Continuación de Rovaniemi en Navidad: 10 actividades imprescindibles (Auroras Boreales, Arktikum y gastronomía local). Segunda Parte.
En el viaje a Laponia, quisimos combinar unos días en Rovaniemi, con la parte de Laponia algo menos turística, un poco más pura, exponernos a la naturaleza ártica algo más, siempre teniendo en cuenta que llevábamos niños con nosotros, y que teníamos que realizar un itinerario seguro.

Decidimos viajar al pueblo de Levi, un contrapunto ideal a Rovaniemi. A tan solo dos horas al norte (algo menos de 200km), nos encontramos con la mejor pista de esquí prácticamente de Laponia, y un lugar ideal para poder realizar excursiones con una exposición de mayor naturaleza si cabe. No digo que Rovaniemi no lo ofrezca, pero Levi y sus alrededores ofrecen una naturaleza más pura. Y, particularmente, el trayecto de Rovaniemi a Levi te da una buena idea del paisaje generalizado de esta región de Finlandia, cosa que Rovaniemi y alrededores puede no dártela ya que está más enfocado a adaptarse al turismo en masa.

Levi también es un destino que puedes llegar fácilmente en autobús de línea completamente preparado. Acordaos que no disponíamos de coche y teníamos que combinar con un lugar realista donde podíamos ir andando a cualquier punto. Y ese fue Levi.
Este pueblo está más al norte, por lo que hace más frío y hay menos horas de sol. Y, si bien, el desplazamiento solo son dos horas en coche, esto no es un tema menor para el ciclo solar, porque estás avanzando al norte dentro del Círculo Polar Ártico. En Rovaniemi, al estar justo sobre el inicio de dicho círculo no hay apenas un día donde no salga el sol (como máximo sale 2-3 horas en los días más oscuros). Sin embargo, en Levi hay noche completa (sol por debajo del horizonte todo el día) durante aproximadamente 37 días al año, normalmente desde primeros de diciembre hasta la primera semana de enero. En ese periodo el sol no llega a salir en ningún momento; lo que hay es una penumbra azulada durante unas horas al mediodía.

Y eso justo lo que nos encontramos en Levi, una ausencia de ver el sol durante 3 días.
La pequeña ciudad lapona acentúa las características naturales de Rovaniemi en el frío y en la nieve también. El espesor de nieve es mayor, y hay muchos lugares donde no está despejado del todo y hay menos tránsito. El frío también es más intenso. De hecho, desde la llegada a Laponia, la temperatura que marcó el primer día fue un razonable -6ºC pero ésta siguió bajando gradualmente, llegando en Levi a marcar unos 23ºC bajo cero a nuestra llegada, y desplomándose las temperaturas a un mínimo de 33,4ºC bajo cero al siguiente día. Una auténtica locura si tienes que proteger a niños del frío.

Cuando la temperatura baja de -20ºC, se recomienda encarecidamente que los menores no salgan de casa y se suspenden todas las actividades que pudieran realizar. Por lo que, para su infortunio, no pudieron hacer mucho al aire libre durante dos días. Menos mal que la casa era grande, muy vistosa y exterior, y ello, pudo amenizar el tiempo transcurrido en Levi.
Por otra parte, los mayores, después de abrigarnos debidamente, pudimos hacer actividades de esquí, motos de nieve e incluso seguir viendo auroras boreales.
Levi: naturaleza, nieve y ritmo propio en Laponia, el contrapunto perfecto de Rovaniemi
Levi es uno de los destinos más consolidados de la Laponia finlandesa, pero no transmite la sensación de lugar explotado. Se estructura alrededor de una colina suave —Levitunturi— y de una estación de esquí que condiciona todo: el urbanismo, los servicios y la forma en la que se vive el invierno. A diferencia de Rovaniemi, aquí no hay dispersión. Todo está concentrado, pensado para que el visitante se mueva poco y aproveche el entorno sin grandes desplazamientos. Fuera de este núcleo, como indiqué, apenas está preparado para que puedas moverte y atravesar la espesa nieve. Por tanto, no necesitas coche.
A diferencia de la urbana Rovaniemi, aquí el paisaje es el gran protagonista. Bosques densos de abetos, lagos helados durante buena parte del año y una continuidad blanca que domina la vista en invierno.
Actividades principales en Levi
Levi es conocido por su esquí alpino, uno de los más completos de Finlandia. Las pistas no son especialmente técnicas si se comparan con los Alpes, pero están muy bien mantenidas y son variadas. Es un destino cómodo tanto para principiantes como para esquiadores intermedios, con remontes modernos y poca masificación. Hablo de ello más adelante.
Más allá del esquí, Levi ofrece actividades clásicas de Laponia, pero mejor integradas en el entorno y con menor sensación de producto turístico rápido. Raquetas de nieve por el bosque, safaris en moto de nieve, trineos de renos o huskies y rutas nocturnas para observar auroras boreales cuando las condiciones lo permiten. Ofrece un pack muy parecido a Rovaniemi, con un toque menos masificado. Todo se desarrolla con tiempos más largos y grupos más pequeños, lo que cambia bastante la experiencia, comparada con la capital lapona.
El pueblo de Levi: funcional y tranquilo
El núcleo urbano de Levi es pequeño y práctico. No busca encanto artificial ni estética de postal exagerada. Restaurantes, supermercados, alquiler de material y alojamientos están concentrados. Incluso en pleno invierno, moverse a pie resulta sencillo.

