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Un día en Colonia, Alemania: qué ver y ruta a pie por la ciudad en 1 jornada

Siempre es una buena excusa visitar la ciudad de Colonia para contemplar la faraónica catedral, con sus dos inmensas torres, que maravillaban en su día a cualquiera que estuviera de paso por la ciudad. Sin embargo, esta influyente e histórica ciudad también guarda edificios y capítulos interesantes que quiero destacar en este artículo.

Contenidos

Antes, un poco de historia de Colonia

Colonia no se entiende sin el Rin, uno de los ríos más importantes de Europa y que atraviesa esta ciudad. Antes de ser alemana, antes incluso de ser medieval, ya era un punto estratégico romano. En el año 50 d. C., el emperador Claudio elevó el asentamiento a colonia romana con el nombre de Colonia Claudia Ara Agrippinensium. De ahí viene todo: el nombre, la vocación comercial y su carácter abierto. Fue una de las ciudades más importantes del Imperio romano al norte de los Alpes, con murallas, acueductos, termas y un trazado urbano que aún hoy se intuye bajo el asfalto.

Con la caída de Roma, Colonia no desaparece. Al contrario. En la Edad Media se convierte en una de las grandes ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico. Su poder era económico y religioso: el arzobispo de Colonia fue una figura clave en la política imperial. La llegada en el siglo XII de las reliquias de los Reyes Magos consolidó su papel espiritual y dio origen a la construcción de su símbolo eterno, la catedral.

Durante siglos, Colonia fue una ciudad libre, rica y orgullosa, miembro de la Liga Hanseática. El comercio fluvial, los gremios y una burguesía fuerte marcaron su identidad. Sin embargo, las guerras religiosas, la ocupación francesa a finales del siglo XVIII y después la integración en Prusia alteraron ese equilibrio histórico.

El siglo XX fue devastador. Los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial destruyeron cerca del 90 % del casco urbano. La catedral quedó en pie, casi milagrosamente, rodeada de ruinas. Como en otras ciudades, la reconstrucción posterior no buscó recuperar la ciudad medieval tal y como era, sino levantar una ciudad funcional y moderna.

Hoy, Colonia es una de las ciudades más dinámicas de Alemania. Centro cultural, universitario y mediático, combina restos romanos, iglesias románicas, arquitectura contemporánea y una vida cotidiana muy alejada del estereotipo alemán rígido. Es una ciudad tolerante, de mucha inmigración, abierta y con un fuerte sentido local, visible en su carnaval, en su cerveza Kölsch y en su relación diaria con el Rin.

La jornada empieza por su punto más emblemático, una Catedral en Mayúsculas

Llegamos a Colonia con una idea bastante clara: ver de cerca una de esas obras que, aunque las hayas visto mil veces en fotos, te obligan a levantar la cabeza en cuanto doblas la esquina. La catedral de Colonia (Kölner Dom) se impone desde lejos y, cuando estás en las plazas que la rodean, casi apetece hacer justo lo que hicimos: bordearla varias veces para entender su tamaño y su presencia. Sus dos torres, de casi 150 metros, son de esas alturas que no parecen reales a pie de calle. Y hay un detalle que llama la atención: el tono negruzco de las partes más altas, que se asocia a la contaminación y a la estación de tren situada muy cerca.

Quizá lo que más acaba costando es intentar hacerte una foto con toda la catedral detrás, algo solamente posible si te alejas de ella a una distancia considerable.

La Catedral de Colonia está levantada sobre una colina histórica donde antes hubo una catedral carolingia (año 870). La actual empezó como gran proyecto gótico cuando el arzobispo Konrad von Hochstaden colocó la primera piedra en 1248, y su historia es aquella de las construcciones que quieren tocar el cielo: avances lentos, parones, dinero que se acaba y siglos de paciencia. De hecho, las obras se suspendieron en 1560, y no se retomaron en serio hasta 1842, ya en época prusiana. La culminación llegó por fin en 1880, cerrando un ciclo de más de seiscientos años (con un empujón final de décadas impulsado por el nuevo próspero y emergente país de Alemania). Como curiosidad, durante un breve periodo fue el edificio más alto del mundo.

