Llegamos a la capital tunecina con más de dos horas de retraso, pasada la medianoche. Tunisair es una de las compañías que más vuelos directos ofrecen, en particular, desde mi ciudad Madrid. Sin embargo, parece que el retraso en los vuelos es algo más común de lo normal, por lo que id prevenidos y que no os empañe una maravillosa estancia en Túnez. En mi caso, al ir con dos niñas pequeñas, el reto es mucho mayor ya que no solo estamos afectando que salgan de su zona de confort una semana entera, sino que alteramos sus ritmos de día y de noche.
Como solemos hacer año tras año, fuimos a la Feria Internacional de Turismo porque nos brinda la oportunidad de conocer a agencias locales que hacen un esfuerzo para viajar a España y dar a conocer sus servicios. Aquí es donde conocimos a Nebil, director de la agencia Marysol Tours, que nos acabó haciendo un viaje a medida de una semana de recorrido por el país norteafricano, adaptado a una familia con dos niñas pequeñas (de 8 meses y de casi 3 años), y que hubiera firmado cualquier recorrido organizado para adultos, en cuanto a exigencia.
Túnez Ciudad: 3.000 Años de Historia en un Solo Paseo
A la mañana siguiente, y después de una noche un poco más corta de lo que me hubiera gustado, teníamos una ajetreada agenda que consistía en visitar (i) Túnez capital con su colorida medina como punto más importante, (ii) los históricos restos de la Cartago romana, y (iii) el colorido y mundialmente famoso pueblo de Sidi Bou Said.
Una Ciudad que es, en realidad, varias Ciudades a la vez
Hay destinos que se visitan y destinos que se leen por etapas. Túnez capital pertenece a la segunda categoría. Caminar por su medina es avanzar por capas geológicas de civilización: desde los fenicios, pasando por los romanos, vándalos, árabes, otomanos, franceses… cada uno dejó algo antes de marcharse —o antes de que los echasen.
El nombre de la ciudad tiene orígenes inciertos: puede derivar de la deidad fenicia Tanith, o de la raíz bereber ens, que significa «caer». Un nombre ambiguo para una ciudad que siempre fue territorio en disputa.
De Cartago a Roma — El Peso de los Vencedores
La región fue habitada en su origen por tribus bereberes y sus costas fueron ocupadas por los fenicios a inicios del siglo X a.C. La ciudad de Cartago fue fundada en el siglo IX a.C. por colonos venidos de Tiro, que expandieron su influencia sobre Sicilia, Iberia y otras zonas del Mediterráneo occidental.
Pero Cartago, la gran rival de Roma, no sobrevivió a su propio esplendor. Su derrota ante Roma en el siglo II a.C. supuso su destrucción casi total, aunque aún se pueden visitar el puerto (o más bien la estructura que queda del puerto) y la ciudad púnica de Byrsa, además todavía se cuentan testimonios de esta civilización en el Museo Nacional de Cartago. Pequeños detalles que aún conservamos de esta extraordinaria civilización, y que, personalmente, te saben a poco porque comparado con otras civilizaciones de la antigüedad, de los cartaginenses conservamos realmente poco, teniendo en cuenta la huella que dejaron en la historia.
Lo que muchos viajeros ignoran es que los propios romanos, lejos de abandonar el lugar, quedaron seducidos por él. Levantaron sobre sus ruinas una nueva capital desde la que gobernar la provincia de Afriquiya. El anfiteatro de El Djem —a pocas horas en coche y que visitaremos más adelante— es el tercero más grande del mundo tras el Coliseo, prueba de la magnitud de esa presencia.
La Era Árabe y el Esplendor Hafsí
Tras el paso de vándalos y bizantinos, llegó la transformación más duradera. Fueron necesarias varias conquistas para que los árabes consolidaran su dominio, y con los almohades, Túnez fue erigida definitivamente en capital en 1160. Fue con la dinastía hafsí (1230-1574) cuando la ciudad alcanzó los 100.000 habitantes y su mayor esplendor cultural y religioso. Túnez se fue convirtiendo en el mayor centro comercial del Magreb, visitada por mercaderes procedentes de todo el Mediterráneo.
Una de las figuras intelectuales más importantes de la historia universal es justamente de este periodo: Ibn Jaldún, nacido en la ciudad en 1332, historiador y filósofo, considerado el padre de la sociología.
La Mezquita Zitouna — El Corazón que Sigue Latiendo
La medina, casco histórico de la capital, fue designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1979. Su vida se organiza en torno a la gran mezquita Zitouna —«aceituna» en árabe—, levantada en el siglo IX y una de las primeras construidas en el Magreb. Lo detallaremos más adelante.
Otomanos, Andalusíes y la Huella Española
Pocos viajeros españoles saben que Túnez guarda una deuda con la Península Ibérica. A lo largo de la historia, la ciudad recibió parte de los andalusíes (tanto judíos como moriscos) expulsados por los Reyes Católicos. Recordemos que la expulsión de los moriscos ejecutada entre 1609 y 1614, fue la deportación forzosa de cerca de 300,000 conversos al cristianismo (descendientes de musulmanes) hacia el norte de África. La expulsión de los judíos fue con anterioridad, en 1492, y muchos de ellos también se asentaron en distintos enclaves del Norte de África, incluido Túnez.
