Como hemos visto en tantas otras ocasiones en ciudades con historia europeas, Bruselas es una ciudad que parece hecha de capas: debajo del vidrio de las instituciones europeas late una capital medieval; debajo del empedrado, un puerto interior que ya no existe; y, detrás de las fachadas “elegantes”, una historia de incendios, revoluciones, ocupaciones y reinvenciones.
Orígenes y evolución de la ciudad de Bruselas
De pantano a ciudad mercantil
El origen de Bruselas suele contarse con una imagen muy concreta: un asentamiento en una zona húmeda junto al río Senne. El nombre tradicionalmente se interpreta como algo parecido a “hogar en el pantano”. En el siglo X, alrededor de una pequeña fortificación y una capilla, empieza a consolidarse un núcleo urbano que crece por su posición: no era un gran puerto marítimo, pero sí un punto estratégico entre rutas comerciales de Flandes y el interior.
Con el tiempo, Bruselas se integra en el poderoso mosaico urbano de los Países Bajos medievales. No era la única estrella (Gante, Brujas o Amberes pesaban muchísimo), pero Bruselas va ganando relevancia como centro administrativo y residencial de la nobleza regional. La ciudad se fortifica, se organiza en gremios, y se convierte en una plaza de mercados y oficios.
Borgoña, lujo y política
En los siglos XIV y XV, los duques de Borgoña convierten buena parte de estas tierras en una potencia europea. Bruselas se beneficia: llega la corte, llega el dinero, y la ciudad se refina. El paisaje urbano se llena de edificios representativos y la vida pública se ritualiza: ceremonias, entradas triunfales, procesiones, decisiones políticas.
Habsburgo, Reforma y tensiones
Con los Habsburgo (y especialmente en la época de Carlos V), Bruselas vuelve a estar en una primera línea política. Pero el siglo XVI trae una fractura decisiva: la Reforma protestante, las guerras de religión y la rebelión de las Provincias Unidas. Mientras el norte acaba separándose (lo que hoy asociamos con Países Bajos), Bruselas queda en la órbita de los Países Bajos españoles.
En clave de ciudad, esto se traduce en dos cosas que se notan aún:
- Una vocación administrativa fuerte (gobernar, regular, representar).
- Un impulso barroco y católico en el arte, las iglesias y la iconografía.
1695: el día que cambió el centro
En 1695, tropas francesas arrasan una parte enorme del centro histórico. La Grand-Place queda devastada, y lo que hoy parece antiguo es, en realidad, una reconstrucción espléndida y rápida, impulsada por los gremios.
Del siglo XVIII al XIX: de imperios a nación
Después, Bruselas pasa por más cambios de soberanía de los que a una ciudad le gustaría: influencia austriaca, sacudida revolucionaria francesa, y finalmente el gran giro del siglo XIX con la independencia de Bélgica (1830). Aquí nace la Bruselas “capital nacional”.
Aparecen bulevares, parques, estaciones y una arquitectura que quiere demostrar que Bélgica es moderna y próspera. La industrialización trae riqueza, pero también desigualdad y presión urbana.
Siglo XX: guerras, reconstrucción y una decisión inesperada
El siglo XX golpea como golpeó a casi toda Europa: ocupaciones durante las dos guerras mundiales, heridas económicas, cambios sociales. Y luego llega una transformación silenciosa pero gigantesca: Bruselas se convierte, poco a poco, en capital “de facto” de Europa.
Fue una suma de decisiones prácticas, equilibrios diplomáticos y necesidad de un lugar donde instalar instituciones internacionales en la posguerra. El resultado es la Bruselas que hoy se conoce: una ciudad donde conviven barrios de oficinas institucionales, comunidades internacionales y una vida local muy belga que sigue girando alrededor de mercados, cafés, cómics, cerveza y pequeños rituales cotidianos.
Bruselas hoy: una ciudad de contrastes que funciona por mezcla
Bruselas es oficialmente bilingüe (francés y neerlandés), pero en la calle oyes decenas de idiomas. Tiene barrios con identidades muy distintas, y esa diversidad es parte de su carácter.