El siglo XX le dio su prueba más dura. Durante la Segunda Guerra Mundial, la catedral sufrió daños por los bombardeos, pero no quedó arrasada como gran parte del resto de la ciudad. Después se inició su reconstrucción y hoy sigue siendo el gran imán de Colonia, además de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1996. La sensación, al verla, es muy simple: estás ante un símbolo que sobrevivió cuando casi todo lo demás cayó.

Al entrar, el cambio es inmediato. El interior gótico abruma por escala, altura y luz, con un protagonismo muy claro de las vidrieras multicolores (la catedral llega a describirse como una especie de “iglesia de vidrio”). Y detrás del altar mayor está su pieza más famosa: el relicario de los Reyes Magos, construido entre 1181 y 1230, vinculado a la tradición de que sus reliquias llegaron a Colonia en 1164. Es un objeto espectacular por su trabajo en metales y decoración; ahora bien, aquí conviene mantener un punto crítico: en la Edad Media circularon muchísimas reliquias discutibles, y parte del éxito de estos lugares también se explicaba por la peregrinación que generaban.

Si tienes poco tiempo y quieres ver lo esencial sin perderte en un recorrido al azar, ayuda mucho algo tan básico como comprar una guía/tríptico y dedicar unos minutos a decidir qué rincones vas a priorizar. Dentro hay piezas y espacios que merecen una parada consciente.

No te puedes perder (dentro)

  • las vidrieras y el efecto de la luz en la nave (merece la pena mirarlas con calma).
  • la Cruz de Gero, con más de mil años de antigüedad.
  • la sillería del coro (datada en 1308, con un conjunto de 104 asientos).
  • algunas devociones muy locales, como San Cristóbal, la Virgen de Milán o Santa Úrsula (patrona de la ciudad).
  • el Retablo de los Santos Patronos de Colonia (1445), de Stephan Lochner, con la adoración de los Reyes Magos en el panel central.
  • La Cámara de Tesoros de la Catedral. Es de pago, pero al ser gratis la entrada a la catedral, merece la pena cubrir este costo y disfrutar de sus maravillas.

Para más información de la Catedral, he desarrollado más la visita aquí.

La guerra del agua de colonia: Farina vs 4711

Después de la catedral, una de las visitas aconsejables es acudir a las tiendas de Farina y 4711 para entender los perfumes más importantes de la ciudad, y con relevancia internacional, y sumergirte en la disputa que envolvieron a estas dos familias.

En Colonia hay una rivalidad curiosa que no se ve en los mapas, pero sí en los escaparates: la del “agua de colonia” original. A un lado, Farina, la casa que presume de haber creado el género; al otro, 4711, la marca que acabó convirtiendo cuatro números en sinónimo de perfume. Y en medio, un lío legal de décadas por un apellido que, durante un tiempo, funcionó como sello de calidad.

Farina: el origen del “eau de cologne”

La historia empieza a comienzos del siglo XVIII. Johann Maria Farina funda su empresa en 1709 y desde allí nace el perfume que se populariza como Eau de Cologne, hasta el punto de dar nombre a toda una familia de fragancias. La empresa sigue ligada a la Casa Farina, hoy museo tienda y muy recomendable la visita y la entrada al mismo.

Mülhens y el 4711: cuando el apellido “farina” era un reclamo

La otra gran historia llega más tarde con Wilhelm Mülhens. La propia tradición de 4711 cuenta que en 1792 recibió la receta de un “aqua mirabilis” como regalo de boda de un monje cartujo llamado Franz Maria Farina (se presenta como leyenda y hay dudas sobre cuánto tiene de real). Lo que sí está documentado es que desde 1799 Mülhens comercializaba ese “Kölnisch Wasser” y lo hacía con una coletilla muy agresiva para el negocio: “Franz Maria Farina – … No. 4711” en la dirección de la Glockengasse.

