Gante es una ciudad que no deja indiferente a nadie. Es un lugar mágico, un cuento de hadas hecho ciudad. Cuando envías fotos del casco histórico a algún amigo o compañero que no conoce esta ciudad, se cree que es IA, por lo absolutamente recargado del lugar, con grandes catedrales, iglesias, edificios gremiales, mezclando estilos medievales, góticos y barrocos. Es una oda al arte. Una ciudad museo donde puedes padecer el síndrome Stendhal. En mi opinión, junto con Florencia y Venecia, se trata de una de las ciudades que más sorprenden de Europa, y que siempre apetece volver.

Ya he podido visitarla unas 3 veces y siempre hay algún aspecto nuevo que te encandila y te hace querer volver de nuevo.
Por otro lado, Gante es una ciudad de más de 260.000 habitantes donde 60.000 de ellos son prácticamente estudiantes de universidad y escuelas superiores, con una ópera, un teatro, salas de concierto y hasta 17 museos.
Breve contexto histórico del nacimiento de Gante
Gante nace donde dos ríos se entienden: en la confluencia del Leie (Lys) y el Schelde (Escalda), un lugar al que durante siglos se aludió como “Ganda”. Hacia el año 630, el misionero San Amando eligió precisamente ese punto estratégico para fundar dos abadías (San Bavón y Sint Pieters), y alrededor de esos primeros centros religiosos empezó a cuajar la ciudad real, la de calles, oficios y mercados. En los siglos siguientes, esos núcleos —abadías, pequeños asentamientos y zonas de actividad— acabaron fusionándose para crear una urbe propiamente dicha.
A partir del año 1100, la ciudad entra en una fase que hoy todavía se percibe caminando por su centro: Gante se vuelve grande. Entre 1000 y 1550 fue una de las ciudades más importantes de Europa, con una población enorme para la época; y esa potencia venía de su pulso económico y de una sociedad urbana acostumbrada a defender sus privilegios. La clave fue el textil: el tejido dio dinero y estructura política. En una ciudad que vivía de transformar materia prima en riqueza, los gremios no tardaron en pedir voz, y cuando la consiguieron, la ciudad se fue haciendo “más de sus ciudadanos”.
En el siglo XIV aparece una figura importante: Jacob van Artevelde, un comerciante de paños que lideró el giro de Gante hacia Inglaterra cuando el acceso a materias primas se volvió una cuestión de supervivencia económica durante la Guerra de los Cien Años. Artevelde fue influyente, útil… y terminó asesinado por sus propios conciudadanos. Pero su huella quedó tan incrustada en el relato urbano que Gante aún se asocia a esa idea de ciudad independiente, incómoda para quien pretenda gobernarla desde un estamento superior.

Ese carácter volvió a ponerse a prueba en el siglo XVI, cuando la ciudad se enfrentó a Carlos V, curiosamente nacido y crecido sus primeros años en Gante. La revuelta de 1539–1540 fue, en esencia, un conflicto por impuestos y por autonomía. Carlos V entró con su ejército, reprimió la rebelión y humilló públicamente a los líderes: un episodio que la memoria popular convirtió en símbolo, y que explica por qué la ciudad arrastra fama de terca (en el mejor sentido).

En el mismo siglo XVI Gante vuelve a aparecer en primera línea por una razón distinta: la guerra de religión y la política de los Países Bajos. En 1576 se firma la Pacificación de Gante, un acuerdo entre provincias para expulsar tropas españolas y frenar la espiral de violencia y persecuciones religiosas.
Después llega un periodo largo de desgaste. Según la síntesis histórica local, Gante pierde su salida al mar, su economía empeora y su población se reduce de forma notable. Y aquí ocurre una paradoja que hoy agradecemos como viajeros: esa pérdida de centralidad contribuyó a que su corazón histórico se conservara mejor que en otras ciudades donde el “progreso” borró más de otras épocas para impregnarse de la moda del momento.

El giro vuelve en la segunda mitad del siglo XVIII y, sobre todo, en el XIX. Bajo administración neerlandesa, la ciudad gana una institución que todavía define su carácter: en 1817 se funda la Universidad de Gante. Y poco después llega una infraestructura decisiva para su futuro económico: el canal Gante–Terneuzen, construido en 1824–1827, que devuelve a la ciudad una conexión directa con el mar a través del estuario del Escalda occidental.