Jornada en Bruselas (Grand-Place, Manneken Pis, galerías reales, cómics, cerveza y Atomium)
Lo mejor de un recorrido por Bruselas es empezar en el corazón más teatral de la ciudad, al Gran-Place, y allí fijar un recorrido alrededor del casco antiguo. Casi todo lo relevante está a golpe de caminar, y es justo aquí donde suelen comenzar los tours guiados, uno de los cuáles tuvimos la suerte de realizar para entrar en contexto.
Grand-Place: el salón de Bruselas al aire libre
La Grand-Place es una plaza con increíble belleza, y el resumen visual de por qué Bruselas pasó de ser una ciudad mercantil a una capital que aprendió a exhibir poder, riqueza y orgullo cívico.
Lo primero que se entiende al pisarla es su forma: un rectángulo irregular, cerrado, casi como un escenario, de 110 metros de largo por 68 de ancho. No es una plaza abierta y dispersa; es íntima, contenida. Las fachadas te envuelven y te obligan a mirar hacia arriba. Si el día está claro, el dorado y los detalles parecen exagerados; si está nublado, la piedra y los tejados se vuelven serios y apagados (como gran parte del año).
Qué estás viendo exactamente
El ayuntamiento (Hôtel de Ville) y su torre
En uno de los lados domina el Ayuntamiento, con su torre altísima y su aguja. Es el gran símbolo municipal: la ciudad afirmándose frente a la nobleza y, más tarde, frente a los distintos poderes que han ido mandando en estas tierras. La torre es como una brújula visual que te orienta desde muchas calles del centro.
La Maison du Roi / Broodhuis (Casa del Rey)
Frente al Ayuntamiento está la llamada “Casa del Rey” (en neerlandés, “Casa del Pan”). Antes fue un espacio vinculado al abastecimiento (pan), y con el tiempo se asocia al poder representado “en nombre del rey”.
Las casas gremiales
El resto del perímetro son las casas de los gremios: cerveceros, panaderos, carpinteros, etc. Eran la tarjeta de visita económica de la ciudad. Cada gremio competía por prestigio y por presencia. Por eso se ve tanto detalle, tanto adorno, tanta alegoría; es propaganda de prosperidad.
El historiado edificio del Ayuntamiento de Bruselas
El Ayuntamiento de Bruselas (Hôtel de Ville / Stadhuis) es la pieza que “manda” en la Grand-Place: no por tamaño del edificio en planta, sino por cómo la torre y el gótico te obligan a mirarlo como si fuera un faro urbano. El ala izquierda es obra del arquitecto Jacques Van Thienen y data de 1402, y el ala derecha fue construida en 1444 por un arquitecto desconocido.
Cómo leerlo cuando estás delante
La torre: el gesto de poder
La torre es lo primero que te gana la vista. No es un campanario de iglesia: es una afirmación civil. Esta atalaya es una obra maestra de elegancia y soltura, construida en 1449 por Jean Van Ruysbroek. Se eleva a una altura de 90 metros y está coronada por una veleta de 5 metros representando a San Miguel derribando al dragón.
La fachada: un relato tallado en piedra
La planta baja está bordeada por un pórtico de 17 arcadas y es coronado por dos pisos cuyos altos cruceros están cargados de pináculos, tracerías, galerías, estatuas y esculturas. Parece un escenario diseñado para ceremonias, anuncios, entradas solemnes, procesiones.
En la base de la torre se abre una ancha puerta, abovedada. En los contrafuertes y en la ojiva, figuran la justicia, la prudencia, la paz, la ley, la templanza y la fuerza – varios de los atributos que se consideraban más importantes en la Edad Media.
Las esculturas: santos, virtudes y propaganda cívica
En los nichos y en la decoración hay figuras que explican la historia de la ciudad: santos, personajes históricos y alegorías. No es casual. En la mentalidad urbana medieval y de inicios de la modernidad, un ayuntamiento era una declaración moral de cómo debía comportarse la comunidad, quién la protegía y qué valores presumía tener.
Algunas salas del interior
Aunque no tuvimos el tiempo de visitarlo, hay varias zonas del interior del ayuntamiento que merece la pena mencionar:
- La Sala del Consejo Comunal, la antigua sala de los Estados de Brabante. Está decorada con hermosos tapices bruselenses realizados en el SXVIII.