Ahí nace el conflicto: “Farina” era un apellido estrictamente ligado a la calidad premium de los perfumes. Según explica el Deutsches Historisches Museum, llegó a haber más de cincuenta productores usando “Farina” en el nombre, y eso convirtió el mercado en una jungla de imitaciones y pleitos.

¿De dónde sale el número 4711?

Lo mejor es que 4711 no nace como marca, sino como un efecto secundario de la historia: durante la ocupación francesa, Colonia implantó números de conscripción para identificar edificios, y la casa de Mülhens en la Glockengasse recibió el 4711 (en torno a 1796). El negocio se quedó con esa cifra porque era corta, recordable y ya estaba pegada al lugar. Los Mülhens no dudan en asegurar que el propio Napoleón les puso el nombre (tergiversando la historia a su manera).

La disputa: del apellido al número

El punto clave es este: Mülhens vendía su producto aprovechando el tirón del nombre “Farina”, y la familia Farina (y otros propietarios del apellido en el comercio) lo llevó a juicio. Por esos litigios, décadas después el nieto del fundador acabó introduciendo una denominación donde el protagonista ya no era el apellido, sino la dirección y el número: “… Parfümerie-Fabrik Glockengasse 4711 …”.

En paralelo, se formaliza la marca: 4711 se registra en 1875. Se ha ido poco a poco transmitiendo la fama de Farina en el nombre a este número 4711 de tan fácil recuerdo.

A día de hoy, las marcas siguen conviviendo. Farina mantiene el relato de “original” y un posicionamiento más premium/luxury, mientras que 4711 se convierte en el nombre popular que la mayoría asocia con “agua de colonia”.

Próxima parada, el archivo de la Gestapo en Colonia: EL-DE Haus

Lo que se suele mencionar como “el antiguo archivo de la Gestapo” en Colonia es, en realidad, el EL-DE-Haus: un edificio bastante discreto por fuera que fue la sede de la Gestapo de Colonia entre 1935 y 1945.

Colonia fue arrasada por los bombardeos, pero este edificio quedó “casi sin daños” en plena zona centro, mientras los edificios de alrededor sí cayeron. Esto era debido a que, al igual que la catedral de Colonia, había orden de no bombardearlo, por todo el material de gran utilidad para los aliados que pudiera contener el archivo para usarlo algún día contra los nazis.

Qué era exactamente (y por qué se llama así)

El nombre EL-DE viene del constructor, Leopold Dahmen (las letras “L-D” pronunciadas en alemán). La Gestapo lo usó como central: desde allí organizaba vigilancia, represión y también la deportación de judíos de Colonia.

Lo que se conserva abajo: la cárcel y las inscripciones

En el sótano está el núcleo de la visita: las diez celdas del “Hausgefängnis” (la prisión del propio edificio), con más de 1.800 inscripciones y dibujos hechos por prisioneros entre 1943 y 1945.
Además, el patio interior fue escenario de violencia directa: el propio centro documenta al menos 400 ejecuciones allí, especialmente entre 1944 y la liberación en marzo de 1945.

Qué pasó después de la guerra (y de dónde viene lo de “archivo”)

Tras 1945, el edificio se reutilizó como oficinas municipales, y las celdas del sótano se usaron para almacenar expedientes/archivos. De ahí viene que mucha gente lo recuerde como “archivo” o edificio administrativo, y también el contraste brutal: víctimas que habían sido torturadas allí acabaron volviendo años después para trámites cotidianos.

Hoy es el ns-dokumentationszentrum de la ciudad de colonia (ns-dok): un museo, memorial y centro de investigación sobre el nazismo en Colonia, con exposición permanente (“Cologne under National Socialism”), muestras temporales y biblioteca.