Y entonces Gante se transforma en una ciudad industrial, el corazón industrial de Flandes y pionera de la industrialización en el continente, especialmente en el textil. Lo interesante es que esta fase es que queda en la forma urbana, en barrios obreros, en antiguas fábricas reaprovechadas, y también en el nacimiento de movimientos sociales y sindicatos que aparecen precisamente donde la fábrica concentra vidas.
En 1913, justo antes de que Europa entrara en su tramo más oscuro, Gante quiso mostrarse al mundo en grande con una Exposición Universal. Luego llegaron las guerras mundiales, pero aquí ocurre algo que marca el “Gante de hoy”: la ciudad sufrió relativamente pocos daños por bombardeos, y por eso su patrimonio histórico ha llegado en muy buen estado hasta el presente.
Jornada en Gante y ruta sugerida para que uno pueda ver lo más relevante en un día
La Gante histórica se hace andando porque lo más relevante está en pocos km cuadrados. Toda la monumentalidad se concentra en solo unos pasos, lo que hace que el conjunto sea más impactante y estético a la vista del viajero.
Si viajas en coche, es muy recomendable dejarlo aparcado en Parking Reep y de ahí acceder a Sint-Baafsplein, el inicio y final de nuestro recorrido. Y empezar, por el plato fuerte, la Catedral de San Bavón.
Sint-Baafsplein, el inicio del recorrido, en lugar del nacimiento de Gante
Las huellas más antiguas en el centro de la ciudad se encuentran en las cercanías de la catedral de San Bavón. Los primeros habitantes se establecieron sobre una colina de arena elevada, protegida de la corriente de la marea del Escalda. Alrededor del año 600 d.C., como hemos descrito, se fundaron las abadías de Sint-Pieters y San Bavón, no lejos de aquí, sobre la orilla del río Escalda. Por esta razón, Sint-Baafsplein es especialmente apta para comenzar el recorrido.
La Catedral de San Bavón y el Retablo de la Adoración del Cordero Místico
En Mundok me gusta separar algunas visitas del itinerario principal cuando siento que, si las meto de pasada, pierden todo lo que las hace especiales. En Gante me pasa exactamente eso con la Catedral de San Bavón y con el Retablo de la Adoración del Cordero Místico: es una visita que no se entiende bien si la reduces a entramos, vimos un retablo y salimos. Aquí lo interesante es lo que vas encajando mientras avanzas, porque el edificio y la obra funcionan como un resumen concentrado de lo que ha sido Flandes: religión, poder urbano, tensiones políticas, arte llevado al límite y, por encima de todo, una obsesión por el detalle. He creído darle un contenido más profundo tanto a la Catedral como al Retablo en mi blog aquí.
Por qué San Bavón merece un capítulo propio en Gante
San Bavón es la visita interior que mejor justifica pararse en Gante, porque mezcla arquitectura e historia con una obra que ha marcado el arte europeo. Puedes recorrer la nave y la cripta como un viaje por siglos, cruzarte con Rubens como contrapunto barroco y terminar en el retablo de los hermanos Van Eyck como clímax absoluto. Y, si además haces el recorrido de realidad aumentada, sales con una ventaja enorme: ya no solo lo has visto, has profundizado en el contexto y en el detalle. Esto te permite seguir el día con la sensación de que esta visita ha sido una experiencia completa.

Por fuera: una catedral que ya te cuenta la ciudad antes de entrar
Por fuera, San Bavón se entiende casi como una “biografía” en piedra. Está en Sint-Baafsplein, en el mismo corazón histórico, y se nota que no es una pieza aislada: su torre occidental (con una altura en torno a 89 metros) se alinea con el Belfort y San Nicolás en ese skyline de “las tres torres” que define Gante. Lo potente del exterior es la sensación de edificio construido por capas: una gran masa gótica levantada entre los siglos XIII y XVI, culminada con esa torre que se completa en el siglo XVI (y que en la documentación del propio templo se sitúa en 1534).

De San Juan a San Bavón: política y memoria en un solo gesto
Antes de San Bavón fue San Juan. En el siglo X se consagra aquí una primera iglesia dedicada a San Juan Bautista.
El cambio de nombre a San Bavón es uno de esos giros que merece contarse porque mezcla historia local con política real. Durante siglos fue la Iglesia de San Juan; pero tras la revuelta contra Carlos V, la historia se vuelve más áspera: el emperador castiga y reorganiza, la antigua abadía de San Bavón se disuelve y su comunidad se integra en la Iglesia de San Juan. A partir de ahí cambia el patrón: el templo empieza a ser “de San Bavón” y, con la creación de la diócesis en 1559, queda formalmente como catedral. El nombre sirvió de alguna forma para trasladar el peso simbólico de la antigua institución monástica a un nuevo centro bajo otro marco de poder.
Por dentro: tres estados de ánimo para visitar San Bavón
Dentro, San Bavón se visita mejor si lo piensas en tres “estados de ánimo”. El primero es la nave: es el momento del gótico como experiencia. Pilares que te guían como un bosque, bóvedas tensando el espacio hacia arriba y una luz filtrada por vidrieras que construye una atmósfera solemne sin necesidad de excesos. La nave marca el ritmo, te hace caminar más despacio y te dirige hacia el fondo como si el edificio supiera que la visita tiene un clímax. Y, además, aparece uno de los contrastes que le da personalidad al conjunto: elementos posteriores, como el púlpito rococó, que rompen la sobriedad medieval con un lenguaje más teatral. Ese choque ayuda a entender que San Bavón es un edificio que fue absorbiendo estilos y épocas.
El segundo estado de ánimo es la cripta. Bajas y cambia todo: altura, densidad del aire, escala humana. Es la parte que conecta con la fase románica y, por eso, la que mejor “ancla” el relato: sin la cripta, la catedral podría parecer simplemente una gran construcción gótica; con la cripta, se convierte en una ciudad subterránea, en una evidencia de que el lugar ya era importante antes del gran crecimiento medieval. Es aquí donde cobra sentido la experiencia de realidad aumentada, que te permite comprender el retablo y su historia sin convertir la visita en una clase pesada.