- La sala Maximilien está decorada con tapicerías que ilustran la vida de Clovis.
- La antecámara del Alcalde, decorado con cuadros de J.B. Van Moer evocando rincones desaparecidos de la antigua Bruselas.
- La sala del matrimonio, en otros tiempos fue la sala del tribunal de reunión para los representantes de las naciones. En el muro hay un bordado de seda representando el amor, la ley y las esperanzas del matrimonio.
- La sala gótica, de 25 metros de largo por 12 de ancho y que servía para grandes recepciones y ceremonias oficiales.
- La escalera de honor, decorada en el SXIX y glorifica el poder comunal.
Las Casas Gremiales
Las Casas Gremiales de la parte derecha (Oeste) del ayuntamiento
Como he comentado anteriormente, uno de los aspectos más característicos de la plaza son las casas gremiales. Ya hemos visto que este tipo de edificios en plazas o zonas centrales de las ciudades importantes es algo típico en Bélgica, en particular, lo hemos visto en artículos de Gante y Amberes. En Bruselas, también llaman la atención por su estructura, estética e historia. A continuación, paso a comentar algunas de ellas:
El “Zorro” (casa Número 7)
Construida en 1697, y fue la casa del Gremio de los merceros, la casa es en estilo barroco, construida por Van Nerum y de Marc de Vos. Está presidida por San Nicolás, y en el primer piso, se representan esculturas que evocan los distintos continentes.
El “Cornet” (casa Número 6)
Construida en 1697, de estilo barroco, como casa del gremio de los armadores. Un símbolo al gremio fue la popa de un navío recreada en la parte más alta de la casa.
La “Loba” (casa Número 5)
La “loba” cobijó las corporaciones de los arqueros. Está adornada con estatuas y esculturas, siendo Marc de Vos, quien esculpió las cuatro estatuas del segundo piso: la Verdad, la Mentira, la Discordia y la Paz. El pináculo está coronado de un fénix dorado.
En el frontón está el dios Apolo lanzando las flechas, también hay 4 medallones que corresponden a 4 emperadores Romanos (Julio Cesar, Teberio, Cesar Augusto y Trajano). En el portón de entrada, está la loba amamantando a Rómulo y Remo – de ahí el nombre.
La casa “El Saco” (casa Número 4)
Fue construida en 1644 para ebanistas y torneros. Para honrar el gremio, el arquitecto Merkaert construyó la parte superior en forma de cofre. Quizá el edificio toma el nombre por emblema encima de la puerta que representa un saco sostenido por un personaje mientras otro mete sus manos profundamente en él.
La “Carretilla” (casa Número 2 y 3)
Edificada en 1697 por el gremio de los engrasadores. El pináculo está realzado por guirnaldas, flores y frutas. En el nicho se encuentra la estatua de Saint Gilles, patrón de los engrasadores.
La Casa de los Panaderos o Rey de España (casa Número 1)
Corresponde a la casa Le Roi d’Espagne (las casas del Rey de España): Fue construida en 1697, por el arquitecto Jean Cosyn, por y para el gremio de los panaderos, una de las corporaciones más ricas y numerosas de la ciudad. Se llama la casa del Rey de España, porque en su fachada está el busto Carlos II el hechizado. Encima de la puerta de la entrada hay un busto en bronce del obispo San Aubert, patrón de los panaderos. La casa está coronada por una cúpula octogonal.
Las Casas Gremiales a la izquierda de la Casa del Rey
Los dos grupos de casas que siguen son mucho más simples, pero conservan sus características de antiguas casas bruselenses. Son interesantes por sus nombres originales.
Las casas “El Asno” (39) y “Santa Bárbara” (38) presentan los mismos caracteres de simplicidad (de 1695 y 1696, respectivamente). “La Encina” (37) y el “Pequeño Zorro” (36) de 1696 están bajo un mismo techo y en la actualidad es un restaurante. “El Pavo Real” (35) tiene una fachada realzada de guirnaldas doradas y coronado por un pináculo propio de las casas del SXVII. Por último “El Yelmo” (34) tiene la fachada más espectacular de este grupo de Casas Gremiales.