El Rathaus de Colonia (el ayuntamiento histórico)

Cerca de la catedral, a pocos minutos, te plantas en Rathausplatz, donde Colonia cambia de registro: del símbolo religioso al corazón cívico. El Rathaus es un collage de épocas que cuenta cómo la ciudad se gobernó durante siglos. De hecho, su historia constructiva se estira más de 800 años, con primeras menciones documentales entre 1135 y 1152 como “casa de los ciudadanos”.

La parte más antigua que se conserva hoy pertenece al núcleo medieval, y el conjunto se fue ampliando con piezas muy reconocibles: la torre gótica (el Ratsturm, levantado entre 1407 y 1414), la loggia renacentista (Rathauslaube, construida 1569–1573) y el llamado Spanischer Bau (el “edificio español”, asociado históricamente a recepciones y usos representativos; en la cronología turística se sitúa en 1660/61).

El Hansasaal: donde se tomaban decisiones “de ciudad”

Si te gusta la historia urbana, el punto clave es el Hansasaal, una gran sala de reuniones que funciona como el corazón del ayuntamiento. El propio ayuntamiento de Colonia lo describe con medidas concretas: 30 m de largo, 7,60 m de ancho y hasta 9,58 m de alto, y recuerda que en el siglo XIV allí se reunió la Liga Hanseática y que el espacio llegó a usarse también como tribunal.

La Torre y sus guiños: esculturas, campanario y un personaje con lengua fuera

La torre del Rathaus está llena de señales para quien mira con calma. En la fachada hay un programa escultórico enorme (unas 124 esculturas repartidas por niveles, con personajes históricos de Colonia y santos protectores).
Y luego está el detalle más “mundano”: el Platzjabbeck, una cabeza de madera que saca la lengua cada hora desde la torre, como recordatorio de que en Colonia la solemnidad siempre convive con el humor local.

La Iglesia de San Martín (Groß st. Martin)

En la ribera del Rin, cuando el casco viejo se vuelve fotogénico de verdad (Fischmarkt, casas de colores, terrazas), aparece la silueta que más “marca” el skyline de la Altstadt después de la catedral: Groß St. Martin. Impresiona por su ornamento, volumen y por esa torre central que parece vigilar el río. Es una de las doce grandes iglesias románicas de Colonia, y eso se nota: piedra, arcos, proporciones sólidas y una calma distinta a la del Dom.

Un sitio romano debajo de una iglesia medieval

Como en otros lugares europeos, el edificio está literalmente levantado sobre capas antiguas: el lugar fue una zona edificada ya en el siglo I, cuando esta parte era una especie de suburbio/isla junto al Rin; las excavaciones han identificado una gran explanada con un recinto hundido y un estanque. Y, bajo la iglesia, también aparecen restos de construcciones romanas posteriores sobre las que se apoya el conjunto medieval.

Qué estás viendo arquitectónicamente

La iglesia actual se levanta entre 1150 y 1250, ligada durante siglos a una abadía benedictina (hasta la secularización a inicios del XIX). Su rasgo más reconocible es el extremo oriental en forma de trébol (triconque): tres ábsides abrazando el crucero, y sobre ese punto, la torre de cruce que domina el perfil de la ciudad. Fue muy dañada en la Segunda Guerra Mundial y la restauración se completó en 1985

Las Casas de Colores del “Fish Market” (fischmarkt), junto al Rin

En la orilla del Rin, en pleno casco antiguo, hay una escena que parece hecha para la cámara: una hilera de casas estrechas con tejados a dos aguas, todas alineadas como fichas, con Groß St. Martin asomando detrás. Mucha gente las llama “casas de pescadores”, pero el matiz importante es otro: este rincón se conoce como Fischmarkt (mercado del pescado) porque aquí se concentraba la venta y el movimiento comercial ligado al río.

