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Un día en Lima: recorrido completo por la capital peruana

Lima es una mega urbe que no se entiende a simple vista: es una mezcla de historia colonial, legado prehispánico y modernidad que se asoma al Pacífico. Fue nuestra última parada (más corta de lo que nos hubiera gustado) en el largo viaje por Sudamérica que comenzaría en Santiago de Chile varias semanas antes.

Plaza de Armas de Lima

Lima, fundada en 1535 por Francisco Pizarro con el nombre de Ciudad de los Reyes, se convirtió rápidamente en la capital del Virreinato del Perú y en uno de los centros administrativos más importantes de América del Sur. Su ubicación estratégica, su puerto en El Callao y la fuerza de su actividad comercial la transformaron en una urbe rica, diversa y con una arquitectura que unía tradición indígena, barroco español e influencias europeas del siglo XIX.

Hoy, Lima es una metrópoli desbordante: barrios residenciales tranquilos, avenidas interminables, tráfico caótico que acabamos sufriendo y un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.

Con solo un escueto día para conocerla —volamos desde Cusco a primera hora de la mañana y regresaba a casa por la noche— decidimos recorrerlo lo máximo posible, acabando así nuestro fugaz e intenso paso por Perú.

La historia de Lima hasta nuestros días

Orígenes prehispánicos

Mucho antes de la llegada de los españoles, el territorio donde hoy se encuentra Lima estuvo habitado por diversas culturas costeñas. Una de las más relevantes fue la cultura Lima (200 d.C.–700 d.C.), responsable de construcciones como la Huaca Pucllana (que más tarde comentaré). Posteriormente, la zona estuvo influida por los Ichma y más tarde por los Incas, que incorporaron la región a su red administrativa y religiosa. El valle del Rímac era fértil y estratégico, con canales de irrigación y centros ceremoniales que sostenían una población importante.

La fundación española (1535)

El 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la ciudad con el nombre de Ciudad de los Reyes. El lugar se eligió por su cercanía al mar (pero no demasiado para evitar ataques) y por la estabilidad climática de la costa central. Rápidamente se convirtió en la capital del Virreinato del Perú, el territorio más importante de la Corona española en Sudamérica.

Catedral de Lima

Durante los siglos XVI y XVII, Lima fue el centro político, económico y religioso del virreinato. Desde su puerto en el Callao salían riquezas hacia España y llegaban productos de Europa y Asia. La ciudad creció con palacios, iglesias barrocas, conventos y universidades como la Universidad de San Marcos, fundada en 1551.

Claustro del Convento de Santo Domingo

La historia de Lima está marcada por numerosos terremotos. Los más devastadores ocurrieron en 1586, 1687 y especialmente en 1746, que destruyó gran parte de la ciudad y arrasó el Callao con un tsunami. A pesar de ello, Lima se reconstruyó cada vez, adaptando su arquitectura a materiales más resistentes y configurando gran parte del centro histórico que aún se conserva.

Siglo XIX: independencia y modernización

En 1821, José de San Martín (del que ya hablé en nuestra visita a Buenos Aires) proclamó en Lima la independencia del Perú. La ciudad perdió parte de su centralidad económica durante las primeras décadas republicanas, pero siguió siendo el punto de referencia político.

Al igual que en otras capitales sudamericanas, a finales del XIX se vivió un periodo de crecimiento, con la aparición de nuevas avenidas, teatros, tranvías y edificios públicos inspirados en el estilo francés y neoclásico. También surgieron barrios residenciales fuera del casco histórico.

Siglo XX: expansión, migraciones y contrastes

El siglo XX transformó radicalmente a Lima:

  • se convirtió en la ciudad más poblada del país;
  • llegaron oleadas de migración interna desde los Andes y la Amazonía;
  • se expandió hacia el sur, el norte y el este, dando lugar a distritos como Miraflores, San Isidro, Surco, Ate o San Martín de Porres;
  • creció la industria, el comercio y los servicios;
  • se consolidaron zonas económicas como el distrito financiero de San Isidro; y
  • aparecieron fuertes contrastes sociales entre barrios acomodados y zonas periféricas.

Durante las décadas de 1980 y 1990, Lima también sufrió los efectos del conflicto interno entre el Estado peruano y grupos terroristas como Sendero Luminoso, lo que provocó inseguridad y una fuerte crisis económica. A mediados de los 90, el país inició un periodo de estabilización.

