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Jericó: historia, murallas bíblicas y el origen de la ciudad más antigua del mundo

Uno de los lugares de Oriente Medio que más me llamó la atención visitar por su valor histórico fue la antigua ciudad de Jericó, actualmente en Cisjordania bajo autoridad palestina. Para muchos, la civilización, o mejor dicho, el asentamiento urbano propiamente dicho comenzó allí hace más de 10.000 años. Es cierto que en la región de Mesopotamia surgieron varios asentamientos o urbes más o menos de forma simultánea, y cada vez, encontramos nuevas evidencias que sitúan este hecho incluso anterior a Jericó (Göbekli Tepe).

Los israelitas tocando los shofares en la escena bíblica de Josué y Jericó

Sin embargo, no deja de ser fascinante Jericó por haber existido tan prolongado en el tiempo, durante tantos milenios. Pensad que la creación de las Pirámides de Egipto están más cerca de nuestros días que a la fundación de Jericó. E incluso podemos pensar que en aquellas fechas donde comenzaron los primeros asentamientos en esta tierra todavía merodeaban en el planeta animales tan legendarios como el mamut o el tigre de dientes de sable.

El acceso a Jericó es sencillo y llegar con relativa rapidez desde Jerusalén. Fue nuestra primera etapa después de alquilar un coche de matrícula hebrea, y con la tensión de pasar un puesto de control palestino con varios hombres con sus fusiles, justo a la entrada de la ciudad.

Recreación de la Antigua Jericó
Un lugar donde el turismo masificado no es un problema
El inicio del recorrido por el yacimiento de Jericó

Media jornada en el asentamiento de Jericó

Una vez pasado el control, llevamos el coche un par de kilómetros para aparcar al lado de Tell es-Sultan o (“Colina del Sultán”), también conocido como Tell Jericó (תל יריחו) o Antiguo Jericó, yacimiento arqueológico en Cisjordania, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Tell es-Sultan es, en términos arqueológicos, uno de los asentamientos más antiguos conocidos del mundo. Las excavaciones han documentado ocupación continuada desde alrededor del 10.000 a.C., en pleno Neolítico precerámico.

Tell es-Sultan con el Monte de la Tentación al fondo

Caminar entre los estratos del yacimiento es recorrer miles de años superpuestos: viviendas circulares de adobe, restos de murallas tempranas y una torre de piedra monumental que sorprende por su antigüedad y complejidad, siendo una obra defensiva real.

Aquí se documentan algunos de los primeros ejemplos de jerarquización social, de rituales funerarios complejos —como los cráneos modelados con yeso— y de una relación consciente con el territorio. No es casual que el lugar haya sido excavado por figuras clave de la arqueología del siglo XX, ni que siga siendo objeto de debate académico.

La visita permite entender por qué Jericó fue un punto clave desde tan temprano. El acceso permanente al agua, gracias al manantial conocido tradicionalmente como la Fuente de Eliseo, hizo posible una agricultura estable y el desarrollo de una comunidad organizada. Esa estabilidad explica la aparición temprana de arquitectura defensiva y de una planificación del espacio que va más allá de la simple supervivencia.

Cronología de la Antigua Ciudad de Jericó

La historia de Tell es-Sultan, la Jericó más antigua, no es una línea recta, sino una superposición de vidas, destrucciones y renacimientos que se extiende durante más de ocho mil años.

Todo comienza hacia el 10.000 a.C., en pleno Neolítico precerámico. Allí, junto al manantial del oasis, surge uno de los primeros asentamientos sedentarios conocidos. Las casas son circulares, de adobe, agrupadas sin calles formales. Ya entonces levantan una muralla de piedra y una torre monumental con escalera interior. En un mundo todavía mayoritariamente nómada, Jericó ya piensa en términos de comunidad organizada y defensa colectiva.

Torre monumental de Jericó de unos datada en el 8000 a.C.

Con el paso de los siglos, durante el Neolítico precerámico B, la ciudad evoluciona. Las viviendas se vuelven rectangulares, más estructuradas. Aparecen rituales funerarios complejos, como los cráneos modelados con yeso. Se percibe una sociedad más cohesionada, más consciente de su identidad.

Algunos restos de la antigua Jericó

Hacia el 7.000–5.000 a.C., con la llegada del Neolítico cerámico, la importancia del asentamiento disminuye. Sigue habitado, pero ya no es el núcleo monumental de los siglos anteriores. En el periodo calcolítico la ocupación es irregular, menos espectacular.