El tercer estado de ánimo son las capillas y los espacios de tránsito hacia el retablo, donde San Bavón se convierte en algo más que “una catedral con un cuadro famoso”. El paso por la capilla de Rubens funciona como una antesala perfecta: vienes del románico y del gótico y, de pronto, estás ante barroco puro, con color y movimiento, y una historia que encaja con el santo del templo (la Conversión de Rubens). Incluso los detalles menos perfectos —como una iluminación que refleja demasiado o una altura que dificulta apreciar la obra— le dan interés al recorrido.

San Bavón el retablo universal
Y, por último, destacar la importancia de la magna obra de los hermanos Van Eyck de su Retablo de la Adoración del Cordero Místico (donde hablo con detalle aquí).

San Bavón es el lugar donde entiendes por qué el Cordero Místico se volvió universal. El políptico de los hermanos Van Eyck, inaugurado en 1432, reúne algo que pocas piezas consiguen a la vez: una técnica que parece adelantada a su tiempo, una narrativa teológica compleja que se lee como un mapa y una presencia física que te obliga a acercarte, a buscar detalles, a mirar dos veces. Y encima carga con una historia turbulenta —amenazas, robos, traslados, restauraciones— que lo ha convertido en símbolo de patrimonio perseguido y recuperado. Por tanto, uno acaba estando ante una obra que ha acabado representando a toda la ciudad y, en cierto modo, a la propia idea de arte europeo.
Los otros edificios de la plaza Sint-Baafsplein (Belfort y Lakenhalle)
El Belfort de Gante o torre del ayuntamiento (de comienzos del SXIV) con su base de piedra caliza de Tournai y sus imponentes 91 metros de altura, es realmente impresionante. Es un campanario medieval construido como símbolo de autonomía, riqueza y poder urbano: era el lugar desde el que la ciudad anunciaba decisiones, marcaba el ritmo del día y custodiaba lo que más valoraba, desde documentos hasta campanas capaces de alertar a toda la población. Por eso tiene ese aire serio, casi defensivo, y por eso encaja tan bien con el carácter histórico de Gante: una ciudad que durante siglos negoció su libertad a base de comercio, orgullo y una buena dosis de terquedad.

Cuando te acercas, el conjunto gana aún más fuerza porque no está aislado: el Belfort forma parte del “corazón” monumental del centro, muy cerca de la catedral y de San Nicolás. Subir —si te apetece— es una de las mejores formas de entender la ciudad en cinco minutos: desde arriba las calles dejan de ser un laberinto y se convierten en un mapa lógico de ríos, plazas y torres. Y aunque no subas, vale la pena quedarte un momento abajo, mirar hacia la altura y pensar que esa torre se levantó para recordarle a todo el mundo, cada día, quién mandaba dentro de las murallas: la propia ciudad.
La guinda de este hermoso edificio lo pone el “dragón de Gante” de 400 kg colocado en la parte superior, que es, al mismo tiempo veleta y simbólico guardián de los privilegios. Según la leyenda, el dragón fue apresado en Constantinopla, aunque sabemos que ya en el SXIV, el dragón ya adornaba la torre (que curiosamente fue robado a Brujas, en un largo capítulo de rivalidad entre estas dos ciudades). El dragón actual es de 1980 (los restos de sus antecesores, siendo el más antiguo de 1377, pueden verse en el Belfort).
La Lakenhalle (lonja de los paños) es el edificio que le da sentido “terrenal” al Belfort: pegada al campanario, parece decirte que la grandeza medieval de Gante no se levantó solo con fe, sino con comercio. Se empezó a construir en 1425 adosada al Belfort y nació como el centro donde se inspeccionaba, valoraba y vendía el paño y la lana, el gran motor económico de la ciudad en su época dorada. Por fuera se reconoce por su fachada gótica de ritmo repetido —ventanas en serie, piedra clara, tejado puntiagudo. Y como detalle curioso, en uno de sus anexos está el Mammelokker (que significa “el hombre que mama del pecho” que debe su nombre a la escultura de una famosa leyenda romana que se encuentra en la puerta del edificio), ligado históricamente a la antigua cárcel: un guiño extraño y muy flamenco a la vida cotidiana que ocurría alrededor del poder municipal.
La leyenda de Cimón en Roma —conocida como la historia de la Caridad romana (Caritas Romana)— cuenta que Cimón, un anciano condenado a morir de hambre en prisión, solo podía recibir visitas, pero tenía prohibido cualquier alimento. Su hija Pero logró burlar la condena de la forma más inesperada: entraba a verlo y lo alimentaba dándole de mamar en secreto, movida por una mezcla de piedad filial y desesperación. Cuando los guardias descubrieron la escena, en vez de castigarla, quedaron tan impresionados por ese gesto extremo de amor y entrega que conmutaron la pena o liberaron al padre (según la versión), y la historia pasó a usarse como ejemplo moral de virtud, compasión y lealtad familiar; por eso aparece tantas veces en pintura y escultura europeas, especialmente en el Barroco.