Siglo XXI: metrópolis diversa y compleja

Hoy Lima es una megalópolis de más de 10 millones de habitantes y concentra una parte decisiva de la economía peruana. Se caracteriza por:

  • un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO;
  • distritos modernos como Miraflores, San Isidro y Barranco:
  • un crecimiento urbano acelerado, con retos de movilidad, contaminación y planificación.
  • una gastronomía reconocida mundialmente, con chefs como Gastón Acurio y restaurantes de prestigio internacional; y
  • una combinación de arquitectura colonial, republicana y contemporánea que convive con restos arqueológicos prehispánicos en pleno tejido urbano.

Lima sigue siendo una ciudad de contrastes: caótica en el tráfico, vibrante en sus barrios culturales, innovadora en la cocina, y profundamente mestiza en su identidad.

Larcomar: un balcón sobre el Pacífico

Comenzamos la jornada en Larcomar, probablemente uno de los centros comerciales más singulares de Sudamérica.

Larcomar

No es un centro comercial convencional y, de hecho, su mayor particularidad es que no se ve desde la calle: está construido hacia abajo, excavado en el acantilado de Miraflores, con terrazas que se asoman directamente al océano Pacífico.

Un diseño integrado en los acantilados

Su arquitectura aprovecha la forma natural del risco. En lugar de levantar un gran edificio, Larcomar está distribuido en plataformas al aire libre, conectadas por rampas, escaleras y miradores. Esto hace que, más que un centro comercial, parezca un paseo marítimo suspendido entre la ciudad y el mar.

Un complejo integrado en los acantilados

Cuando caminas por él escuchas el sonido del Pacífico golpeando las rocas unos metros más abajo y sientes la neblina que sube desde el océano, al menos la mañana que estuvimos nosotros. Es un lugar donde los limeños vienen a ver el atardecer, hacer deporte por el Malecón o simplemente sentarse a contemplar el horizonte.

Una mezcla de shopping, ocio y gastronomía

Larcomar tiene tiendas de marcas locales e internacionales, cines, cafeterías y restaurantes con terrazas abiertas hacia el mar. Aquí se encuentran algunos de los locales más visitados por turistas y residentes, porque el entorno convierte cualquier comida en una experiencia.

Un punto clave de Miraflores

Además de su oferta comercial, Larcomar es una puerta de entrada al Malecón de Miraflores, una franja verde que recorre la costa alta de la ciudad. Desde allí parten rutas para correr, ir en bici o caminar hasta los parques del Amor, Salazar o el Faro de la Marina.

Es uno de los lugares más seguros y mejor cuidados de Lima, un punto de encuentro para locales y visitantes. Por eso muchos viajeros lo eligen como primera parada: sirve para ubicarse, respirar la ciudad y disfrutar del lado más amable y moderno de la capital.

Tanta, un clásico de Lima

Aprovechamos para almorzar en Tanta, un clásico limeño creado por Gastón Acurio. Probamos un ceviche fresco, intenso y exacto; un ají de gallina cremoso y profundo; unas causitas limeñas llenas de sabor; y un sour de camu camu, ácido y suave, perfecto para empezar el día.

Tanta

Ruta turística en bus: Miraflores, calles históricas y paisajes urbanos

Después de comer, un bus turístico nos recogió para hacer un recorrido panorámico por la ciudad.

Vistas desde el autobús turístico

La primera parte transcurrió por zonas residenciales y muy cuidadas: la mencionada Miraflores, la transitada Avenida José Larco, el siempre animado Kennedy Park (también llamado Parque 7 de junio), la Avenida José Pardo, y la tradicional calle de la Independencia. Unos pocos minutos por hito nos sirvió para darnos unas pinceladas sobre ciertas partes Lima, que de otra forma no hubiéramos podido conocer en tan poco tiempo. Tuvimos que centrarnos en lo más importante de la ciudad.

Kennedy Park
Óvalo de Miraflores

Más adelante vimos desde el bus el Museo de Sitio Huaca Pucllana, un impresionante complejo arqueológico preinca construido en adobe. Una pirámide escalonada, perfectamente conservada, que destaca en mitad de Miraflores como recordatorio de las culturas que habitaron Lima mil años antes de la llegada de los españoles. Era un lugar utilizado para actividades administrativas y religiosas, donde también se realizaban sacrificios. Es sorprendente cómo en un lugar tan sísmico como el que estamos, haya podido resistir tantos años, y esto se debe a las técnicas que ya usaban los incas en su día para que los edificios aguantaran terremotos.