La oferta gastronómica es correcta, sin grandes pretensiones. Predominan platos calientes, carnes, pescado y cocina internacional adaptada al frío. No es un destino culinario, pero cumple bien su función: reconfortar después de un día helado al aire libre.

Alojamiento y cultura de la sauna
El alojamiento en Levi suele ser en cabañas o apartamentos bien aislados, casi siempre con sauna privada. Como vimos, la sauna aquí no es un extra, sino una rutina. Forma parte del final del día, del descanso físico y mental.



Nosotros alquilamos una casa enorme con todas las prestaciones posibles, incluyendo sauna, un bonito jardín e incluso un jacuzzi funcionando. Puedes salir en bañador a -30ºC, estar en el jacuzzi al aire libre unos 10 minutos, y volver a casa como si nada (más allá del impacto de salir del jacuzzi al aire gélido con un bañador mojado donde puede helarse casi al instante).


Las pistas de esquí de Levi: comodidad, nieve constante y esquí sin presión
Las pistas de esquí de Levi están pensadas para ofrecer una experiencia estable y accesible más que para buscar grandes retos técnicos. El dominio se organiza alrededor del monte Levitunturi, con desniveles moderados y pistas relativamente cortas que permiten encadenar muchas bajadas sin cansancio excesivo. La mayoría de los trazados son verdes y azules, amplios y bien señalizados, lo que convierte a Levi en una estación especialmente adecuada para principiantes y esquiadores de nivel intermedio.
Uno de los grandes puntos fuertes de Levi es la calidad de la nieve y su mantenimiento. Las temperaturas bajas y constantes permiten conservarla en muy buen estado durante toda la temporada, con un pisado regular y homogéneo. A esto se suma un sistema de remontes moderno y eficiente, que reduce colas y facilita moverse entre zonas sin interrupciones. El esquí aquí es fluido y predecible, algo que se agradece especialmente en viajes de varios días.

Un rasgo distintivo de Levi es el esquí nocturno, habitual y bien integrado en la estación. Algo lógico pensando en las pocas horas de luz que disfrutan en Levi en invierno. Por tanto, varias pistas permanecen iluminadas cuando ya no hay luz natural, ofreciendo una experiencia diferente, más silenciosa y atmosférica. No añade dificultad técnica, pero sí variedad y una forma distinta de vivir la montaña. En conjunto, Levi no busca impresionar por desnivel o dificultad, sino por equilibrio, fiabilidad y una manera de esquiar tranquila que encaja perfectamente con el entorno de Laponia.
El día que hicimos esquí, las temperaturas eran increíblemente bajas también, y como dato curioso, en lo alto del remonte la temperatura ascendía hasta unos 12ºC grados bajo cero, cuando en la base de la montaña la temperatura se desplomaba hasta los 30ºC bajo cero. Teníamos una sensación bajando la pista de enfriamiento extremo por momentos.
A toda velocidad en motos de nieve en Levi
Ya conté con anterioridad esta experiencia en actividades de Rovaniemi, pero como fue realizada en Levi finalmente, tiene sentido integrarla aquí dentro del relato de Levi: es una de esas experiencias transversales que definen el invierno lapón, independientemente del lugar exacto donde se realicen.

Nada más llegar al punto de salida empieza el ritual del equipamiento. Mono térmico, botas, casco, gafas, guantes dobles. Todo está pensado para aislarte del frío, aunque sabes desde el principio que no será hermético. Ajustas la braga al cuello y ya asumes que el aire encontrará algún resquicio. A veces se empañan las gafas, otras el visor, y en cuanto respiras hondo notas cómo el frío entra directo al pecho. Yo conduje desde el primer momento y mi madre se sentó detrás, bien pegada a mi espalda. Antes de arrancar, las instrucciones fueron claras y básicas: acelerar con suavidad, frenar sin brusquedad y mantener la distancia. Nada complicado, pero suficiente para recordar que debajo no hay asfalto, sino nieve compactada.
Los primeros minutos exigen atención total. La moto pesa, responde con fuerza y se desliza sobre una superficie que no perdona errores. Cada curva se toma con cuidado, cada bache se nota en el cuerpo, más aún cuando el frío empieza a calar. Agradecí mucho que el manillar estuviera calefactado y, sobre todo, llevar un chaleco térmico bajo las capas interiores, alimentado por una batería externa. Incluso el móvil puede apagarse por el frío, así que conviene llevarlo en una capa intermedia y no en el bolsillo exterior.