La Iglesia de San Nicolás, otro de los templos más imponentes de Gante
La Iglesia de San Nicolás (Sint-Niklaaskerk) en honor al patrón de la ciudad, es la tercera torre, plantada en pleno antiguo centro comercial, junto al Korenmarkt. La iglesia actual empezó a levantarse a comienzos del siglo XIII como sustitución de una iglesia románica anterior, y fue creciendo durante ese mismo siglo en el estilo local conocido como gótico del Escalda (Scheldt Gothic). Ese estilo se nota tanto en la silueta como en el material: la piedra azul-gris procedente del área de Tournai, más sobria y compacta que la de otros góticos europeos, le da un carácter robusto, de ciudad trabajadora. La torre también es un “rasgo de identidad”: no está en la fachada principal, sino sobre el crucero, y funciona como torre-linterna, dejando caer luz hacia el interior. Su aguja alcanza unos 76 metros.

Antes de que el Belfort dominara el panorama, San Nicolás llegó a cumplir funciones casi cívicas. La propia ciudad explica que, hasta la finalización del Belfort (cuyo levantamiento arranca en 1314), San Nicolás también sirvió como torre de vigilancia y campanario urbano. Entre los siglos XVI y XVII el edificio entró en decadencia por problemas de estabilidad y humedad, recibió arreglos de emergencia y el interior fue “barroquizado” en los siglos siguientes; ya en el cambio del XIX al XX, cuando Gante se moderniza y “abre” su centro histórico, se expropian y retiran construcciones adosadas alrededor del templo para que vuelva a respirarse como monumento. Las restauraciones fueron largas y por fases: destacando la ocurrida a partir de 1960, con nuevas campañas en décadas posteriores.
Del interior quizá destacar el coro renovado y el hermoso altar barroco.




El Ayuntamiento de Gante, una sinfonía de estilos inconclusos
El Ayuntamiento de Gante (Stadhuis) es uno de esos edificios singulares en el mundo. Se trata de “dos Gantes” pegadas en una misma manzana.

Si lo miras desde Hoogpoort, ves una fachada gótica de Brabante del siglo XVI, con pináculos y una decoración casi obsesiva: parece el traje de gala de una ciudad medieval que quería impresionar al visitante y, sobre todo, recordarse a sí misma que era poderosa. El edificio se concibió originalmente, desde 1518, como casa de los jurados de la Keure (administración). El plan original había sido mucho más ambicioso: solo un cuarto de la superficie fue construido y solo dos de tres pisos fueron terminados. Los conflictos religiosos del SXVI, llevaron a la paralización del trabajo.
Si uno se fija con cuidado se puede apreciar la falta de fondos en la no continuación de las estatuas en los laterales de los ventanales (que llevan vacíos cientos de años).

También hay detalles que llaman la atención como una tubería azul vulgar en medio de la fachada.

Si lo rodeas hacia Botermarkt, el tono cambia: aparece un ala renacentista más sobria, “a la italiana” y más barata, con pilastras y órdenes clásicos, como si Gante hubiera decidido, en pleno cambio de época, hablar el nuevo idioma de la autoridad y la modernidad. Esa mezcla es el resultado de una construcción por fases, con grandes campañas en el XVI y ampliaciones posteriores.
Por dentro, el ayuntamiento no es un palacio para un rey: es una máquina de administración municipal, llena de salas ceremoniales y espacios pensados para decisiones, justicia y protocolo. La más simbólica es la Pacificatiezaal, llamada así por la Pacificación de Gante (1576), y hoy asociada también a actos oficiales como celebraciones y ceremonias.
A pocos metros tienes el Belfort (el poder de la ciudad “hacia fuera”) y aquí está el ayuntamiento (el poder de la ciudad “hacia dentro”). Es como un pequeño triángulo de identidad urbana: torres, mercado y gobierno, todo en el mismo núcleo histórico.
Algunos edificios curiosos en la visita del casco histórico
Alrededor del ayuntamiento es interesante callejear y admirar los numerosos edificios de distintos estilos que hace famosa la ciudad. Dos de las calles más recomendables para transitar son la Emile-Braunplein y la Klein Turkije.