Las Casas Gremiales a la derecha de la Casa del Rey
La casa “La Pequeña Pieza de Amman” (28) hoy en día se llama “Aux Armes de Brabant” debido a los escudos de armas que adornan la fachada.
“La Paloma” (26 y 27) era la casa de los pintores. Como dato curioso, fue habitada por Víctor Hugo en 1852.
“El Topo” y “La Chalupa de Oro” (24 y 25) pertenecían al gremio de los sastres. Encima de la puerta está el busto de Santa Bárbara, patrona de los sastres. Lo corona la estatua de San Bonifacio en actitud de bendición.
La casa “El Ángel” (23) de 1697, de estilo flamenco, pertenecía en el SXV a la Abadía de Forest.
“José y Ana” (21 y 22) y “El Ciervo” (20) son casas burguesas de aspecto simple. Quizá lo más llamativo es que la primera es actualmente sede de los famosos chocolates belgas Godiva.
Las Casas Gremiales a la izquierda del ayuntamiento
“La Estrella” (8) es una de las casas más antiguas de la plaza. Bajo el pórtico de esta casa se halla la estatua de Evraerd’ Serclaes, héroe de la lucha del SIV que opuso los gremios a los patricios.
“El Cisne” fue la casa del gremio de los carniceros. Posteriormente aquí se fundó el partido comunista belga en 1885 y Karl Marx escribió su manifiesto comunista. La casa está coronada con tres estatuas que representan entre otras, la abundancia y la agricultura.
“La casa Maison des Brasseurs” o “Casa de Cerveceros” (10), fue construida en 1696 por el arquitecto bruselense del siglo XVII Guillaume de Bruyn y en la actualidad aquí se encuentra el Museo de la Cervecería. Está coronada por la estatua ecuestre de Carlos de Lorena. También es destacable que es el único gremio que sigue vinculado a labores medievales.
“La Rosa” (11) pertenecía en el SXV a la familia Van Rosen.
“El monte Tabor” (12), fue construida en el 1699, y en la actualidad es un comercio de diamantes hechas a mano, llamado Gautam-Diamonds.
La Casa de los Duques de Brabante
La “Casa de los Duques de Brabante” está formada por las siguientes casas: La “Bolsa de Valores” (19), la “Olla de Estaño” (17-18), el “Molino de Viento” (16), la “Fortuna” (15), la “Ermita” (14), la “Reputación” (13) y la “Colina” 12 o casa de corporación de las “Cuatro Coronas”. Estas casas pertenecían a los gremios de los curtidores, molineros, carpinteros, escultores, pizarreros, albañiles y canteros.
Esta casa es una de las más imponentes de la Gran Plaza, y muestra el poder de estos gremios actuando en conjunto, en vez de por separado. El nombre del edificio proviene de los Duques de Brabante que adornan el zócalo de las pilastras. El edificio es muy curioso ya que se parece a un palacio italiano, pero está inspirado en los principios de arquitectura clásica, con una decoración en la fachada fiel al estilo flamenco.
La Maison du Roi o “la Casa del Rey”
La Maison du Roi (en neerlandés Broodhuis, “casa del pan”) ocupa el lado norte de la Grand-Place, justo enfrente del Ayuntamiento, y nació como una respuesta política muy clara: si el poder municipal se exhibía en el Hôtel de Ville, el poder del gobernante debía tener su propio “escenario” al otro lado. En su solar hubo mercados antiguos (entre ellos el del pan), pero el edificio que le da prestigio se levanta entre 1504 y 1536 para albergar servicios administrativos del duque de Brabante; y cuando Carlos V —duque desde 1506— es coronado rey de España en 1516, el inmueble empieza a conocerse como “Casa del Rey”, aunque ningún monarca vivió allí.
Lo que vemos hoy es su gran reconstrucción neogótica del siglo XIX (1874–1896), dirigida por el arquitecto Victor Jamaer, que quiso recuperar una imagen gótica “ideal” para la plaza. La fachada es pura filigrana: arcos y galerías, una torre central que remata el conjunto, un ritmo de pináculos que dibuja el cielo y una piel de piedra cargada de escultura; incluso hay referencias explícitas a Carlos V (por ejemplo, una figura suya en la torre) y una colección de detalles que se disfruta mejor acercándote y “leyéndolos” como si fueran un cómic de símbolos (figuras, escudos, ornamentación). Hoy, además, el edificio alberga el Brussels City Museum, donde hay una incomparable colección de lozas y porcelanas bruselenses, además de albergar la galería de trajes del “Manneken-Pis” del que hablaremos más adelante.