El gran renacimiento llega con la Edad del Bronce, a partir del 3.300 a.C. Jericó vuelve a convertirse en ciudad fortificada. Las murallas se hacen más complejas, la organización urbana más definida. En la Edad del Bronce Medio, entre el 2.000 y el 1.550 a.C., alcanza su máximo esplendor cananeo. Es una ciudad densa, protegida por potentes defensas y claramente jerarquizada. Este es el momento en el que Jericó es realmente una potencia regional.

Los cananeos eran los pueblos semitas que habitaban el Levante meridional —la franja que hoy ocuparían Israel, Palestina, Líbano y parte de Siria y Jordania— durante la Edad del Bronce, aproximadamente entre el 3.000 y el 1.200 a.C.

Restos de casas y murallas antiguas
En esta foto se aprecia esa Jericó por capas construidas a través de los milenios

No eran un único pueblo homogéneo ni un “reino” unificado. El término “Canaán” funciona más como una etiqueta geográfica y cultural que como una identidad política cerrada. Estaban organizados en ciudades-estado independientes, cada una con su propio rey: Jericó, Hazor, Megiddo, Jerusalén primitiva, entre otras.

Pero hacia el 1.550 a.C. se produce una gran destrucción. Después de ese episodio, el tell nunca recupera su antiguo nivel. Durante la Edad del Bronce Tardío apenas hay ocupación significativa. No existe ya la ciudad fortificada que había dominado el oasis durante siglos.

¿y qué ocurrió con las otras Jericós y el asentamiento moderno que hoy conocemos?

Como hemos comentado, la ciudad de Jericó que está habitada en la actualidad no es una continuación directa de Tell es-Sultan, sino el resultado de varios desplazamientos del asentamiento dentro del oasis a lo largo de la Antigüedad.

Tras el abandono definitivo de Tell es-Sultan como ciudad hacia el siglo XVI a.C., la ocupación humana no desaparece del oasis, pero se fragmenta. Durante la Edad del Hierro existen pequeños núcleos y aldeas, sin una ciudad fortificada ni continuidad urbana clara. No es hasta época persa (siglos VI–IV a.C.) cuando se consolida de nuevo un asentamiento más estable en otra zona del oasis, ya separado del asentamiento original.

El desierto de Judea. Vista desde Jericó hacia donde no hay Oasis ni vida

La verdadera “nueva Jericó” urbana surge en época helenística y, sobre todo, romana, entre los siglos II a.C. y I d.C. En ese momento, la ciudad se reorganiza en un emplazamiento distinto (Tell Abu Alayik, al oeste del cañón de Wadi El Kelb), más abierto y adaptado a un modelo agrícola y administrativo romano. Jericó se convierte entonces en un centro próspero, vinculado al cultivo de dátiles y bálsamo, con palacios, villas y complejos monumentales. Ejemplos claros de esta fase son los palacios herodianos y el complejo omeya posterior de Jirbat al-Mafyar (Palacio de Hisham), ya de época islámica temprana.

Marco Antonio le regaló la ciudad a Cleopatra, pero Herodes tomó en arriendo las plantaciones y las explotó en su beneficio. Durante su mandato, construyó edificios públicos, un hipódromo, un anfiteatro y varios monumentos. De todo ello, únicamente han quedado en pie los restos de las murallas, que tenías dos torres conocidas como Kypros, por el nombre de la madre, y Fasael por el nombre del hermano del rey.

Durante la época romana y hasta la llegada de Bizancio, las guerras continuaron en Jericó debido a la siempre beligerancia de la zona. Vespasiano la destruyó y Adriano la volvió a construir.

El asentamiento moderno

Durante el periodo bizantino e islámico temprano (siglos IV–VIII), la ciudad mantiene una ocupación continuada y se desplazó hasta Ariha (la actual Jericó), aunque con cambios de escala y función. A partir de ahí, Jericó nunca vuelve a abandonarse del todo. La ciudad medieval y otomana es más modesta, pero establece la base del núcleo habitado moderno.

El asentamiento moderno. La zona de Jericó es un oasis dentro del desierto de Judea.