Sitio Huaca Pucllana

Continuamos por la avenida Petit Thouars, llamada así en honor al almirante francés que participó en la Guerra del Pacífico de 1879. Luego nos internamos en San Isidro, el distrito financiero —bosque de edificios modernos y embajadas— y pasamos por el comercial barrio de Lince, el distrito más pequeño de Lima. El tráfico era un absoluto caos: bocinas, carriles improvisados, vendedores ambulantes… pura Lima.

El tráfico caótico de Lima

Al acercarnos al centro histórico vimos la estatua de Miguel Grau, héroe naval del Perú, y dos edificios monumentales: el Palacio de Justicia y un palacio francés de art Nouveau llamado Casa Roosevelt (de Ricardo de Jaxa Malachowski – padre de la arquitectura limeña), emblemas de la Lima republicana.

Casa Roosevelt

Plaza San Martín y el histórico Hotel Bolívar

El autobús turístico nos dejó en la majestuosa Plaza San Martín, construida en 1921 para conmemorar el centenario de la independencia. Su monumento central, una escultura de bronce de más de 20 metros de altura, domina un espacio rodeado de arquitectura neocolonial y edificios blancos. Llama la atención que las construcciones de corte moderna debido a las destrucciones acaecidas por los terremotos que han ido produciéndose en la capital peruana.

Estatua de San Martín

Justo delante se encuentra el Hotel Bolívar. Conserva ese aire solemne de los grandes hoteles de principios del siglo XX. Inaugurado en 1924 como parte de las celebraciones por el centenario de la independencia del Perú, fue concebido para mostrar una Lima elegante, cosmopolita y conectada con las tendencias arquitectónicas europeas de la época. Su fachada imponente, de líneas neoclásicas y balcones simétricos, contrasta con el bullicio del centro limeño. Dentro, los techos altos, los mármoles, las lámparas de cristal y los salones amplios recuerdan una época en la que Lima aspiraba a consolidarse como capital moderna en Sudamérica.

Hotel Bolívar

Durante gran parte del siglo XX, el Bolívar fue el punto de encuentro de políticos, diplomáticos, artistas, escritores y viajeros ilustres. También se hizo famoso por su pisco sour, del que se dice que alcanzó en este hotel su versión “catedral”, servida en copas generosas y con un equilibrio perfecto entre dulzor, acidez y aroma. Aunque hoy Lima ofrece alternativas más modernas, el Bolívar mantiene su encanto histórico.

Calle Jirón y la Iglesia de la Merced

Desde la plaza caminamos por la tradicional calle Jirón de la Unión, una vía comercial con edificios coloniales y balcones de madera que conserva el ambiente del antiguo centro limeño. Con anterioridad, era la zona más comercial de Lima, pero recientemente se ha ido moviendo a Larcomar (con un ambiente más sofisticado, moderno y tranquilo).

Calle Jirón

Lima fue llamada la ciudad de los balcones, debido a lo común de este rasgo propio de los edificios de allí. Suelen ser de madera (cedro, y/o roble). Más tardes derivaría en balcones de estilo más republicano (diría art noveau).

Ejemplos de balcones de la época republicana
Ejemplos de balcones coloniales y republicanos

Llegamos hasta la Basílica y convento de Nuestra Señora de La Merced situada en la plazoleta de la Merced, uno de los templos más antiguos y emblemáticos del centro histórico de Lima. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando los frailes mercedarios levantaron una primera iglesia poco después de la fundación de la ciudad. Aquella construcción inicial sufrió los efectos de varios terremotos, por lo que el edificio que vemos hoy corresponde sobre todo a la gran reconstrucción del siglo XVIII, cuando se consolidó su estilo barroco limeño y francés, reconocible por las fachadas profusamente decoradas en piedra tallada en distintos colores.

Nuestra Señora de La Merced

El interior es un ejemplo magnífico del esplendor religioso de la época virreinal. El altar mayor, revestido en pan de oro, destaca por su riqueza ornamental y por la presencia de Nuestra Señora de la Merced. A los lados se distribuyen capillas con imágenes y retablos de notable antigüedad, donde convergen elementos escultóricos españoles y tradiciones artesanales locales.

Altar mayor
Retablos en capillas laterales

Saliendo de la basílica nos encontramos con la estatua de Ramón Castilla. ¿quién fue está figura?