Lo bonito es que, aunque el lugar conserva ese aire medieval de callejuelas y ribera, gran parte del casco antiguo fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial para recuperar un aspecto histórico reconocible. En ese contexto, estas fachadas funcionan como “postal” de la Altstadt.

El Puente de Hohenzollern (Hohenzollernbrücke)

El puente de Hohenzollern es el puente más fotografiado de Colonia: el que une la zona de la catedral y la estación central con la orilla de Deutz, y el que te regala el encuadre clásico de arcos de acero con el Rin y las torres del Dom. Cruzarlo a pie tiene algo muy físico: pasan trenes a pocos metros, el tablero vibra un poco, y tú vas pegado a la barandilla leyendo nombres, fechas y mensajes en miles de candados. Es una caminata corta y merece la pena. Como nos alojábamos al otro lado del río, no nos quedaba más remedio que cruzarlo para ir y volver.

Además de fotogénico, es un puente con historia. El original se construyó a inicios del siglo XX y, al final de la guerra, no cayó por bombas: fue volado por el ejército alemán en marzo de 1945 para frenar el avance aliado, y después se reconstruyó.

Museo Kolumba: el museo que se construyó sobre una herida

Por fuera lo reconocerás por ese ladrillo gris claro, casi monástico, con miles de pequeñas perforaciones que dejan pasar la luz como si fuese polvo suspendido. Y por dentro, la clave: se levantó sobre las ruinas de la antigua iglesia de santa Columba, destruida en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Es el museo de arte de la archidiócesis de Colonia. Su propuesta mezcla arqueología, arte medieval, piezas devocionales, pintura y escultura moderna y contemporánea, todo en un mismo hilo.

No esperes un museo de “grandes hits” tipo catedral o museo de historia. Kolumba funciona mejor si vas con esta idea:

  • arte medieval y religioso (objetos, tallas, pintura) con mucho sentido en Colonia;
  • piezas contemporáneas que dialogan con lo anterior; y
  • espacios de ruina conservada que forman parte del recorrido.

Parada contemporánea: el museo Ludwig

El Museo Ludwig es el gran museo de arte moderno de Colonia, y además está colocado donde más encaja en el itinerario: a dos pasos de la catedral y justo enfrente de la estación central, así que casi siempre terminas pasando por delante aunque no lo busques. Por fuera no compite con el Dom; por dentro, en cambio, es el sitio al que vas cuando quieres cambiar de “Colonia medieval” a siglo XX y XXI sin desplazarte media ciudad.

Es famoso porque su colección tiene dos pilares muy difíciles de igualar: una Pop Art enorme (el propio museo habla de la colección más extensa fuera de Norteamérica) y un bloque de Picasso de primer nivel.

Comida en el sitio más característico de Colonia, el Brauhaus früh am dom (colonia): por qué es famoso y por qué apetece quedarse

Después de una jornada intensa, empezaba a entrar hambre, y queríamos degustar la típica comida alemana, que va algo más allá de salchichas y cervezas.

Fuimos a Brauhaus Früh am Dom casi por inercia: estás al lado de la catedral, con el ruido de la estación y el flujo de gente, y de repente aparece esa puerta que parece prometer justo lo contrario: madera, cerveza fría y comida contundente. Es famoso, primero, porque es una de las brauhaus más reconocibles de Colonia y está en un sitio imposible de mejorar: literalmente “al lado del Dom”. Eso lo ha convertido en parada clásica tanto para locales como para viajeros que quieren probar la Colonia más de taberna.

La segunda razón es la experiencia, no el edificio. Aquí la estrella es el Kölsch servido como se hace en la ciudad: vasos pequeños y estrechos, ritmo rápido, y un camarero (el Köbes) que no espera a que levantes la mano veinte veces. Si no haces nada, el sistema tiende a “seguir”: terminas el vaso y aparece otro. Es un ritual muy de Colonia, mitad eficiente, mitad teatral, y en Früh lo verás en versión grande y muy visible.