Esta emigración andaluza, en la que se mezcla lo popular, lo intelectual y lo artesano, contribuyó a dar a la cultura de Túnez una impronta particular, celosísimamente conservada hasta hoy. Como veremos más adelante en este artículo, en ciertos patios, azulejos y ornamentos de la medina, estaremos viendo el eco de al-Ándalus.
El Protectorado Francés y la Independencia (1881-1956)
Tomando como pretexto unos incidentes fronterizos con Argelia, Francia ocupó Túnez en 1881 y estableció un protectorado colonial en 1883, conservando la figura del bey.
La resistencia se articuló en torno al movimiento Neo-Destur, liderado por Habib Burguiba. El 20 de marzo de 1956, Francia reconoció la independencia mediante la abolición del Tratado del Bardo. El 25 de julio de 1957, la Asamblea proclamó la república con Burguiba como jefe de Estado.
Tras la independencia, Túnez se convirtió en capital oficial del país. En 1979, la Liga Árabe movió su sede a la ciudad desde El Cairo, tras la firma del tratado de paz entre Egipto e Israel.
Sin duda podemos ver la impronta de la influencia francesa en ciertos barrios más afrancesados de la ciudad, con cartelería en francés y arquitectura que recuerda a París
La Ciudad Hoy — Entre la Modernidad y lo Clásico
La Túnez actual es una ciudad de más de dos millones de habitantes en su área metropolitana. La capital mezcla antiguos zocos árabes, mezquitas y modernos edificios de oficinas, formando una de las ciudades más animadas y atractivas de la región.
La Ville Nouvelle y la Medina de Túnez: Dos Ciudades en Una
Hay una frontera invisible en Túnez capital que no aparece en ningún mapa pero que cualquier viajero cruza sin remedio. Se llama Bab el-Bhar, la Puerta de Francia, un arco de piedra situado donde antes estaba la muralla de la ciudad antigua (se traduce como Puerta del Mar, porque justo ahí estaba la entrada al mar). Hoy simboliza el paso entre dos mundos: al cruzarla se deja atrás el laberinto de callejuelas de la medina para entrar en la ciudad moderna. Dos pasos con trece siglos de diferencia.
La Ville Nouvelle: París con Sombra de Jazmín
La ciudad moderna, o Ville Nouvelle, se alcanza al cruzar la mencionada Bab el-Bhar. Está atravesada por la gran Avenida Bourguiba —considerada por algunos (con distancia) como los Campos Elíseos tunecinos—, cuyos edificios de estilo colonial de principios del siglo XX contrastan con la arquitectura árabe de la ciudad antigua.
La comparación con los Campos Elíseos es, en parte, un recurso cómodo de las guías de viaje. Pero tiene algo de verdad. El viajero respira la holgura vital del barrio francés entre terrazas, comercios de toda clase, fachadas art nouveau y art déco, y embajadas, aunque con un punto decadente que te hace pensar en otros tiempos mejores. Sin embargo, mantiene el encanto y es aconsejable su recorrido.
La Avenida Bourguiba — El Pulso de la Ciudad
La avenida Bourguiba es una avenida llena de vida, con cines, tiendas, quioscos de prensa y cafeterías. Fue precisamente aquí donde se produjeron las principales manifestaciones del golpe del 14 de enero de 2011. Pasear por ella es, pues, pisar historia reciente además de historia colonial.
En su recorrido destacan tres hitos que no conviene saltarse:
El Teatro Municipal — Inaugurado en 1902 durante el protectorado francés, sigue siendo uno de los pilares culturales de la capital. Con su fachada ricamente ornamentada, es sede de la Orquesta Sinfónica Tunecina y acoge conciertos internacionales.
La Catedral de San Vicente de Paúl — Situada en la Plaza de la Independencia, fue inaugurada en 1897 y su arquitectura combina elementos neorrománicos, neogóticos y bizantinos. Aunque la comunidad católica en Túnez es reducida, sigue activa y representa un interesante contraste religioso en un país de mayoría musulmana. Frente a ella, y con cierta ironía urbanística, se alza una estatua de Ibn Jaldún: el mencionado gran pensador árabe medieval mirando a la iglesia colonial.
El Hotel Lac — Esto es para los amantes de la arquitectura original. Un edificio brutalista de los años 70, abandonado, que se convirtió en uno de los iconos involuntarios de la ciudad. No suele estar en los itinerarios más turísticos.
Nosotros pernoctamos esa noche en el corazón del barrio francés, en el Hotel Tiba, un cómodo y adecuado alojamiento para abarcar lo más interesante de Túnez capital: la Ville Nouvelle y la Medina.
La Medina: El Laberinto que Te Atrapa
Si la Ville Nouvelle es la Túnez que los franceses quisieron construir, la medina es la que ningún invasor consiguió borrar del todo.
A diferencia de otras medinas africanas, la de Túnez se ha mantenido invariable, sin restauraciones ni reconstrucciones de ningún tipo. En su interior pueden verse hasta 700 monumentos dignos de mención en un espacio de casi tres kilómetros cuadrados: palacios, mezquitas, mausoleos y fuentes, todos construidos a partir del siglo VIII.
Lo que hace única a esta medina es su fusión de influencias árabes, bereberes, andalusíes y otomanas, reflejada en su arquitectura y en su vida cotidiana. Es un barrio habitado por miles de personas que mantienen vivas sus tradiciones.
La Mezquita Zitouna — El Centro del Centro
Todo en la medina gira alrededor de ella. La Gran Mezquita Zitouna destaca con su minarete cuadrado de influencia ifriqiyya y su vasto patio hipóstilo con 160 columnas de mármol reciclado de sitios romanos (algo parecido veremos en la Gran Mezquita de Kairuán).