La Jericó actual se consolida definitivamente en los siglos XIX y XX, ya en época otomana tardía y mandato británico, asentándose en el oasis moderno. Por tanto, hay una continuidad humana en el territorio, pero no una continuidad urbana directa: la ciudad actual es heredera del oasis de Jericó, no de la ciudad neolítica y cananea original.

Entrando con el coche a la ciudad de Jericó

Experiencia personal en el recorrido por Jericó

En nuestro recorrido por las ruinas de Tell es-Sultan, no me supuso nada extraordinario a nivel sensorial. El estado de las excavaciones y el camino en sí dista de estar desarrollado y bien indicado. Es cierto que hay algunos lugares donde se expone algo de información, pero bastante difusa y poco clara. Se podría hacer mucho más para estar a la altura del sitio. Sin embargo, teniendo en cuenta la zona de conflicto, por lo menos se pueden visitar, admirar la Torre de Jericó, e intentar visualizar casas, estructuras, murallas y lo que seas capaz de imaginar.

La señalización brilla por su ausencia y hay unas pocas vallas que previenen que puedas caerte fácilmente

La escena bíblica de Jericó

Si algo lo hizo más legendario y grandioso a esta ciudad fue el pasaje de la bíblica de las murallas de Jericó.

Esta escena se relata en el Libro de Josué, capítulos 2 y 6, y es uno de los episodios fundacionales del relato israelita de la conquista de Canaán. No se presenta como una batalla convencional, sino como un acto de obediencia ritual con desenlace milagroso.

Los israelitas tocando los shofares

El pueblo de Israel, tras cruzar el Jordán, se encuentra ante Jericó, descrita como una ciudad fuertemente amurallada. Josué, líder del pueblo, recibe instrucciones directas de Yahvé: durante seis días, el ejército debe rodear la ciudad una vez al día en silencio, encabezado por sacerdotes que portan el Arca de la Alianza y tocan shofares (cuernos rituales). No hay asalto, ni armas en acción, ni provocación directa.

Se tocan los schofares

El séptimo día, el ritual se intensifica. La ciudad es rodeada siete veces. Al finalizar la última vuelta, los sacerdotes tocan los shofares y el pueblo lanza un gran grito. En ese momento, según el texto, las murallas de Jericó se derrumban, permitiendo la entrada inmediata a la ciudad. El episodio subraya que la victoria no es militar, sino divina.

Dentro del relato destaca la figura de Rahab, una mujer que protege a los espías israelitas y es recompensada: su casa, marcada con un cordón rojo, es la única que no es destruida. El resto de la ciudad es consagrada al anatema: la destrucción total como ofrenda a Dios, un concepto habitual en la mentalidad de guerra sacra del Próximo Oriente antiguo.

Narrativamente, la escena cumple varias funciones. Refuerza la idea de que la tierra prometida se obtiene por mandato divino, legitima el liderazgo de Josué tras Moisés y establece un modelo teológico claro: la obediencia absoluta produce la victoria, incluso frente a fortificaciones aparentemente inexpugnables.

Desde el punto de vista histórico y arqueológico, el relato no se corresponde de forma directa con las evidencias conocidas en Tell es-Sultan. Las murallas monumentales existieron (antes del SXVI a.C.), pero en periodos anteriores al marco cronológico tradicional del texto bíblico (que tendría lugar entre 500 y 1000 años después). Por ello, muchos investigadores interpretan la escena como un relato teológico y simbólico, construido a partir de la memoria de una ciudad antigua y poderosa, más que como una crónica literal.

El origen de todo, la Fuente de Eliseo

La Fuente de Eliseo, conocida también como ʿAin es-Sultan, es el auténtico corazón de Jericó. Sin ese manantial permanente en medio del valle del Jordán, ni Tell es-Sultan ni la ciudad posterior habrían existido.

Fuente de Eliseo

Es una surgencia natural de agua dulce que brota de forma constante al pie de la colina. En una región árida, con temperaturas extremas y escasas lluvias, disponer de agua continua significaba agricultura estable, excedente y, por tanto, asentamiento permanente. Por eso Jericó no es una casualidad geográfica: es una ciudad que nace del agua.

El nombre “Fuente de Eliseo” proviene del episodio bíblico narrado en el Segundo Libro de los Reyes (2 Reyes 2:19-22). Según el relato, las aguas del lugar eran consideradas insalubres y el profeta Eliseo las “purificó” arrojando sal en el manantial. A partir de entonces, el agua quedó sana y fértil. Más allá del elemento milagroso, el texto refleja una realidad: el control del agua era sinónimo de supervivencia y legitimidad espiritual.