Ramón Castilla es una de las figuras políticas más importantes de la historia republicana del Perú y uno de los personajes clave del siglo XIX. Nacido en 1797 en Tarapacá, tuvo una trayectoria marcada por la guerra, la inestabilidad política y, finalmente, la modernización del Estado peruano. Participó primero en el ejército realista y más tarde se sumó al bando independentista, lo que le permitió conocer de cerca las tensiones del nuevo país tras la independencia. Fue presidente del Perú en dos periodos (1845–1851 y 1855–1862) y su legado está estrechamente ligado a la bonanza económica del guano, que supo administrar con una visión poco común para la época. Durante sus gobiernos impulsó reformas fundamentales: abolió la esclavitud en 1854, eliminó el tributo indígena, fortaleció la educación pública, reorganizó el ejército y promovió grandes obras de infraestructura, como carreteras, puertos y el primer ferrocarril del país. A diferencia de muchos caudillos de su tiempo, Castilla defendió un Estado más institucional y menos personalista, apostando por una república con bases legales más sólidas. Su figura representa el intento más serio del Perú del siglo XIX por dejar atrás el caos posindependentista y construir un país moderno, más justo y económicamente viable.

Estatua de Ramón Castilla

Plaza Mayor, Catedral de Lima y Palacio de Gobierno

Avanzando hacia el corazón del centro histórico llegamos a la Plaza Mayor, también conocida como Plaza de Armas. Es el lugar donde se fundó Lima y donde se levantan algunos de los edificios más importantes del país. También se encuentra el km 0 del territorio peruano.

Plaza Mayor

Catedral de Lima

La Catedral de Lima, ubicada en la Plaza Mayor, es uno de los símbolos más importantes de la ciudad y una pieza clave en la historia religiosa y política del Perú. Su construcción comenzó en 1535, el mismo año de la fundación de la ciudad, siguiendo la orden directa de Francisco Pizarro. Aquella primera iglesia fue modesta, pero pronto se amplió hasta convertirse en un gran templo diocesano. A lo largo de los siglos, la catedral ha sufrido varios terremotos, lo que obligó a reconstrucciones sucesivas. Por eso, el edificio actual combina elementos renacentistas, barrocos, y detalles neoclásicos, reflejando de forma muy clara la evolución arquitectónica de Lima desde el periodo virreinal hasta la República.

Catedral de Lima

En su interior, la catedral es solemne y luminosa. Las naves amplias, las bóvedas sostenidas por columnas robustas y los altares laterales permiten apreciar esculturas, pinturas y retablos que datan de los siglos XVI al XVIII. Uno de sus puntos más significativos es la capilla que alberga los restos de Francisco Pizarro, cuyo sarcófago, ricamente ornamentado, se exhibe en una de las salas del templo. También destacan los coros tallados en madera, el museo de arte religioso y una serie de capillas dedicadas a diferentes advocaciones. Cada espacio conserva piezas que hablan del poder de la Iglesia en la vida colonial y del papel de Lima como capital del virreinato.

Palacio de Gobierno

El Palacio de Gobierno del Perú, también conocido como Casa de Pizarro, domina uno de los costados de la Plaza Mayor y es la sede oficial de la Presidencia de la República. Su origen se remonta a 1535, cuando Francisco Pizarro mandó construir en ese mismo lugar su residencia y sede administrativa tras la fundación de Lima. Esa casa original, como muchas estructuras virreinales, fue destruida por varios terremotos, de modo que el edificio actual es fruto de múltiples reconstrucciones, especialmente la gran reforma de comienzos del siglo XX que le dio el aspecto monumental y republicano que hoy se reconoce.

Palacio de Gobierno

La fachada es imponente, con influencias neobarrocas y neocoloniales, marcada por balcones ornamentados y un portal central que mira directamente a la plaza. En el interior se encuentran salones ceremoniales, patios, escalinatas y despachos oficiales que combinan decoración clásica con elementos propios de la historia política del país. Uno de los momentos más conocidos para los visitantes es el cambio de guardia, que se realiza diariamente en el patio principal con una banda militar y un despliegue solemne de protocolos. Aunque el acceso suele estar restringido por motivos de seguridad, contemplar el palacio desde la Plaza Mayor permite entender el peso simbólico e institucional que ha tenido Lima como capital desde el virreinato hasta nuestros días.