El bello templo en el corazón de la medina está abierto al público no musulmán por la mañana hasta la oración del doher. Desde el patio se observa la sala de oraciones, envuelta en un luminoso silencio y que forma un sobrio escenario de arcadas blancas que curvan el espacio.
Los Zocos — Una Geografía del Comercio
Los zocos de la medina no son caóticos: tienen una lógica antigua y precisa. La mayoría fueron construidos durante la dinastía hafsí, en el siglo XIII, y se organizan cerca de la Mezquita Zitouna. Cuanto más cerca de la mezquita, más noble el oficio: perfumería, joyería, seda. Cuanto más alejado, más utilitario: herrería, cuero, especias. Me llamó por ejemplo, una tienda especializada en sillas de caballos.
El Souk El Attarine —de los perfumistas— es el más evocador. Sus arcos ojivales y bóvedas nervadas enmarcan tiendas donde el producto estrella son los aceites de jazmín, la flor más representativa de la ciudad, y por extensión, del país.
Para tomarse un pequeño descanso, el Souk Café es la más famosa cafetería de la medina, donde merece la pena tomarse un respiro, comer algo rápido y disfrutar de un café turco. Para nosotros, fue un alto necesario en el camino para dar de comer y cambiar a las bebés. El espacio por dentro es tranquilo, servicial y decorado. Es curioso el original y estrecho acceso a una de las cafeterías más conocidas de Túnez.
El Barrio Andaluz – un espejo de Al-Ándalus
Muy cerca de los zocos se encuentra el barrio andalusí. Ciertamente, es una zona dentro de la medina que te recuerda a la famosa región española, y ello es debido, principalmente, a que fue uno de los destinos favoritos de los judíos y moriscos tras sus expulsiones del Reino de España en el SXV y SXVII. Los nuevos huéspedes se asentaron aquí y recrearon su Andalucía natal, que terminó generalizándose.
Las casas son blancas y de colores pastel, existen patios andaluces, puertas macizas, flores, decorados. No sé cómo expresarlo exactamente para recrear en este texto las partes más clásicas de Andalucía, por lo que recomiendo encarecidamente su recorrido para poder vivirlo.
Entramos en un chateau muy colorido, que actualmente lo utilizan como banquete de bodas. Sin duda, es un lugar ideal para celebrar tu boda viviendo en Túnez. También entramos en una perfumería: tienda típica de los países musulmanes, donde adquirimos algunos aceites originales y otras imitaciones de algún perfume famoso o eso querían hacernos creer.
Las puertas son auténticamente fantásticas, una obra de arte de pintura y decoración. Tanto es así, que son un símbolo de la ciudad, y que puedes observarlas reproducidas en postales e imanes. Cabe destacar que normalmente puertas tienen tres aldabas, a distintas alturas y con un sonido diferente al chocar con la puerta. Eso se debe a que una está pensada para hombres, otra para mujeres, y otra más bajita para los niños. Si pintas la puerta de amarillo, ello demuestra que tienes dinero y que has cumplido con todos los deberes religiosos, incluida la peregrinación a La Meca.
Muy cerca de allí, casi saliendo de la medina nos encontramos con la Mezquita El-Ksar, del SXII, con minarete reconstruido en 1647 y designado como edificio histórico en 1912. Aquí lo curioso es el nombre, donde El-Ksar derivará en español como “alcázar” que se referirá a dicha construcción fortificada.
Los Alminares como Brújula
Perderse en la medina es inevitable. Orientarse, también posible. Los alminares de planta cuadrada delatan origen árabe, mientras que los octogonales, más estilizados, son otomanos. Leer la ciudad a través de sus torres es una forma de entender quién mandó y cuándo.
Las Madrasas — El Silencio Estudiado
Las madrasas eran edificios destinados esencialmente a acoger estudiantes: celdas para el alojamiento, locales para las clases y una sala para el rezo. Sencillez, sobriedad y delicadeza caracterizan su arquitectura. La más hermosa es probablemente la Madrasa Slimaniya, construida en 1754 cerca de la mezquita de Al-Zaytuna.
El ayuntamiento de Túnez y la Plaza de la Kasbah
De salida de la Medina, pasamos con el coche y lo vimos brevemente pero me gustaría comentar estos dos lugares.
La Plaza de la Kasbah (Place de la Kasbah) es un espacio público monumental situado en el corazón de Túnez, justo en la entrada oeste de la medina histórica, que actúa como el epicentro administrativo y político del país. Remodelada a finales de los años 80, esta enorme explanada pavimentada destaca por albergar el moderno edificio del Ayuntamiento de Túnez (Hôtel de Ville), inaugurado en 1988, además de la sede del Ministerio de Finanzas y la Oficina del Primer Ministro. Su diseño actual, que combina edificios administrativos de corte moderno con la histórica Mezquita de la Kasbah (con el alminar más alto de la ciudad), refleja el contraste entre tradición y modernidad tras la independencia de Túnez.
Preguntas Frecuentes
¿Es gratuita la entrada a la medina? La entrada es gratuita, ya que es un barrio abierto, aunque algunos monumentos como la Mezquita Zitouna cobran una pequeña tarifa para no musulmanes (alrededor de 5 TND).