La curiosa fiesta del Ommegang
El Ommegang era la procesión de la iglesia de Nuestra Señora de Sablón, fundada por el Grand Serment, que se realizaba tradicionalmente el domingo anterior a Pentecostés y celebraba el traslado desde Amberes a la iglesia del Sablón, de la estatua milagrosa de Onze-Lieve-Vrouw opt Stocksken (Nuestra Señora de la Rama). La procesión era a la vez religiosa y popular, pues la ciudad había contribuido generosamente a los gastos de edificación de la iglesia. El Ommegang parece haber conocido su apogeo en el siglo XVI, especialmente con ocasión de la visita de Carlos V y su hijo Felipe. Los años de revueltas fueron evidentemente nefastos para las diversiones; en 1580, los iconoclastas quemaron la estatua milagrosa de la Virgen, la cual debió ser reemplazada. Y poco a poco su práctica fue declinándose. Entre 1928 y 1930 se recreó y revitalizó la actual celebración, basándose en la descripción que se conservaba de la procesión a la que asistió el mencionado emperador. Hoy en día, la práctica de este elemento, Patrimonio Cultural Inmaterial desde 2019, se ha convertido en un festejo cultural típicamente bruselense.
[FOTO DEL PRADO]El monumento más famoso de Bélgica, el Manneken Pis
Muy cerca de la Grand-Place, y como continuación de un recorrido turístico, uno puede contemplar en una pequeña calle la estatua más celebrada de todo Bélgica.
El Manneken Pis es una estatua diminuta (apenas 55,5 cm, unos 61 cm con la base) pero con una capacidad absurda para convertirse en “la cara” de una ciudad. Está en una esquina muy concreta del centro: el cruce de Rue de l’Étuve / Stoofstraat con Rue du Chêne / Eikstraat.
Su historia real empieza como una fuente pública. Hay constancia documental de una fuente en ese lugar ya en 1451–1452 (se menciona “donde el niño mea”), y durante siglos sirvió para el suministro de agua. La figura que fijó el icono llega después: el Ayuntamiento encargó una nueva versión al escultor Jérôme Duquesnoy el Viejo, y se colocó en 1619 (probablemente fundida/instalada hacia 1620). El nicho de piedra azul con estilo rococó/rocaille que lo enmarca hoy es posterior, de 1770, cuando se reconfiguró el conjunto para hacerlo más decorativo que funcional.
Cuenta la leyenda que un rico burgués habría perdido a su hijo único en la multitud en una fiesta popular. Pasados cinco días lo acabó encontrando en la esquina de la calle L’Etuve, haciendo lo que esta pequeña escultura todavía hace. También otra leyenda cuenta que tuvo influencia del gremio de curtidores de piel, ya que según parece, les pagaban a los niños para orinar en las pieles, ya que la urea acaba generando amoníaco, que ayuda a ablandar pieles y a procesos como el “despelo” antes del curtido. Y la urea infantil es especialmente buena para este proceso.
¿Y por qué tiene tanta fama?
Por una mezcla de humor local y tradición acumulada. En Bruselas, un símbolo nacional que no es un héroe a caballo, sino un crío meando. A eso se le suman dos cosas muy tangibles: la estatua ha sido robada o dañada varias veces a lo largo de la historia, lo que alimentó su leyenda; y, sobre todo, la costumbre de vestirlo. Esta tradición existe desde hace siglos y hoy tiene una “logística” oficial: se cambia de traje según calendario, y su armario suma más de 1.000 trajes; desde 2017 una selección se expone en el museo GardeRobe MannekenPis, a un paso de allí. Además, un dato clave: lo que se ve en la calle es una réplica colocada en 1965; el original se conserva en el Brussels City Museum.