Cada edificio cuenta una historia distinta y nos eternizaríamos si fuéramos uno a uno, dando detalles de estos. Aun así, de esta zona me gustaría destacar la casa rococó de Valk (Emile-Braunplein 3) con una fachada de piedra natural y un ojo de buey dorado (fue construida por un comerciante de vino). Al lado se encuentra la casa de Spiegel, cuyas piedras angulares en piedra de Tournai hace pensar en los restos de una vivienda medieval. Justo en la mencionada calle Klein Turkije hay una placa recordatoria en honor al gran pintor alemán renacentista, Alberto Durero, que pasó un tiempo aquí a principios del SXVI para visitar el Retablo. Por último, sin ánimo de ser exhaustivo, la Metselaarshuis se trataba de la casa de los constructores de estilo renacentista. Quizá lo que más llama la atención de este edificio, además de escudo del emperador Carlos V, son una serie de figuras danzantes moriscas en la parte más alta.


¿sabías qué? La calle de los grafitis (werregarenstraatje)
En Gante hay un callejón que funciona como un lienzo vivo: Werregarenstraatje, más conocida simplemente como la calle de los grafitis. Une Hoogpoort con Onderstraat y, cuando entras, la sensación es la de colarte en una galería que se está rehaciendo sola: capas y capas de pintura, firmas, stencils y murales que cambian cada semana, a veces cada día. Lo interesante es que es un espacio legal que la ciudad habilitó en los años 90 para canalizar el arte urbano en pleno centro histórico.

Korenmarkt y Groentenmarkt, dos plazas que no pueden faltar en el itinerario de Gante
El Korenmarkt (literalmente, “mercado del grano”) es el punto donde Gante se muestra más urbana: tranvías, terrazas y ese ir y venir constante que hace que, aunque estés en pleno centro histórico, sientas una ciudad viva. Su nombre viene de lo que fue durante casi un milenio: aquí se comerciaba con cereal que llegaba a la ciudad por los ríos Escalda y Lys, y ese tráfico convirtió la plaza en un auténtico centro económico medieval. En esta misma plaza, Eduardo III de Inglaterra anunció en 1340 su reivindicación al trono francés, un gesto que se asocia al arranque simbólico de la Guerra de los Cien Años.

Otros edificios destacables de la plaza son:
- la casa Borluut también de piedra caliza de Tournai, y primitivamente, un depósito de cereales que desembarcaban en las orillas del Lys; y
- el antiguo edificio de correos de comienzos del SXX, que fue transformado hace unos años en un centro comercial. Cabe pararse en la cúpula de vidrio y las pinturas de los muros, que representan a los cinco continentes.



El Groentenmarkt, por el contrario, es otra cosa: más recogido, más de piedra. Aquí el nombre sugiere verduras y mercado (y de hecho hoy sigue siendo un lugar de puestos y ambiente), pero el conjunto se entiende de verdad cuando te fijas en su vecino más dominante: la Gran Carnicería (Great Butcher’s Hall), una gran sala medieval cubierta que durante siglos fue el único lugar donde se podía vender carne en la ciudad. Justo fuera estaban las pequeñas casetas donde se vendían restos y vísceras, lo que enlaza con el Pensenmarkt (mercado de “pensen”, tripas/embutidos). Y tiene una anécdota muy gantesa: el nombre del diminuto café ’t Galgenhuisje recuerda que esta zona fue también un lugar de ejecuciones; hoy, en cambio, es uno de esos rincones donde te sientas con una cerveza y parece que el tiempo se ha suavizado.

El puente St. Michaels y la Iglesia inacabada de San Miguel
Siguiendo por la calle Sint-Michielshelling, te acabas encontrando el famoso puente St. Michaels, el punto fotogénico por excelencia de Gante, y donde gran parte de los turistas se paran para inmortalizarse en esta ciudad de cuento. Y ello es debido a que se tiene una vista única de las tres torres de Gante: San Bavón, San Nicolás y el Belfort. A la vez, también podemos disfrutar desde el puente de la panorámica del antiguo puerto de Gante (Tussen Bruggen) ya que te encuentras sobre el mismo Lys.

Este puente, obra de Louis Cloquet, fue construido para la exposición universal de 1913. Destaca una escultura del arcángel San Miguel luchando contra el dragón.