¿Cuándo es mejor visitar la medina? Se recomienda visitar temprano por la mañana para evitar el calor y las multitudes. Usa calzado cómodo para los adoquines irregulares, lleva agua y respeta las costumbres locales cubriendo hombros y rodillas.
¿Es la medina de Túnez más auténtica que la de Fez o Marrakech? Comparada con otras medinas, la de Túnez es más accesible y menos turística, ofreciendo una autenticidad algo mayor. Menos vendedores agresivos, menos trampa para turistas, en principio.
Cartago: La Ciudad que Roma Intentó Borrar del Mapa
El tren que sale de Túnez capital hacia Cartago tarda unos veinticinco minutos. Es tiempo suficiente para pensar en la paradoja que te espera al llegar: vas a visitar los restos de una civilización destruida por Roma en el 146 a.C. con una saña tan deliberada que, dos mil años después, los historiadores aún debaten cómo era realmente aquella ciudad. La paradoja es fascinante: la civilización que Roma intentó borrar por completo es la que nos atrae aquí, pero casi todo lo que alcanzan a ver nuestros ojos es romano.
Eso es lo primero que hay que asumir antes de llegar: Cartago, tal como la conocemos hoy, es en gran parte la ciudad de los que la destruyeron.
Cómo Llegar — El TGM, la Mejor Opción
El tren suburbano TGM que sale de la estación Tunis Marine en el centro de la capital es la opción más fiable. Baja en las paradas ‘Carthage Hannibal’ o ‘Carthage Présidence’; desde ahí, los puntos de interés están a un paso. El trayecto dura unos 20-30 minutos.
Por nuestra comodidad, nuestros guías de Marysol Tours nos llevaron en una van. La logística con dos niñas pequeñas siempre es difícil con trasporte público, por lo que optamos por la opción más cómoda.
Un detalle que no está en muchas guías: el Palacio Presidencial está justo en medio de la zona arqueológica, y volar un dron ahí es buscarse problemas serios. E incluso si te encuentras en zona de ruinas y tomas una foto, está prohibido realizarla con dirección al palacio presidencial. Cartago es hoy, además de yacimiento, un barrio residencial de clase alta. Las villas con buganvillas y los restos de columnas romanas conviven con naturalidad.
La Colina de Byrsa — Donde Todo Empezó y Casi Todo Terminó
El primer punto de la visita, y el más estratégico en todos los sentidos, es la colina de Byrsa. El lugar más importante que visitar en Cartago es el corazón de la ciudad romana, la acrópolis de Byrsa, ubicada sobre la colina del mismo nombre. Desde allí hay unas magníficas vistas al golfo de Túnez: el mar, los tejados de La Goulette y los puertos púnicos.
Ver esa panorámica desde arriba es entender de golpe por qué aquí se fundó una civilización. Una bahía natural perfecta, visible desde la cima, con salida directa al Mediterráneo. La geografía como destino.
En la colina fue edificada en 1890, durante la colonización francesa, una imponente catedral católica de estilo árabe-neobizantino, la Catedral de San Luis. Otra capa más sobre las anteriores. En Cartago, cada siglo dejó algo encima del anterior.
Las Termas de Antonino — La Escala de un Imperio
Bajando de la colina hacia el mar aparece lo que muchos consideran la visita más impactante del yacimiento: las Termas de Antonino, construidas bajo los reinados del emperador Adriano y Antonino (145-162 AD). Las enormes columnas de estas termas (solo superadas por las de Caracalla y de Diocleciano en Roma) —un complejo termal romano del siglo II que llegó a superar los cinco pisos de altura— yacen derribadas entre la hierba silvestre.
Uno de los espacios mejor conservados de Cartago, en él aún se conservan algunos muros y túneles que son el mejor testimonio de la grandeza de la antigua Cartago.
Cubren una superficie equivalente a la de cuatro manzanos, por una longitud de 300 metros. Se desarrollan alrededor de la gran sala del frigidarium (22×47 metros) donde confluían dos recorridos simétricos e idénticos, dotados de apodypterium, el vestuario donde era posible desvestirse, palestra, gimnasio, piscina de agua caliente, destrictarium, donde con precisas rasquetas se limpiaba el cutis de ungüentos y sudor, calidarium y tepidarium, similares a la actual sauna y baño turco. Los recorridos simétricos obedecían a que había uno que se usaba en invierno, y otro de verano, por eso en el mapa del complejo se ven dos partes simétricas (son dos termas juntadas). Se usaba una u otra dependiendo de la orientación al sol.
Del tepidarium se pasaba al frigidarium, el punto central de toda la estructura y luego se podía acceder aún a una piscina descubierta donde era posible andar. Quien disfrutaba de las termas podía decidir realizar el recorrido completo o bien abreviarlos según sus preferencias. La estructura estaba condicionada para recibir diariamente a miles de personas. Lo que hoy en día podemos apreciar es, sobre todo, la parte subterránea, donde se encontraban amplios depósitos para el combustible, la leña o el carbón, que se usaba para producir vapor que calentaba el calidarium,
En el centro del complejo despunta una columna de 30 metros de altura, indicando el punto donde se encontraba el frigidarium.
Detrás de las termas, el Mediterráneo. El contraste entre esas columnas caídas y el azul del mar al fondo es una de las imágenes más icónicas del norte de Túnez.
De lo poco que se puede rescatar de restos prerromanos, es la necrópolis púnica de los siglos SVII-VI a.C., que se encuentra justo entrando al recinto de las Termas de Antonino, en la zona de Dermèch.