La Fuente

La fuente de la Plaza Mayor de Lima es uno de los elementos más antiguos y simbólicos del espacio fundacional de la ciudad. La primera fuente se colocó en el siglo XVI para abastecer de agua potable a la población, algo esencial en una ciudad que crecía rápidamente. La estructura actual data de 1651, mandada construir por el virrey García Sarmiento de Sotomayor. Está realizada en bronce y coronada por una figura que representa la abundancia, y durante siglos fue un punto de encuentro cotidiano: allí se recogía agua, se socializaba y se marcaba el pulso diario de la ciudad.

Convento de Santo Domingo: santos limeños y leyendas

La última parada del día fue el Convento de Santo Domingo, uno de los complejos religiosos más antiguos y relevantes del país. No es solo un edificio: es un fragmento vivo de la historia de la ciudad, un espacio donde se mezclan arte colonial, espiritualidad, tradición intelectual y la memoria de algunos de los personajes más venerados del catolicismo peruano. Su fundación se remonta prácticamente a los inicios de la ciudad (1535), y durante siglos fue un centro de poder religioso, académico y social.

Convento de Santo Domingo

Un convento que acompañó el nacimiento de Lima

Los dominicos llegaron al Perú poco después de la conquista española y comenzaron a levantar este convento hacia mediados del siglo XVI. Con el tiempo, el complejo se convirtió en uno de los principales puntos de difusión religiosa en el virreinato. Aquí funcionó uno de los primeros centros de estudios del país, vinculado a lo que sería más adelante la Universidad de San Marcos, la más antigua de América. El convento también sirvió como punto de encuentro para la élite intelectual de la época, que debatía sobre teología, filosofía y asuntos políticos entre sus claustros rosados.

Aunque Lima sufrió numerosos terremotos, Santo Domingo resistió mejor que otros templos y ha mantenido gran parte de su estructura original. Caminar por sus patios y claustros, cubiertos por arquerías y azulejos sevillanos del siglo XVII, genera la sensación de viajar atrás en el tiempo.

Azulejos sevillanos en las paredes

Arquitectura colonial y tesoros que han sobrevivido siglos

El exterior de la iglesia destaca por su torre campanario de 54 metros (antiguamente más alta pero ha ido menguando debido a los terremotos), una de las más antiguas de la ciudad, que combina elementos barrocos y ornamentaciones de influencia mudéjar. El interior es igualmente notable: retablos dorados, capillas laterales, altares con imaginería virreinal y obras que muestran cómo los artistas locales adaptaron los estilos europeos al contexto peruano.

El colorido claustro con la torre campanario

Uno de los puntos más llamativos es la sacristía, donde se conservan cuadros, ornamentos litúrgicos y mobiliario histórico. También destaca la biblioteca antigua. Con aproximadamente 25.000 libros, se trata de un espacio extraordinario lleno de volúmenes impresos entre los siglos XVI y XVIII. Estanterías de madera oscura, escaleras altas y una luz tenue envuelven a quien entra, recordando el papel que tuvieron los dominicos en la educación y la copia de manuscritos.

La biblioteca

El convento de los Santos: un lugar único en América

Santo Domingo es especialmente conocido porque aquí reposan los restos de cinco santos, tres de origen español y dos peruanos. Entre ellos destacan dos figuras profundamente queridas en el país:

Los santos
Los rostros de los santos
Los restos donde descansan los santos

Santa Rosa de Lima

Es la santa más célebre del Perú y patrona de América. Nació en 1586 en Lima y, desde muy joven, mostró una vocación religiosa intensa. Llevaba una vida de austeridad y penitencia, dedicada a cuidar enfermos y ayudar a los más necesitados. Su fama de santidad se extendió por toda la colonia debido a los supuestos milagros atribuidos a su intercesión. Tras su muerte, fue canonizada y se convirtió en la primera santa de América Latina. En el convento se conservan reliquias suyas y espacios que evocan su devoción. Tanto su fama como el de San Martín de Porres se debía también a que tenían poderes sanadores. También se le atribuye evitar que los corsarios holandeses abordaran en Lima en el SXVI (esta fue la razón principal de que la ciudad se amurallase en este siglo).

Santa Rosa de Lima en el lecho de muerte

Desafortunadamente, como muchos santos murió joven, debido a un aneurisma cerebral.

San Martín de Porres

Hijo de una mujer africana y un hidalgo español, nació en 1579. Por su origen mestizo y el racismo de la época, no se le permitió ingresar plenamente como fraile profeso al principio, pero su humildad, su trabajo como enfermero y su atención a pobres y animales le ganaron un cariño inmenso en Lima. Se le atribuyen numerosos prodigios, desde curaciones milagrosas hasta episodios de bilocación. Su figura representa una espiritualidad profunda, cercana, compasiva y totalmente opuesta a las jerarquías rígidas de su tiempo. Sus restos también se veneran en el convento.