La tradición documentada arranca en 1698: el Manneken recibe su primer traje el 1 de mayo de 1698, regalado por Maximiliano II Emanuel de Baviera, gobernador de los Países Bajos, en el contexto de festividades de un gremio de Bruselas. Desde ahí, vestirlo deja de ser una broma puntual y pasa a ser un honor: autoridades, gobernadores y, con el tiempo, instituciones y asociaciones empiezan a donar atuendos para fechas señaladas.
Hay marcas que pagan una pequeña fortuna para vestirlo. La propia marca de moda española Zara, por ejemplo, liquidó 22.000 EUR para ponerle un traje con su marca. Los días nacionales de algunos países, también se aprovechan a vestirlos de trajes típicos de ese país (el 12 octubre lo viste con un traje de España). Tanto es el trabajo de vestirlo y desvestirlo que existe un vestidor oficial del Manneken Pis.
Se hizo popular por dos motivos muy concretos. Primero, porque el cambio de traje se convirtió en un pequeño espectáculo ceremonial (con música y gente reunida), fácil de ver y de recordar, en una ciudad donde las tradiciones urbanas importan. Segundo, porque el Manneken acabó funcionando como un portavoz simbólico: con cada traje se celebra una visita, un evento, una profesión, una causa o un país, y eso hace que el armario crezca sin parar.
Próxima parada, la Fondation Jacques Brel
La Fondation Jacques Brel es un centro en Bruselas creado para conservar, catalogar y difundir todo lo relacionado con la obra y la vida de Jacques Brel: fotos, prensa de época, manuscritos, grabaciones y material audiovisual, además de exposiciones y actividades para el público. Se fundó en 1981 en Bruselas, de forma independiente y con fondos propios, con una idea muy clara: que Brel se quedara como un archivo vivo y accesible.
Jacques Brel (1929–1978) fue un cantautor belga nacido en Schaerbeek (Bruselas) el 8 de abril de 1929, y murió el 9 de octubre de 1978. Fue autor, compositor e intérprete (y también actor/director), y se convirtió en una figura central de la chanson francófona por su forma de cantar: muy física, dramática, con letras que mezclan ternura, ironía y crudeza (“Ne me quitte pas”, “Amsterdam”, “Le Plat Pays” …).
Subiendo el Mont des Arts
Siguiendo el recorrido nos dirigimos hasta esta icónica colina. El Mont des Arts (Kunstberg) es el “puente” entre la Bruselas de postal y la Bruselas institucional: una ladera urbanizada que conecta la zona alta del Place Royale con la zona baja que te devuelve hacia el centro histórico y la Grand-Place. Lo mejor es que no es un parque cualquiera, sino un conjunto urbano pensado para cultura y vistas: jardines en terrazas, escalinatas, y alrededor edificios clave como la Biblioteca Real de Bélgica (KBR), el Square–Brussels Convention Centre y el entorno de la Place de l’Albertine.
Lo que hace especial al sitio es la perspectiva: desde arriba, el jardín está diseñado como un pasillo verde geométrico que enmarca, al fondo, la aguja del Ayuntamiento (Hôtel de Ville) en la Grand-Place. Es uno de esos puntos donde entiendes Bruselas: el poder medieval abajo, el barrio real arriba, y en medio un espacio creado para que el paseo sea “escénico”. El jardín original se inauguró en 1910 (relacionado con la Exposición Universal) y el conjunto actual se reconfigura sobre todo en los años 50–60, con un rediseño importante del complejo entre 1956 y 1969; el trazado geométrico del jardín moderno se asocia al paisajista René Pechère.
¿de quién es la gran estatua ecuestre que domina este lugar?
La estatua más conocida de Alberto I en Bruselas es la ecueste de bronce en la Place de l’Albertine (Albertinaplein), en el punto donde el Mont des Arts se une con la zona de la Biblioteca Real. La hizo el escultor Alfred Courtens y se inauguró en 1951. Lo representa como “rey soldado”: con abrigo militar y el casco en la mano, una imagen deliberadamente sobria para que se le vea como jefe en campaña más que como monarca ceremonial.