Los Puertos Púnicos — El Corazón Militar de un Imperio Marítimo
Aquí es donde la visita da un giro hacia algo más íntimo y más perturbador a la vez. Los puertos púnicos no son ruinas espectaculares. Son dos lagunas tranquilas, casi modestas, rodeadas de vegetación. Y sin embargo, fueron el motor de la potencia más temida del Mediterráneo antiguo.
Los púnicos habían inventado un sistema portuario que les permitió mantener su poderío: un puerto externo antecedía a dos puertos internos. Uno rectangular, con canales de acceso, para la flota mercantil. El otro, circular y con una isla en el medio, invisible desde el puerto externo, albergaba las naves militares.
Esa invisibilidad era el truco. Los barcos de guerra estaban ocultos al enemigo que llegaba al puerto comercial. Una arquitectura diseñada para el engaño estratégico.
El lugar actual de la laguna circular tiene una superficie de unas ocho hectáreas. Apiano cita el término «cothon» para denominar estos puertos, palabra de origen semítico que designa una dársena artificial creada por la mano del hombre.
Hoy, mirando esas lagunas silenciosas, resulta difícil imaginar los 220 quinquerremes —barcos de cinco filas de remeros— que según las fuentes antiguas llegaron a caber aquí.
Preguntas Frecuentes sobre Cartago
¿Cuál es la mejor época del año para ir? La primavera, de marzo a mayo, es ideal: el calor es llevadero, la hierba crece entre las ruinas y las flores silvestres tapizan el paisaje. En verano, el sol castiga sin piedad; si vas en julio o agosto, llega a las 08:00 o después de las 17:00.
¿Qué visita merece más la pena? Si solo tienes dos horas, prioriza las Termas de Antonino y los Puertos Púnicos. Son lo más visualmente impactante y lo que mejor resume las dos Cartagos —la romana y la fenicia— que conviven en el mismo suelo.
¿Está bien señalizado el yacimiento? No especialmente. Es muy fácil visitarlo por libre, pero en verano el calor en Túnez es abrasador. Una recomendación, dada también la cantidad de cuestas que tiene la ciudad, es coger un taxi local y que te lleve de un lugar a otro.
Reflexión Final
Hay algo profundamente melancólico en Cartago. No porque esté en ruinas —todas las ciudades antiguas lo están— sino porque su destrucción fue un acto de voluntad. Roma no la abandonó: la arrasó y luego construyó encima, como si quisiera asegurarse de que nadie pudiera recordarla bien.
Y sin embargo, aquí seguimos, dos mil años después, buscando sus huellas entre las columnas del enemigo que la enterró.
Cartago: Auge y Destrucción de la Ciudad que Desafió a Roma
El Origen — Una Reina Fugitiva y una Piel de Buey
La historia de Cartago comienza con una leyenda que dice más de lo que parece. La fundación de Cartago se atribuye a la reina fenicia Dido, también conocida como Elissa. Según la tradición, Dido huyó de su ciudad natal, Tiro, después de la muerte de su esposo a manos de su propio hermano, el rey, que quería reforzar su poder.
Llegó a la costa del norte de África y negoció con los habitantes locales la compra de un terreno en el que éstos accedieron a otorgarle la superficie de terreno que consiguiera delimitar con una piel de buey. Con una astucia célebre, mandó cortar una piel de buey en finísimas tiras, logrando delimitar una superficie mucho mayor de la esperada. En ese lugar se levantó la acrópolis de Cartago. El nombre Byrsa significa precisamente «piel de buey».
Más allá del mito, lo que la arqueología confirma es que desde sus inicios Cartago no fue una colonia aislada. Colonos e indígenas compartieron espacios urbanos y posiblemente también ámbitos religiosos. En necrópolis de núcleos púnicos tunecinos se han encontrado epitafios con nombres fenicios, líbicos, griegos e itálicos, reflejo de una sociedad mestiza desde el principio. Una ciudad que nació ya mezclada.
La fecha más aceptada por los historiadores para su fundación es en torno al 814-813 a.C., cuando colonos fenicios procedentes de Tiro establecieron el asentamiento en la bahía que hoy domina la capital tunecina.
De Colonia a Imperio — El Ascenso de la Primera Potencia Marítima
A principios del siglo III antes de nuestra era, Cartago controlaba la mayor parte del litoral africano desde el actual golfo de Sidra hasta Gibraltar, además de colonias en Hispania, Cerdeña, Córcega y el oeste de Sicilia.
Cartago era un poderoso estado comercial, no un estado conquistador, con un gran imperio basado en sus colonias exteriores. Su armada no tenía rival en la época, aunque su ejército permanente en tierra no era tan potente.
Los cartagineses practicaban además una agricultura muy avanzada: arados de hierro, irrigación, rotación de cultivos, molinos rotatorios. Inventaron incluso el trillo y el molino halado por caballos.
Y entonces apareció Roma. Dos repúblicas. Dos modelos de poder. Un solo Mediterráneo.
Cartago no dejó textos que hayan llegado hasta nosotros y su memoria se conserva en fragmentos, en restos materiales o en inscripciones dispersas. La arqueología es muy limitada, porque no nos cuenta historias.
Las Guerras Púnicas — Cien Años para Decidir el Mundo
Antes del conflicto, Cartago había pasado de ser un pequeño puerto de escala a la ciudad más rica y poderosa de la región mediterránea. A través de un tratado con la pequeña ciudad de Roma, prohibía el comercio romano en el Mediterráneo occidental y, como Roma no tenía armada, podía aplicar fácilmente el tratado. Los papeles, sin embargo, estaban a punto de invertirse.
Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) — Roma Aprende a Navegar
La chispa fue Sicilia, esa isla que siempre ha sido el centro de gravedad del Mediterráneo. El gobernador de Siracusa entró en guerra contra Mesina. Cartago apoyó militarmente a Siracusa y Roma hizo lo propio con Mesina. Fue el inicio de las guerras púnicas.
El problema de Roma era evidente: nunca había tenido una armada antes de la primera guerra púnica. Su respuesta fue tan audaz como pragmática: construyó cien barcos en menos de dos meses, copiando el diseño de un quinquerremes cartaginés capturado. Añadió un invento propio —el corvus, un gancho de abordaje— que convertía los combates navales en batallas terrestres, terreno en el que Roma era superior.
Cartago pudo haber terminado con la ambición de Roma, pero pecó de exceso de confianza y dejó de enviar suministros a su general Amílcar Barca. El general cartaginés tuvo que detener sus ataques, lo que permitió a Roma recuperarse. Los romanos lograron el triunfo definitivo en el año 241 a.C. en la batalla naval de las islas Egadas. El tratado resultante fue duro para Cartago: devolución de prisioneros, evacuación de Sicilia y el pago de una cuantiosa indemnización.
Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) — Aníbal Cruza los Alpes
Esta es la guerra que entró en el imaginario colectivo de Occidente. Y con razón. Al mando de los cartagineses se encontraba el general Aníbal Barca, considerado uno de los mejores estrategas militares de la historia. Aníbal desoyó las amenazas de Roma y condujo su ejército hacia el norte de Hispania con el objetivo de invadir Italia.
Lo que siguió es una de las campañas militares más extraordinarias de la Antigüedad: un ejército con elefantes de guerra cruzando los Alpes en pleno invierno, descendiendo sobre la península itálica por sorpresa. En esta campaña que duró trece años, el general cartaginés logró grandes victorias, como en el lago Trasimeno o en Cannas. Sin embargo, no logró tomar la ciudad de Roma.
Aníbal ganó todas las batallas. Perdió la guerra. El error fue no tener apoyo logístico suficiente desde Cartago —la misma institución que había fallado a su padre Amílcar— y no comprender que Roma no era solo una ciudad: era una idea capaz de absorber derrotas y seguir adelante. La batalla de Zama, en el año 202 a.C., significó la victoria definitiva de Roma. Cartago fue condenada económicamente, privada de su flota y confinada a un área restringida.
Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.) — La Guerra Que No Tenía Por Qué Existir
La tercera guerra púnica fue realizada por motivos económicos: Cartago, a pesar de su derrota, era una gran competencia en el comercio del Mediterráneo.
El senador Marco Porcio Catón —conocido como Catón el Viejo— terminaba cada discurso en el Senado romano, hablase de lo que hablase, con la misma frase: Carthago delenda est. Cartago debe ser destruida.
Una embajada romana en Cartago hizo la demanda que incluía la estipulación de que Cartago debía ser desmantelada y reconstruida tierra adentro. Los cartagineses, comprensiblemente, la rechazaron.
El Asedio y la Destrucción — El Final de una Civilización
Más allá de las excelentes defensas de Cartago, la tercera guerra púnica se alargó por las mediocres primeras campañas romanas. Los frustrados intentos de penetrar en las murallas se repitieron durante meses. Solo lograron abrirlas una vez gracias a dos enormes torres móviles de asedio, pero los púnicos consiguieron repeler el ataque, reparar los desperfectos e incendiar las torres.
El hombre que cambió el rumbo fue Escipión Emiliano, nieto adoptivo del vencedor de Aníbal. Su estrategia fue simple y brutal: aislar completamente por tierra y por mar a la ciudad, impedir que le lleguen refuerzos y suministros y esperar que el hambre hiciera mella en los asediados.
En la primavera de 146 a.C., las máquinas de asedio y los zapadores romanos habían dejado las murallas del puerto a punto de derrumbarse. Asdrúbal, el general cartaginés, dio por perdida esa zona e incendió los muelles y el barrio portuario para dificultar el avance romano.
La ciudad resistió seis días de combate casa por casa, calle por calle. El relato que nos ha llegado es atroz. Los últimos defensores se refugiaron en el templo de Eshmún, en la ciudadela de Byrsa. Asdrúbal llegó a rendirse y a pedir misericordia. En ese momento, su propia mujer salió con sus dos hijos, insultó a su marido por su cobardía, sacrificó a los niños y saltó con ellos al fuego que los desertores habían comenzado. Los desertores, consternados, se arrojaron también a las llamas.
“Que los dioses de Cartago se venguen de este Asdrúbal, que ha traicionado a su patria y a sus templos, que me ha traicionado a mí y a sus hijos, y que tú, romano, seas su instrumento”
Mujer de Asdrúbal
Escipión ordenó a las legiones destruir totalmente la ciudad hasta los cimientos. Lo que quedó fue ceniza y piedra. Curioso que el mismo año 146 a.C. también fuera destruida la mítica y antigua Corinto, otro centro fundamental de un antiguo enemigo, como fuera otrora la civilización griega.
El Mito de la Sal — Lo Que No Ocurrió (y Por Qué Importa)
Casi todo el mundo ha oído que los romanos sembraron de sal el suelo de Cartago para que no volviera a crecer nada. Es una imagen poderosa. Y es casi con total seguridad falsa.