Además de ellos, aquí están los restos de San Juan Macías y otros santos ligados a la tradición dominica, lo que convierte al convento en uno de los centros de peregrinación más importantes del país.

La visita resulta especialmente interesante por su atmósfera: cada claustro tiene un sonido distinto, ya sea el murmullo de una fuente, el eco de los pasos o el silencio absoluto de las salas museísticas. Todo transmite la sensación de un espacio que ha sido habitado, cuidado y respetado durante casi cinco siglos.

Murales coloridos con temática indígena, mestiza y católica
La tapada limeña eran mujeres que tenían un particular modo de vestir, con saya chal y manto. Fue parte de la identidad y tradición de Lima, siendo expresión de la libertad y coquetería innata de la mujer limeña.

Después de la visita a este maravilloso convento, poco más pudimos hacer y volvimos al autobús turístico, el cual nos esperaba para retornar a Larcomar. El tráfico se había elevado a su máxima expresión y tardamos más de lo normal en llegar a dicha zona de Miraflores. No obstante, no tuvimos problemas en llegar a tiempo al aeropuerto para retornar a casa esa misma noche, después de una larga y satisfactoria estancia en los Andes.

Algunas preguntas sobre Lima

¿Es posible conocer Lima en un solo día?
Sí, siempre que el recorrido esté bien planificado. Un solo día permite obtener una visión bastante completa de Lima si se combinan zonas clave como Miraflores y el centro histórico. No es una visita profunda, pero sí suficiente para entender la identidad de la ciudad, su pasado colonial, su herencia prehispánica y su vida urbana actual. El uso de transporte organizado resulta clave para aprovechar el tiempo.

¿Qué zona es mejor para empezar una visita corta a Lima?
Miraflores es una excelente opción para comenzar. Es una zona segura, ordenada y con vistas al océano Pacífico. Espacios como Larcomar permiten tener un primer contacto amable con la ciudad, además de disfrutar de buena gastronomía y paseos abiertos antes de adentrarse en el centro histórico, que es más intenso y caótico.

¿Merece la pena Larcomar si se dispone de poco tiempo?
Sí, porque Larcomar no es solo un centro comercial. Su ubicación sobre los acantilados lo convierte en un mirador privilegiado del Pacífico y en un punto de descanso visual antes de una jornada intensa. Además, concentra buena oferta gastronómica en un entorno fácil de recorrer en poco tiempo.

¿Qué se ve realmente en una ruta panorámica en bus por Lima?
Una ruta turística en bus permite entender la escala de la ciudad y sus contrastes. Se recorren distritos modernos como Miraflores y San Isidro, zonas más densas como Lince, avenidas históricas y restos arqueológicos como la Huaca Pucllana. También ayuda a contextualizar el tráfico, el crecimiento urbano y la diversidad social de Lima.

¿Qué lugares del centro histórico son imprescindibles?
La Plaza San Martín, el Jirón de la Unión, la Iglesia de La Merced, la Plaza Mayor, la Catedral de Lima, el Palacio de Gobierno y el Convento de Santo Domingo forman un recorrido coherente y representativo. En pocas horas se concentran siglos de historia política, religiosa y arquitectónica del país.

¿Se puede entrar a la Catedral de Lima y a los conventos en una visita breve?
Sí, aunque depende del horario. La Catedral de Lima y el Convento de Santo Domingo suelen permitir visitas durante el día, pero es recomendable llegar con margen, ya que pueden cerrar por actos religiosos o seguridad. Incluso una visita corta aporta mucho contexto histórico y cultural.

¿Por qué el Convento de Santo Domingo es tan relevante?
Porque no es solo un edificio colonial: es un espacio clave para entender la religiosidad limeña y la historia social del Perú. Alberga los restos de Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, figuras fundamentales del catolicismo americano, y conserva claustros, bibliotecas y salas que reflejan siglos de vida intelectual y espiritual.

¿Qué sensación deja Lima tras un solo día?
Lima deja una impresión intensa y contradictoria: es caótica en el tráfico, solemne en su centro histórico, moderna en barrios como Miraflores y profundamente mestiza en su identidad. Un día no basta para conocerla a fondo, pero sí para entender que es una ciudad compleja, con muchas capas históricas superpuestas y una personalidad muy marcada.