Y era querido sobre todo por su papel en la Primera Guerra Mundial: Alberto I fue rey entre 1909 y 1934 y ejerció como comandante supremo del ejército belga durante la guerra, lo que le valió apodos populares como “rey soldado” o “rey caballero”. En el imaginario belga quedó como el monarca que no se escondió en palacio y que simbolizó la resistencia del país cuando gran parte fue ocupada; esa reputación de liderazgo “en el barro” es la base de su prestigio posterior y del porqué se le monumentaliza en lugares tan visibles.
Si te fijas con cuidado puedes observar el Carillon del Mont des Artas, en la fachada del Palais de la Dynastie. Es un reloj con forma de estrella, y encima, un jaquemart (una figura mecánica) que “marca” las horas. El conjunto incluye un carillón de 24 campanas (de fundición Paccard) que toca melodías tradicionales por cuartos. Tiene figuritas en 12 nichos, y cada una representa un personaje histórico o folklórico de Bruselas (por ejemplo: Godofredo de Bouillón, Carlos V, Rubens, el conde de Egmont, un soldado de la I Guerra Mundial, un obrero, etc.).
La Iglesia de Santiago
Según avanzamos en el recorrido se nos aparece un gran edificio muy significativo para Bruselas. Se trata de la Iglesia de Santiago sobre Coudenberg (Église Saint-Jacques-sur-Coudenberg), en plena Place Royale, queparece casi un templo romano más que una iglesia: pórtico de seis columnas corintias, frontón triangular y una fachada neoclásica pensada para “hacer conjunto” con la plaza. Se construyó entre 1776 y 1787, sustituyendo lugares de culto vinculados al antiguo palacio de Coudenberg, y su historia está muy ligada a la Bruselas cortesana de esa zona alta. En sus escalinatas, Leopoldo I juró como primer rey de los belgas, un momento fundacional del país moderno.
Por dentro, el contraste es interesante: después del exterior monumental, el interior se siente sobrio y luminoso, con grandes columnas corintias integradas en la nave y un aire de “espacio oficial” más que barroco recargado. La iglesia perdió parte de su apariencia de templo puro cuando en el siglo XIX se le añadieron elementos como cúpula/campanario (proyecto asociado a Tilman-François Suys) y el frontón se decoró con una obra de Jean Portaels. Además, hoy tiene un papel institucional singular: desde 1986 es la iglesia principal de la diócesis de las Fuerzas Armadas belgas, algo que encaja con ese tono ceremonial del lugar.
¿quién es Godofredo de Bouillón, el cual preside la plaza?
Godofredo de Bouillón (c. 1060–1100) fue un noble franco de la Baja Lorena que se convirtió en una de las figuras centrales de la Primera Cruzada (1096–1099). Tras la conquista cristiana de Jerusalén en julio de 1099, fue elegido para gobernar la ciudad, pero —según las crónicas— rechazó el título de rey y adoptó el de “Defensor del Santo Sepulcro” (Advocatus Sancti Sepulchri), subrayando que no quería “llevar corona” donde Cristo había llevado espinas. Murió en 1100 y fue enterrado en Jerusalén.
En Bruselas se le recuerda porque su linaje estaba vinculado a esta región y porque, en el imaginario belga del siglo XIX, destacó como héroe medieval “propio”. Por eso tiene una estatua ecuestre muy visible en la Place Royale/Koningsplein. Esa estatua es un monumento decimonónico (del escultor Eugène Simonis, inaugurado en 1848) que ayudó a construir un relato nacional belga alrededor de figuras históricas.
El MIM
Siguiendo el recorrido, cabe pararse unos minutos para apreciar un colorido museo. Es el edificio del MIM (Museo de Instrumentos Musicales), el antiguo almacén Old England. Ojo con la etiqueta: no es art déco, es art nouveau (finales del XIX). Se levantó en 1899 y lo diseñó el arquitecto belga Paul Saintenoy, usando una estructura de hierro/acero y grandes paños de vidrio para inundar el interior de luz, como un escaparate vertical.
Lo bonito de la fachada es que parece industrial y elegante a la vez: el esqueleto metálico se ve, pero está trabajado con forja y detalles orgánicos; las ventanas enormes hacen que el edificio parezca liviano, casi transparente, y la torrecilla/octógono y los remates superiores lo vuelven muy reconocible desde el Mont des Arts.