Ninguna fuente clásica menciona que los ejércitos de Escipión Emiliano sembraran con sal el suelo cartaginés. El historiador R.T. Ridley refutó ya en los años 1980 esta tesis, argumentando que no aparece referenciada por ninguno de los historiadores clásicos.
El mito moderno de que las fuerzas romanas sembraron las ruinas con sal no tiene base en los hechos históricos.
El Legado — La Civilización Que Roma No Pudo Borrar del Todo
La derrota aplastante de Cartago supuso un punto de inflexión que provocó que el conocimiento de las antiguas civilizaciones mediterráneas pasara al mundo moderno a través de Europa en lugar de África. Es una observación que merece detenerse: si Cartago hubiera ganado, la historia de Occidente habría sido otra. Fundamentalmente otra, ya que conocemos su historia a través de los vencedores romanos (básicamente las Historias de Polibio, una fuente que está con el conquistador).
Y sin embargo, el emperador Augusto inició la reconstrucción de Cartago poco más de un siglo después, con el nombre de Colonia Julia Cartago. La ciudad prosperó rápidamente, se convirtió en el granero del imperio y más tarde se convirtió en un importante centro espiritual cristiano. San Agustín estudió aquí. Tertuliano nació en estas tierras. El lugar que Roma intentó borrar se convirtió en uno de los focos del pensamiento cristiano primitivo.
Incluso los vencedores terminaron volviendo.
Sidi Bou Said: El Pueblo que Decidió Ser Solo Azul y Blanco
Después de las ruinas de Cartago, Sidi Bou Said llega como una exhalación. Subes por la colina, doblas una esquina y de repente el mundo se reduce a dos colores: el blanco de la cal y el azul de las puertas. Todo lo demás desaparece.
De callejuelas estrechas, casitas blancas con puertas pintadas en azul que miran al mar. Los gatitos perezosos se dan baños al sol en tejados, ventanas y portales. Hay tiendas con artesanías, paredes cubiertas de coloridas alfombras, cafés donde señores locales saborean un té a la menta mientras charlan de la vida.
Es fácil —demasiado fácil— quedarse en la superficie. Hacer las fotos, tomar el té, comprar una jaula decorativa y marcharse con la sensación de haber visto algo bonito. Pero Sidi Bou Said tiene más capas que su pintura.
El Nombre, el Santo y el Sufismo
Su historia se remonta al siglo XIII, cuando Abu Said Ibn Khalef Ibn Yahia El-Beji, un imán de la mezquita Zitouna de Túnez que vimos anteriormente, se retiró a un pequeño pueblo de las afueras de la ciudad llamado Jebel El-Manar, “La Montaña de Fuego”, el pueblo presidido por el faro que alertaba de los acantilados del Cabo de Cartago. A su muerte, su tumba se convirtió en lugar de peregrinación y fue creciendo un pueblo a su alrededor, denominado así para preservar su recuerdo.
Fue apodado “Maestro de los Mares” por la protección que los marineros que navegaban cerca del sitio pensaban que estaban recibiendo de él. Un pueblo que nació como lugar de retiro espiritual, que pasó a ser refugio de aristócratas, que se convirtió en imán de artistas, y que hoy recibe turistas de todo el mundo. Cada época lo usó para algo distinto.
¿Sabías qué?
Entre 1535 y 1574, Carlos V mantuvo allí una guarnición española de la que formó parte Cervantes antes de escribir su Quijote.
El Barón que Eligió el Azul — y lo Convirtió en Ley
La paleta de colores de Sidi Bou Said no es ancestral ni espontánea. Es el resultado de la decisión de un hombre.
El barón franco-británico Rodolphe d’Erlanger aprobó el decreto del 28 de agosto de 1915. Esta ley, al mismo tiempo que garantizaba la protección del pueblo, imponía a todos los habitantes pintar y mantener sus casas de blanco y azul, y prohibía cualquier construcción anárquica. D’Erlanger era pintor, orientalista y estudioso de la música árabe y del Magreb.
Sidi Bou Said se hizo popular gracias al barón, que se construyó en 1912 un espectacular palacio que motivó a tunecinos de dinero a convertir este pueblo en su lugar favorito de veraneo.
Una nota práctica no menor: el azul se usa porque repele a los insectos, y en gran parte del norte de África esta tradición está extendida. La estética tiene una función.
El Palacio Ennejma Ezzahra — Música entre Mármoles
El edificio más monumental de Sidi Bou Said es el palacio Ennejma Ezzahra, residencia del barón d’Erlanger. Hoy es el Centro de las Músicas Árabes y Mediterráneas, donde se imparten conciertos. Con unos techos originales espectaculares, alberga una colección de instrumentos tunecinos. Si hay concierto el día que visitas, y vas con tiempo, no lo dudes.
La Luz que influyó en el Arte Moderno
Sidi Bou Said tiene un lugar en la historia del arte que va mucho más allá del turismo. En abril de 1914 —cinco meses antes de que estallara la Primera Guerra Mundial—, tres pintores alemanes y suizos llegaron a Túnez siguiendo la misma luz que había seducido a Kandinsky y a Matisse antes que a ellos.
Paul Klee, August Macke y Louis Moilliet llegaron a Túnez el 7 de abril de 1914. Viajaron en coche hasta Sidi Bou Said y Cartago. En el transcurso de apenas dos semanas, Klee creó cerca de 50 acuarelas y cientos de bocetos; Macke realizó 33 acuarelas y 79 dibujos.