La tercera razón es que funciona como “comedor renano” sin complicaciones. La carta suele tirar de clásicos que acompañan bien a una cerveza ligera: codillo, salchichas, guisos, patata en varias formas, salsas densas… comida pensada para aguantar el ritmo de una brauhaus llena.

Y luego está lo que se tiene que vivir: el ambiente. Früh es ruidoso, vivo, y eso también explica su fama.

En Brauhaus Früh am Dom suelen servir varias salchichas “clásicas” de taberna renana:

  • Bratwurst (salchicha fresca a la plancha): aparece como “Frische Bratwurst”, normalmente con salsa/jugo (jus), col de Saboya cremosa y patatas salteadas.
  • Blutwurst / “Flönz” (morcilla alemana): la típica de Colonia, muy ligada al plato “Himmel un Ääd” (morcilla + puré de patata y manzana + cebolla). También puede aparecer como “Kölsche Kaviar” (morcilla con aros de cebolla y pan).
  • Bockwurst (salchicha cocida tipo “frankfurt” gruesa): suele venir con patatas fritas o ensalada de patata.
  • En carta infantil es frecuente ver Rostbratwürstchen (mini brats) y Wiener Würstchen (tipo vienesas).

La rivalidad Colonia–Düsseldorf (por qué existe)

Es una rivalidad más cultural que hostil, alimentada por siglos de competencia por estatus, influencia y “quién lleva la voz” en Renania. Colonia juega la carta de “ciudad histórica” (romana, catedral, tradición) y Düsseldorf la de “capital moderna” y más orientada a negocio/administración. Ese contraste se convirtió en combustible para el pique: chistes, campañas publicitarias, fútbol y “mi ciudad es la auténtica”.

Kölsch vs alt: el símbolo perfecto para picarse

La rivalidad se entiende en dos vasos:

  • Como hemos visto, en Colonia se bebe kölsch (con sus más de 30 marcas), claro y de fermentación alta, con una cultura de servicio muy marcada (vaso estrecho y reposición constante hasta que “paras” con el posavasos). Además, “Kölsch” está regulado por la Kölsch-Konvention y protegido como indicación geográfica (g.g.A.).
  • En Düsseldorf se bebe altbier, también de fermentación alta, más oscuro y con su propio ritual de barra y taberna.

Pedir la cerveza “del otro” es casi una declaración de intenciones. Es una señal de identidad.

Curiosidades, mitos y estatuas pintorescas de la ciudad de Colonia

Las bananas de Warhol

A finales del SXX empezaron a aparecer pinturas de una banana (estilo Andy Warhol en la portada de Velvet Underground) en ciertos lugares marcados de “gran importancia o interés”. A medida que iban apareciendo bananas, las iban borrando las autoridades, hasta que llegó un punto en el que el movimiento cultural se sobrepuso. Hay más de 100 en el mundo y se dice que fue Andy Warhol el que estaba detrás del movimiento, pero tampoco es seguro.

El coche volador

Si uno se fija, hay expuesto un coche encima del Zeughaus (el antiguo arsenal) donde estuvo durante años el Kölnisches Stadtmuseum (museo de la ciudad).

Lo que se ve es una obra de arte llamada Flügelauto (también “Der Goldene Vogel”): un Ford Fiesta con alas doradas, creado por el artista H. A. Schult. Se colocó en lo alto de la torre de escalera del edificio el 25 de abril de 1991 y con el tiempo se convirtió en un icono fotográfico de Colonia.

¿Por qué justo un Ford con alas? Porque nació como acción artística (ciclo Fetisch Auto): un juego provocador entre industria, publicidad y arte, y una especie de “monumento” irónico a la era del coche (algo así como “el automóvil elevado a tótem”).