Acto seguido te encuentras con la otra gran iglesia, la de San Miguel (Sint-Michielskerk). Es una de esas visitas que se te quedan por contraste: sales del bullicio del centro, cruzas la zona del río y, de repente, entras en un interior que parece diseñado para bajar el volumen del día.
La construcción de la iglesia comienza en 1440 y, de forma bastante llamativa, no se considera terminada hasta 1828.
Por fuera, lo más comentado es precisamente lo que no llegó a ser. En 1662 se proyectó una torre monumental de 134 metros, una declaración de poder que habría rivalizado con cualquier gran torre de la ciudad (para comparar, la de San Bavón ronda los 89 m). Los gremios, otrora poderosos en Gante, apoyaban las iglesias, y cado uno tenía preferencia por alguna en particular. Esto fue llamativo con San Miguel, donde el gremio de los cerveceros apoyó su construcción (cuanto más alto la torre mayor prestigio). Pero faltó dinero y sobró prudencia: el plan se abandonó y la iglesia se quedó con una torre occidental mucho más baja, con cubierta plana, de unos 46 metros.



Por dentro, San Miguel, patrón de los cerveceros, es conocida por su decoración rica. Se trata de un conjunto que se siente sorprendentemente homogéneo pese al larguísimo periodo de construcción. La más célebre es el gran lienzo de Antoon van Dyck, una Crucifixión (fechada aprox. 1628–1630). Aun así, este iglesia sufrió daños irreparables a causa de los iconoclastas de los que ya hemos hablado en alguna ocasión.
Korenlei y Graslei, el alma de Gante, que hace un contraste perfecto con el paseo de las “Catedrales”
El Korenlei y el Graslei son dos calles que se encuentran a orillas del Lys en el corazón de la ciudad. Desde la temprana Edad Media se practicó el comercio aquí, muy próximo al Groentenmarkt, de las torres del Gravenkasteel y de la Sint-Niklaas-kerk.
Dos privilegios especialmente importantes llevaron a la riqueza de la ciudad, y en particular del puerto: En primer lugar, el derecho de almacenaje para productos cerealeros. Estos eran introducidos desde Artesia y el Flandes Francés a través del Lys y del Escalda. Los ciudadanos de Gante consiguieron obtener un privilegio mediante el cual todo barco cargado de cereales estaba obligado a almacenar un cuarto de la carga temporalmente en uno de los muchos silos de cereales en el predio del puerto.
Los panaderos y cerveceros locales tenían derecho preferencial de compra. Justo después podía ofrecerse el resto en el Korenmarkt. De este modo estaba asegurada la continua provisión y además los muchos pasos de trabajo necesarios (carga y descarga, medición, compra y venta) permitían puestos de trabajo seguros y un comercio floreciente. La obligación de almacenar los cereales rigió hasta 1734, si bien el derecho de almacenaje fue suprimido con el paso de los siglos.

Algunos edificios destacables del Korenlei y Graslei
Desde Korenlei tenemos una bella vista de Graslei y de los gremios lindantes. El silo gris oscuro (Nº 10) en piedra caliza de Tournai fue construido en el siglo XIII y posee un impresionante frontón escalonado, ventanas pequeñas y un antepecho metálico en el primer piso. Desde aquí se elevaban las bolsas con cereales.
A su derecha se encuentra la Eerste Korenmetershuis (primera casa del medidor de cereales, Nº 9). Desde 1430 hasta 1540 tuvo esta función, y fue totalmente reconstruida en el año 1913 en ocasión de la exposición universal.




A la izquierda del silo se encuentra la diminuta casita aduanera (Nº 11). A su lado se encuentra la bonita Tweede Korenmetershuis (segunda casa del medidor de cereales, Nº 12). Originalmente fue la casa de gremio de los “pijnders“, trabajadores de carga y descarga de los barcos. En el siglo XVII también esta casa fue adquirida por los medidores de cereales y la fachada de madera fue reemplazada por la actual fachada barroca con las típicas guirnaldas de frutas, volutas y jarrones en el techo.
Un segundo privilegio importante era el “lastbreken“: Cada propietario que no pertenecía al gremio de los navegantes libres estaba obligado a transbordar su carga a la embarcación de un propietario de Gante.


Éste llevaba entonces la carga a su destino. Dado que los navegantes libres tenían el monopolio de los viajes por el Lys, el Escalda, Sassefahrt y Lieve, este privilegio significaba una enorme fuente de ingresos. La (Gildehuis van de Vrije Schippers) Casa del gremio de los navegantes libres (Nº 14), construida en el año
1530 por el mismo arquitecto que la casa del gremio de los constructores, es una obra maestra de estilo gótico de Brabante. Son características sus ventanas cruciformes, las coronas de los pilares y el nicho de tres partes en el remate. Sin embargo, las volutas entrantes y salientes y los arcos sobre las ventanas ya señalan el Renacimiento. Sobre la puerta se encuentra representada una carabela. Por encima de la segunda fila de ventanas se reconocen navegantes que levan anclas.
El privilegio del “lastbreken” era, naturalmente, muy perjudicial para las otras ciudades flamencas, y en el siglo XVII fue finalmente abolido.
A la izquierda de la Eerste Korenmetershuis se encuentra la Huis de Engel (Nº 8), una copia de la Casa de los constructores (por si os resultaba familiar), construida a comienzos del siglo XX con miras a la exposición de 1913. Encima de las ventanas del segundo piso se ve el escudo de armas de los cerveceros, rodeado de los cuatro patronos de los constructores. El ángel colocado en el centro sostiene a la izquierda y a la derecha los escudos de armas de Gante y Flandes.
En el mismo Korenlei se encuentra la Huis van de Onvrije Schippers (Casa de los navegantes no libres, N° 7), una mezcla de estilo clásico barroco y rococó. El edificio está coronado con una nave dorada.
Fue construido en el siglo XVIII, porque demoró siglos hasta que los navegantes libres abandonaron sus privilegios, de manera que los navegantes no libres pudieran desempeñar su papel en el comercio. A la derecha de la Casa de los navegantes no libres agrada una casa de esquina majestuosa (N° 5), denominada “de Vijf Helmen“. Fue construida en 1765 y tiene ventanas con vidrio de espejo.