Desde el punto de vista histórico, el manantial permitió el desarrollo de uno de los primeros sistemas agrícolas irrigados conocidos. Canales y pequeñas infraestructuras conducían el agua hacia huertos y palmerales. Jericó fue famosa durante siglos por sus dátiles y, en época romana, por el cultivo del bálsamo, producto extremadamente valioso.

Hoy el entorno sigue siendo verde en contraste radical con el paisaje desértico que lo rodea. Esa franja de vegetación explica por qué Jericó es llamada a menudo “la ciudad de las palmeras”. La fuente es la razón por la que Jericó pudo ser una de las ciudades más antiguas del mundo y mantenerse habitada durante milenios; el origen de todo.

El cercano Monte de la Tentación (sigamos con las referencias bíblicas)

El Monte de la Tentación, conocido también como Monte de la Tentación o Jabal al-Qarantal, se eleva abruptamente al oeste de Jericó, dominando el oasis desde una ladera árida y escarpada. Su silueta es inconfundible: una pared rocosa que parece surgir del desierto como una frontera entre lo fértil y lo ascético.

Monte de la Tentación

Su importancia es principalmente bíblica. Según los Evangelios (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13), tras su bautismo en el Jordán, Jesús se retiró al desierto durante cuarenta días de ayuno, donde fue tentado por el diablo. La tradición cristiana sitúa ese episodio en una cueva en esta montaña. De ahí el nombre “Quarantania” (de quaranta, cuarenta en latín), en referencia a los cuarenta días.

En la ladera se encuentra el Monasterio de la Tentación, un complejo ortodoxo griego construido parcialmente incrustado en la roca. La vida monástica en este lugar se remonta al periodo bizantino, cuando los primeros eremitas buscaban aislamiento extremo en cuevas naturales. El edificio actual, de finales del siglo XIX y principios del XX, conserva esa atmósfera suspendida entre piedra y silencio.

Monte de la Tentación desde las calles de Jericó

Más allá de la tradición religiosa, el monte ha sido durante siglos un punto de retiro ascético. Su geografía abrupta favorecía la vida solitaria, lejos de las rutas principales, pero visualmente dominante sobre el valle.

Otros episodios bíblicos en las proximidades de Jericó

En el Nuevo Testamento, Jericó fue escenario del paso del Mesías en varias ocasiones. La carretera que conducía a la ciudad fue el lugar de la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10, 30). También la atravesó Jesús en su último viaje a Jerusalén donde se detuvo en casa del rico publicano Zaqueo (Lc. 19, 1-9), además fue aquí donde le devolvió la visión al ciego (18, 35-43 par).

FAQS de Jericó

¿Es Jericó realmente la ciudad más antigua del mundo?
Jericó es uno de los asentamientos más antiguos conocidos con ocupación continua desde el Neolítico, alrededor del 10.000 a.C. No es la única ciudad antigua del mundo, pero sí una de las primeras comunidades urbanas documentadas arqueológicamente.

Jericó, una de las ciudades más antiguas de la historia

¿Dónde estaba la Jericó bíblica?
La Jericó más antigua se encontraba en Tell es-Sultan, un montículo arqueológico junto al manantial del oasis. Sin embargo, la ciudad actual está situada en otra zona cercana del oasis.

¿Coincide la caída de las murallas con la evidencia arqueológica?
No exactamente. Las grandes murallas de Jericó existieron, pero en periodos anteriores al momento en que tradicionalmente se sitúa el relato bíblico. La mayoría de arqueólogos interpretan la escena como un relato teológico más que como una crónica histórica literal.

¿Qué importancia tuvo la Fuente de Eliseo?
El manantial conocido como ʿAin es-Sultan fue clave para el nacimiento y desarrollo de Jericó. En un entorno desértico, disponer de agua permanente permitió agricultura, excedentes y estabilidad urbana durante milenios.

¿Se puede visitar hoy el yacimiento arqueológico?
Sí. Tell es-Sultan es visitable y permite recorrer restos de murallas, estructuras neolíticas y diferentes estratos históricos. Además, se puede subir al Monte de la Tentación y visitar el monasterio situado en su ladera.

Mapa de Jericó

A continuación Visita al Mar Muerto: experiencia en Kalia Beach, historia y claves prácticas.