Los carnavales y la quema del “nubbel”

En el carnaval de Colonia, el Nubbel es un muñeco de paja vestido que funciona como chivo expiatorio: “se lleva” simbólicamente los excesos y “pecados” de los días de juerga para que la gente pueda cerrar la fiesta y entrar en la Cuaresma con una especie de borrón y cuenta nueva.

Durante los días grandes del carnaval, verás el Nubbel colgado sobre la puerta o fachada de muchas tabernas (Kneipen). Es casi una señal de “aquí se ha celebrado fuerte”.

Cuándo se quema

Lo habitual en Colonia es que la ceremonia sea la noche del martes de carnaval (Veilchendienstag), a medianoche, justo antes de empezar el Miércoles de Ceniza.

Cómo es la ceremonia

En muchas calles se hace una especie de “entierro” o pequeño cortejo (a veces con antorchas), y luego llega el momento teatral: se lee una acusación, donde se culpa al Nubbel de todo lo que la gente ha hecho “mal” en carnaval. Después, se quema.

La idea es práctica y muy humana: si alguien “tiene que pagar”, que pague el muñeco. El Nubbel absorbe la culpa y, al arder, “se va” con ella. Es un ritual de cierre: se apaga la fiesta, se recupera la normalidad.

El duendecillo de la cerveza para que sigas bebiendo

De vez en cuando se observan figuras en las puertas de los brauhaus o bares de un “duendecillo cervecero”. Este ser es casi siempre el Köbes: el camarero tradicional de las Brauhaus (tabernas cerveceras) renanas, una figura medio oficio, medio personaje local. No es un guía simpático ni un “sumiller”: es más bien el guardia del ritual. Va rápido, suelta bromas secas, a veces parece brusco… y precisamente eso forma parte del folclore.

Lo reconoces en cuanto te sientas. La cerveza aquí no se “pide” como en otros sitios: te la van sirviendo en vasos pequeños y estrechos (los típicos 0,2 l en Colonia para Kölsch) y el Köbes está pendiente de tu mesa como si tuviera radar. En cuanto el vaso se queda vacío, aparece con un kranz (una bandeja circular tipo corona) cargado de vasos y te planta otro.

La gracia está en que, si no haces nada, el flujo continúa. Para parar, se usa el “lenguaje del posavasos”: pones el posavasos encima del vaso y el Köbes entiende que ya está. Y para llevar la cuenta, suele marcar rayas en el posavasos cada vez que te sirve una.

El Ostermannbrunnen y la “estatua” de Willi Ostermann

En el casco antiguo de Colonia, entre calles estrechas y a tiro de piedra de Groß St. Martin y el Alter Markt, hay un rincón que mucha gente pasa por alto porque no tiene la grandilocuencia de la catedral: el Ostermannplatz. Y ahí te encuentras el Ostermannbrunnen, una fuente–monumento dedicada a Willi Ostermann, uno de los grandes autores de canciones populares y de carnaval en dialecto kölsch.

Ostermann (Wilhelm “Willi” Ostermann, 1876–1936) fue compositor, letrista y cantante, muy ligado al imaginario sentimental de la ciudad: canciones sobre Colonia, sobre el Rin, sobre la vida cotidiana… de esas que luego se vuelven tradición, sobre todo en carnaval.

Qué es exactamente el ostermannbrunnen

La fuente se diseñó a finales de los años 30 como homenaje póstumo: se creó en 1938 por el escultor Willi Klein en piedra muschelkalk (caliza), y quedó en el Ostermannplatz del casco antiguo.

Es un monumento a figuras y relieves que hacen guiños directos a sus canciones.

Además del gran conjunto de la fuente, a pocos metros hay un pequeño surtidor con un relieve de bronce con el retrato de Willi Ostermann.

FAQS para el itinerario de Colonia

¿Se puede ver Colonia en 1 día a pie?
Sí, porque lo más potente está muy concentrado alrededor del Rin y del eje catedral–Altstadt–puente Hohenzollern–museos. La clave es elegir: o priorizas “postales” (catedral, puente, casco viejo) o metes 1–2 museos y asumes que irás con menos paradas largas.

