente oración. Sus plegarias son respondidas y despiertan a salvo cerca de la costa de Rovinj y ven una brillante luz blanca sobre un objeto que se hunde en el mar. Incapaces de recuperar el objeto, se apresuran a contarle a los locales del pueblo el milagro, pero nadie puede mover el pesado objeto hasta que una viuda piadosa idea un plan para recuperar el objeto con animales de carga (bueyes).
Los bueyes sacan el sarcófago del agua y lo llevan hasta la montaña. Un escéptico queda inconsciente en presencia del sarcófago, revelando más tarde que había recibido una visión de Santa Eufemia que indicaba que el sarcófago contenía sus huesos. En la tradición popular del pueblo, se dice que la colina ha sido nombrada la “Colina de Santa Eufemia” desde entonces.
Este sarcófago de mármol, donde reposan los restos de Santa Eufemia, se conserva tras el altar de la iglesia. Adicionalmente, en la iglesia también podemos contemplar un grabado que muestra a la patrona sosteniendo a Rovinj en sus brazos, y otros dos murales en la iglesia representan a la santa, uno describiendo cómo el pueblo romano arroja a Eufemia a los leones, y en otro, relatando la llegada del sarcófago a Rovinj.
El campanario contiguo a la iglesia es de pago, y a través de sus estrechas escaleras y un esfuerzo considerable se llega a lo alto del mismo donde se contemplan una de las mejores vistas del pueblo.
A continuación, después de la panorámica desde lo alto del pueblo, se puede volver sobre tus pasos (para evitar escaleras) y dirigirse a un lateral del saliente para tomar Ul. Sv. Kriza y continuar bordeando el pueblo hasta Plaza Balota. He de decir que el decorado navideño era cuidado y estético, y pudimos tomar unas maravillosas fotos familiares.

Siguiendo recto, hasta el punto más metido en el mar de Rovinj nos encontramos con un viejo búnker frente a la costa. Aunque está bien mantenido tampoco es gran cosa.

Siguiendo la línea litoral acabas llegando al mercado, donde se puede comprar fruta pero también gran parte de los productos están orientados al turismo. Quizá la nota negativa de esta parte es que está demasiado adaptado al turismo en masa y suelen excederse con los precios.



Para acabar el paseo, recomiendo seguir el litoral e ir alejándose un poco del saliente del casco histórico de Rovinj ya que tendrás una panorámica inigualable de esta pequeña joya de la península de Istria. Con esta imagen nos despedimos para dirigirnos a nuestro siguiente destino: el pueblo de Piran, ya en Eslovenia.