Lo que ocurrió aquí le cambió la vida a Klee. Klee visitó Túnez y quedó impresionado con la calidad de la luz del lugar, por lo que escribió en su diario: “El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre.”
Macke pinta en Sidi Bou Said el Café des Nattes. Ese mismo café donde hoy los turistas toman su té con piñones. Macke sería llamado a filas pocos meses después. Cayó en combate en la Champaña francesa en septiembre de 1914. Lo que pintó en Túnez es su obra maestra.
El Café des Nattes y el Té con Piñones
No hay visita completa a Sidi Bou Said sin sentarse en el Café des Nattes. Este café fue lugar de tertulia de escritores como Simone de Beauvoir, Sartre, Oscar Wilde y Le Corbusier. La lista hay que tomarla con cierto escepticismo —no todos pasaron realmente por aquí—, pero la atmósfera es genuina: esteras de esparto en el suelo, vistas al Golfo de Túnez, música de fondo.
El té que se sirve aquí es el tunecino clásico: menta, piñones flotando en la superficie, dulzor intenso. No es una bebida para tener prisa. Nosotros por falta de tiempo tuvimos que pasar de largo.
Otro café cercano con unas vistas a la bahía impresionantes es el Café des Délices (Café Sidi Chabaane). Sin embargo, cuando lo recorrimos, había entrado justamente una neblina debajo de nosotros, estropeándonos las vistas.
Ambos cafés son muy turísticos y quizá algo masificados por lo que no esperes que sea un lugar genuino, con la mayor calidad y el mejor servicio.
No hay que abandonar el pintoresco pueblo sin probar un sabroso bambalouni, realmente delicioso si está recién hecho y muy parecido a los churros.
Las Puertas — El Museo al Aire Libre
Al igual que en la medina, en Sidi Bou Said hay una cosa que no debes dejar de hacer: fotografiar sus puertas. Cada una es diferente, de una belleza inigualable. Caminando entre sus calles encontrarás verdaderas obras de arte.
Las puertas de Sidi Bou Said son un lenguaje. Los clavos que las decoran no son decorativos: como en la medina, tienen raíces en la tradición árabe-andaluza que llegó con los moriscos expulsados de España. Las celosías de madera pintada —las mashrabiyas— permiten ver sin ser visto, un principio de privacidad que viene de siglos de arquitectura islámica doméstica. También tienen las características tres aldabas que antes comenté para según qué persona llamase a la puerta, debía de usar una u otra.
Cómo Llegar y Consejos Prácticos
Desde Túnez o desde el sitio arqueológico de Cartago puedes tomar la línea de tren suburbano TGM hasta Sidi Bou Said. El viaje toma aproximadamente 35 minutos desde Túnez. Después de las paradas en Cartago, Sidi Bou Said es la siguiente parada. Como destaqué anteriormente, nosotros fuimos acompañados con guía para ser más eficientes en el tiempo, y tener alguna ayuda con las bebés.
Algunos consejos que las guías no siempre dan:
La calle principal es, básicamente, un zoco turístico. No hay problema en recorrerla, pero el pueblo de verdad está en las callejuelas laterales. Piérdete en ellas. La diferencia es considerable.
Las tiendas tienen precios negociables, como en toda la medina. Aquí, personalmente, hay que reflexionar sobre el montante en cuestión, ya que unos pocos euros no suelen ser mucho para uno, pero puede ser algo considerable para el comerciante (ya contaré más adelante una anécdota con un vendedor en el sur de Túnez).
El pueblo es pequeño. Dos horas son suficientes para verlo todo con calma e incluso una hora si tienes algo de prisa.
Preguntas Frecuentes
¿Hay que pagar entrada a Sidi Bou Said? No. El pueblo es de acceso libre. Algunos monumentos concretos como el palacio Ennejma Ezzahra pueden tener una pequeña tarifa.
¿Es recomendable ir en verano? Lo ideal es subir por la calle principal hasta lo alto de la colina, donde se encuentran algunos miradores famosos. En verano hay más ambiente, pero también más turistas y más calor. La primavera y el otoño dan una versión más tranquila y más luminosa del pueblo.
¿Se puede combinar con Cartago en el mismo día? Perfectamente. Es el itinerario natural: tren desde Túnez, parada en Cartago, parada en Sidi Bou Said, regreso. Apenas hay 20 kilómetros de distancia entre la capital y Sidi Bou Said. Con una mañana en Cartago y una tarde en Sidi Bou Said tienes un día redondo.
Pausa para una agradable comida con vistas en un barrio tranquilo
Durante esta frenética jornada, pudimos hacer una pequeña pausa en el restaurante Les 3 Marins, en el vecino y tranquilo barrio de La Goulette, con vistas a la bahía de Cartago y los lagos interiores. Los menús en Túnez suelen incluir un primero que consiste en una ensalada o similar, el famoso brick como segundo y un tercero, que en este caso optamos por una dorada fresca.
El brick tunecino (o brik) es una especialidad gastronómica tradicional de Túnez, consistente en una fina empanadilla frita hecha con pasta malsouka (similar a la pasta filo) rellena, frecuentemente con huevo, atún, perejil y alcaparras. Es un entrante crujiente, ligero y muy popular, especialmente durante el Ramadán.





Deja una respuesta