¿Cuál es el orden más lógico para la ruta?
Un orden que suele encajar bien es: catedral → Museo Ludwig (si entras) → puente Hohenzollern → paseo por el Rin → Fischmarkt y casas de colores → Groß St. Martin → Rathaus → (comida en Brauhaus) → Kolumba o NS-Dok (según energía). Así te queda lo exterior cuando hay más luz y lo interior cuando te apetece bajar el ritmo.

¿A qué hora conviene visitar la catedral para evitar agobios?
Si puedes, entra en cuanto abran el acceso turístico o a última hora de la tarde; en medio del día la zona se llena mucho por la cercanía con la estación. Ten en cuenta que los horarios pueden variar por celebraciones litúrgicas.

¿Merece la pena subir a la torre de la Catedral?
Merece si te apetece un “premio visual” y no te importa el esfuerzo físico (es una subida larga). Si vas justo de tiempo o ya tienes otra vista panorámica, puedes quedarte con el interior y el entorno exterior, que ya de por sí es muy interesante. Nosotros no subimos las dos veces que hemos estado en la Catedral de Colonia.

¿Qué museo encaja mejor en una jornada: Ludwig o Kolumba?
Depende de tu estado de ánimo:

  • Ludwig si quieres impacto rápido de arte moderno (y estar a dos pasos del Dom). Suele ser una visita “más directa”.
  • Kolumba si te apetece un museo más silencioso y contemplativo, donde arquitectura y ruina forman parte del relato.

¿Qué es el puente famoso de Colonia y por qué lo cruza todo el mundo?
El Hohenzollernbrücke es el puente icónico junto a la catedral: por las vistas del Dom, por ser un nudo ferroviario enorme y por el paseo peatonal lleno de candados. Aunque no hagas todo el trayecto, asomarte ya te da una de las mejores perspectivas de la ciudad.

¿Dónde están exactamente las casas de colores del “mercado del pescado”?
En la zona de Fischmarkt, dentro de la Altstadt, a orillas del Rin y con Groß St. Martin dominando el fondo. Es un buen lugar para una pausa corta, foto y seguir caminando hacia el ayuntamiento.

¿Qué es el “Köbes” y por qué parece un personaje?
Es el camarero tradicional de las brauhaus: va rápido, es seco con humor y sostiene el ritual del Kölsch. La gracia es que la cerveza “continúa” si no le dices lo contrario; si quieres parar, se suele usar el gesto típico del posavasos sobre el vaso.

¿Por qué es famoso Brauhaus Früh am Dom?
Por ubicación (al lado del Dom), por tamaño/ambiente y por ser una brauhaus muy reconocible para probar cocina renana y Kölsch “como toca”.

¿Qué tipo de comida pedir en una brauhaus si quiero algo muy local?
Sin complicarte: salchichas (bratwurst), platos con patata y cebolla, guisos y opciones como el codillo (que realmente lo bordan) si vas (y seguro que vas) con hambre. Si quieres el guiño más “de Colonia”, busca la morcilla local (Flönz) en platos tradicionales.

¿Qué es el antiguo edificio de la Gestapo y se puede visitar?
Sí: el EL-DE-Haus (hoy NS-Dok) conserva celdas y documentación sobre el nazismo en la ciudad. Es una visita dura, pero muy valiosa si quieres entender la parte menos turística de Colonia.

¿Cómo llego del aeropuerto de Colonia/Bonn al centro?
Lo más cómodo suele ser el tren hacia Köln Hbf (estación central), con trayectos cortos y frecuentes.

¿Merece la pena la KölnCard para un día?
Te sale a cuenta si vas a usar bastante transporte público y a entrar en varios museos o atracciones con descuento. La ventaja es que combina transporte dentro de la ciudad con descuentos en muchos sitios.