Avanzábamos en fila, siguiendo las señales del guía. El sistema era simple: gestos con la mano para acelerar, reducir o detenerse, y cada uno replicaba la señal para avisar al siguiente. Detrás, mi madre apenas hablaba. Notaba su peso, su agarre, algún apretón extra cuando el terreno se volvía más irregular. Una comunicación silenciosa pero constante, suficiente para saber que todo iba bien.
Tras dejar atrás el pueblo y cruzar el bosque, el recorrido se abrió de repente. Llegamos a una gran explanada, seguramente un lago completamente helado. Allí el guía nos dio margen y permitió aumentar la velocidad. La sensación cambió por completo. La moto dejó de sentirse contenida y pasó a deslizarse con libertad. El viento golpeaba con más fuerza, la vibración era constante y el horizonte blanco parecía moverse hacia nosotros. Mi madre decía que casi sale despedida, seguramente exagerando un poco, como suele hacer. El principal inconveniente seguía siendo el visor empañado, que obligaba a abrirlo más de lo deseable y dejar que el aire helado te golpeara la cara.

Las dos horas pasaron sorprendentemente rápido. Al terminar, al quitarme el casco, el frío ya no parecía tan intenso, como si el cuerpo se hubiera adaptado. Mejillas rojas, nariz entumecida y el vello facial completamente congelado. No es una actividad barata —supera fácilmente los 100 €— y suele contratarse a través de agencias locales, pero la experiencia justifica el esfuerzo. Más que una excursión, es una forma directa de entender el territorio y la escala real de Laponia.
Más información en Easy snowmobile safari into the nature / Levi – Safartica.
Auroras boreales y frío extremo en Levi
Ver auroras boreales en Levi resulta sensiblemente más sencillo que en Rovaniemi. La razón es puramente geográfica: Levi está más al norte y más cerca del óvalo auroral, la franja donde este fenómeno se produce con mayor frecuencia. A esto se suma un entorno con menos contaminación lumínica y cielos más abiertos. No significa que se vean cada noche, pero sí que las probabilidades son mayores y la espera suele ser más corta. En nuestro caso, no fue una caza activa ni una excursión específica: simplemente ocurrió, las dos noches que pasamos allí y de forma casi constante (ya sea en el jardín del alojamiento o en el camino al supermercado). He de decir que no fue más espectacular que en Rovaniemi por no tener la misma actividad boreal que en Nochevieja, pero fue igualmente increíble y embriagador de ver y disfrutar.






El frío esos días era extremo. Las temperaturas rondaban los –30 °C, un nivel que deja de sentirse solo como incomodidad y pasa a convertirse en un fenómeno físico tangible. Para comprobarlo hicimos una de esas pruebas que solo tienen sentido en lugares así: lanzar agua al aire con un cazo. El proceso es inmediato. Al salir despedida, el agua se fragmenta en miles de gotas muy finas y, al entrar en contacto con el aire gélido, se congela casi al instante antes de tocar el suelo. No cae como agua, sino como una nube blanca, casi en forma de vapor sólido.
El efecto no es visualmente espectacular por sí solo, pero sí muy revelador. En segundos entiendes hasta qué punto el frío domina el entorno, y que si te expones con poca ropa al exterior, podrías morir congelado en unos pocos minutos. De ahí que esperábamos no tener ninguna avería en cuanto a la calefacción de la casa.
He de decir, que después de haber estado expuesto a esas temperaturas, tuve una especie de golpe de frío que me hizo encontrarme mal durante los días siguientes. Recuperar el calor en una sauna durante un tiempo prolongado palió en parte el malestar, pero hasta pasado 3-4 días no recuperé la normalidad.
Resumiendo, Levi es la guinda al viaje a Laponia
Levi es el contrapunto perfecto dentro de un viaje por Laponia: menos estímulo, más entorno. Aquí todo gira en torno a la nieve, el silencio y la regularidad del invierno, sin necesidad de artificios. Las pistas de esquí accesibles, las motos de nieve, la mayor facilidad para ver auroras y ese frío extremo que se vuelve casi físico construyen una experiencia más auténtica e invernal.