¿sabías qué? La casa de los cisnes
Como dato curioso, justo al lado de la casa de los navegantes, encontramos un prostíbulo que podemos identificarlo por la figura de los cisnes mirando cada uno a un lado (ya que si se miraran estas figuras harían un corazón). Ellos tenían un túnel por dentro que les conectaba directamente con este lugar. Ahora es un Marriot, al que le han obligado a conservar su estructura por ser considerado patrimonio protegido de la ciudad.


Gravensteen, el golpe medieval a Gante
Muy cerca del antiguo puerto nos encontramos con el Gravensteen, el golpe de efecto medieval de Gante: un castillo de piedra en pleno centro rodeado de agua. El edificio que vemos hoy se levantó en 1180, en tiempos del conde Felipe de Alsacia, y durante casi dos siglos fue la residencia de los condes de Flandes. De hecho, en la propia historia oficial del lugar se cuenta que Felipe ordenó convertirlo en una fortaleza de piedra “imponente” para frenar la “arrogancia” de los ganteses (otra vez se acentúa la personalidad de los ciudadanos ganteses).


Cuando los condes dejaron de vivir aquí (la residencia condal termina con anterioridad a 1400), el edificio entró en otra vida: fue máximo tribunal de Flandes, prisión, casa de moneda y, con la industrialización, incluso llegó a convertirse en una fábrica de algodón. Esa sucesión de usos explica por qué el Gravensteen ha ido adaptándose a lo que la ciudad necesitaba en cada siglo. A finales del XIX y principios del XX, Gante decidió recuperarlo como símbolo y se acometió una gran restauración (aprox. 1893–1903). Hoy es propiedad de la ciudad y funciona como museo y uno de los grandes iconos del centro histórico.


Sint-Veerleplein
Justo de frente al castillo se encuentra la plaza de Sint-Veerleplein, la antigua lonja del pescado. Quizá lo que más llame la atención es una fachada muy historiada con Neptuno en lo más alto. En las fiestas de Gante es la plaza más importante. Como dato curioso solo hay 3 farolas. Si nace un niño en Gante se iluminan las farolas (conectando maternidad con la ciudad). De esta manera quieren enviar una señal de que los ganteses siguen vivos.


Patatas fritas, gofres, mejillones, cervezas y mucho más
Bélgica es conocida por algunos platos estrellas que también se pueden encontrar en Gante y se deben consumir para hacer una experiencia completa. La cultura te abre el apetito para poder disfrutar de los platos tradicionales de la comida belga.
Amadeus, mi lugar favorito para comer en Gante
Amadeus es el típico sitio de Gante que se te queda grabado por una razón muy simple: aquí vienes a rendirte al costillar y a acompañarlo como manda Flandes, con una cerveza belga bien elegida. El lugar es muy recargado y te hace seguir dentro de la misma temática gótica – medieval. En el precio está incluido todo lo que puedas comer del costillar, por lo que, si quieres repetir plato y tienes mucha hambre, este es el sitio elegido.



Estofado Flamenco y mejillones a orillas del río Lys
Nosotros elegimos de Graslei en calle Graslei, pero otros locales ofrecen lo mismo. Estofado flamenco (muy suave y sabroso) y mejillones con patatas es una elección segura para degustar la comida belga. También puedes acompañarlo con grandes cervezas belgas como la Haeseveld, la Leffe o cervezas de abadía.




Degustación de cervezas en ‘t Gouden Mandeken
Este antiguo ex hospital de leprosos es uno de los lugares más turísticos para degustar una de las cervezas con más fama del mundo: la torgenlo. Seguramente hay sitios mejores y menos transitados para tomar una cerveza en Gante, pero el sitio por dentro es genuino y medieval. No pudieron tocar la estructura y su interior es como un museo de otra época.



Patatas fritas y estofado en el chiringuito de Filip o en Frites Atelier, dos versiones contrapuestas de lo mismo
En la misma plaza de Groentenmarkt, puedes encontrar dos ejemplares de patatas fritas excepcionales. La versión más informal la encuentras en el chiringuito de Filip, un puesto informal con grandes filas de personas esperando su ración de patatas y/o estofado. Frites Atelier es todo lo contrario, un puesto sofisticado que venden patatas fritas a precio mucho más alto, pero insuperable.


¿sabías qué?
Las patatas fritas son un tema casi “de frontera” entre Bélgica y Francia: Bélgica las reivindica como parte de su identidad (las “frites”), con la famosa historia del valle del Mosa (Namur) donde se habrían empezado a freír patatas como sustituto del pescado en invierno, pero esa versión no está cerrada y se considera discutida por varios historiadores.
Los belgas están especialmente molestos por el término French fries que hace mención a Francia en su denominación, pero no significa necesariamente “inventadas en Francia”: el término se populariza como “patatas fritas a la francesa”, es decir, por el método/estilo de freír (“French-fried”), y además existe la explicación popular de la Primera Guerra Mundial, cuando soldados angloparlantes en Bélgica las llamaron “French” porque se hablaba francés en parte del país o en el ejército belga.

¿Gofre de Bruselas o de Lieja?
Los gofres es otra cuestión de Estado, y en la misma plaza de Groentenmarkt hay multitud de puestos en los que adquirir este dulce típico. Es muy importante distinguir los dos tipos de gofre: el de Bruselas y el de Lieja. La diferencia principal es masa, textura y cómo se sirven:

- Gofre de Bruselas (el “belga” típico): es rectangular, más grande y ligero, con alveolos profundos. La masa suele ser más fluida y queda crujiente por fuera y aireado por dentro. Normalmente se
- sirve con azúcar glas y toppings (nata, chocolate, fruta), y es el que más ves en puestos turísticos.
- Gofre de Lieja: es más pequeño y denso, de forma ovalada/irregular. La masa es tipo brioche y lleva azúcar perlado dentro, que se carameliza al cocinarse. Por eso es más dulce, más “masticable” y muchas veces se come solo, sin necesidad de toppings.
Mi recomendación: siempre el Gofre de Lieja.

FAQS de Gante: imprescindibles, historia y visitas
¿Qué hace especial a Gante frente a otras ciudades de Bélgica?
Que combina un centro medieval muy bien conservado con una ciudad universitaria viva: es especialmente bella, tiene ritmo local, barrios con vida y una mezcla muy natural entre patrimonio y día a día.
¿Qué es eso de “las tres torres” de Gante?
Es la silueta más reconocible del centro histórico: la catedral de San Bavón, el Belfort (campanario) y la Iglesia de San Nicolás, alineadas visualmente como una especie de firma urbana.
¿Vale la pena entrar en la catedral de San Bavón si solo tengo un día?
Sí, porque es una visita completa: nave gótica, cripta románica, arte (Rubens) y, sobre todo, el retablo del Cordero Místico. Si además haces la experiencia de realidad aumentada, entiendes mucho mejor lo que estás viendo.
¿Por qué el retablo de Gante es tan famoso?
Porque es una obra clave del arte europeo por técnica, detalle y narrativa, y porque su historia es casi un thriller: fue escondido, expoliado, robado parcialmente y restaurado, y aun así ha llegado hasta hoy.
¿Qué es el Belfort y por qué es tan importante?
El Belfort simboliza el poder cívico: era la torre de la ciudad, ligada a la autonomía municipal, a la vigilancia y a la protección de documentos y campanas que organizaban la vida urbana.
¿Qué es la Lakenhalle (lonja de los paños)?
Es el recordatorio de que la riqueza medieval de Gante se apoyó en el textil: era el lugar donde se controlaba, almacenaba y comercializaba el paño, pegado al Belfort como “economía y poder” uno al lado del otro.
¿Qué diferencia hay entre Korenmarkt y Groentenmarkt?
El Korenmarkt fue el gran espacio de comercio del grano y hoy es la plaza más dinámica del centro; el Groentenmarkt es más recogido, con ambiente de mercado y muy ligado a edificios históricos como la antigua carnicería.
¿Las casas estrechas de Graslei y Korenlei se hicieron para pagar menos impuestos?
En Gante es más preciso decir que responden a parcelas medievales estrechas y profundas y a una lógica portuaria-comercial: aquí lo decisivo fueron los muelles, el almacenaje y los derechos ligados al comercio, más que “un impuesto por fachada”.
¿Qué es el Gravensteen y por qué impresiona tanto?
Es el castillo de los condes en pleno centro, construido como fortaleza y símbolo de autoridad. Luego fue tribunal, prisión e incluso fábrica, y hoy se visita como uno de los grandes iconos históricos de la ciudad.
¿Qué es la “calle de los grafitis” y por qué merece una visita?
El Werregarenstraatje es un callejón de arte urbano legal y cambiante: un mural puede durar días o horas. Es una parada corta que enseña la cara contemporánea de Gante sin salir del casco histórico.