Las Cortes Federales, uno de los edificios más imponentes de Bruselas
Las Cortes federales de Bélgica (el Parlamento federal) son las dos cámaras donde se hace la política “nacional” del país: la Cámara de Representantes (la que realmente legisla y controla al Gobierno) y el Senado (hoy con un papel más limitado, más de coordinación institucional, un caso similar a España, por ejemplo).
En Bruselas, ambas se alojan en el Palace of the Nation / Palais de la Nation (Paleis der Natie), un edificio neoclásico frente al Parc de Bruxelles, en el entorno de la Rue de la Loi/Wetstraat. Se construyó entre 1778 y 1783 (arquitecto Gilles-Barnabé Guimard) y originalmente no era “parlamento belga” porque Bélgica aún no existía: se pensó para instituciones del Brabante bajo dominio austríaco; tras la independencia, el Gobierno provisional y el Congreso Nacional se instalaron allí en 1830, y desde 1831 la Cámara y el Senado celebran sesiones en el edificio.
Palacio Real de Bruselas, donde el rey trabaja pero no vive
El Palacio Real de Bruselas es el palacio “oficial” del rey Felipe (Philippe) como jefe de Estado, pero no es su residencia: Felipe y su familia viven en el Palacio de Laeken, al norte de la ciudad. El de Bruselas es, sobre todo, su lugar de trabajo: aquí recibe a representantes políticos, jefes de Estado, embajadores y celebra audiencias y actos institucionales.
El edificio que ves hoy es una construcción por capas. El núcleo se consolida a finales del XVIII, pero el “palacio moderno” se impulsa en época del Reino Unido de los Países Bajos: Guillermo I ordena su creación tras 1815, unificando varios hôtels particuliers; las obras principales se desarrollan aproximadamente entre 1820 y 1829. Más tarde, el palacio se amplía y se redecoran grandes salones, y la fachada actual (la que mira a la Place des Palais/Parc de Bruxelles) se levanta después de 1900 por iniciativa de Leopoldo II, buscando una imagen más monumental y “estatal”.
¿qué papel jugó Leopolo II en la Bélgica moderna?
Leopoldo II (1835–1909) fue el segundo rey de los belgas (reinó 1865–1909). En Bélgica, Leopoldo II se asocia a una etapa de gran ambición urbana y de proyección internacional: impulsó obras públicas y transformaciones en Bruselas y otras ciudades (bulevares, parques, monumentos), con la idea de dar a Bélgica una imagen de potencia moderna. Esa parte explica por qué en el paisaje belga hay tantas referencias monumentales a su figura.
Pero su nombre está marcado, sobre todo, por el Estado Libre del Congo: un territorio que fue su propiedad personal (no de Bélgica) desde 1885 hasta 1908, y que acabó en el centro de denuncias internacionales por un sistema de explotación y violencia ligado, entre otras cosas, a la extracción de caucho. Tras la presión internacional y el escándalo, el Congo pasó a ser colonia belga en 1908. Por eso, cuando hoy se habla de Leopoldo II, conviven dos lecturas: la del “rey constructor” en Bélgica y la de un legado colonial profundamente controvertido en África.
El Parque de Bruselas, el pulmón verde de la capital belga
El Parc de Bruxelles (también llamado Warandepark) es el gran rectángulo verde entre el Palacio Real y el Parlamento federal: el lugar donde el centro de Bruselas “respira” cuando vienes de la densidad de la Grand-Place o de las subidas del Mont des Arts. Es el parque urbano más grande del centro y el primero que se diseñó como parque público en la ciudad: se trazó en estilo neoclásico entre 1776 y 1783 y ocupa aproximadamente 13,1 hectáreas.
A nivel de ambiente, es un parque de paseo: avenidas rectas de árboles, bancos, pequeñas fuentes y estanques, y muchas esculturas (gran parte inspiradas en mitología clásica). No es un bosque, sino un escenario urbano pensado para caminar con calma, leer la ciudad y, de paso, orientarte: desde ciertos ejes se alinean vistas hacia hitos del centro.
La Catedral de San Miguel y Santa Gúdula
Para terminar el recorrido por esta parte alta de la ciudad, el siguiente paso de nuestro recorrido fue la hermosa catedral de San Miguel y Santa Gúdula.
Está en lo alto del Treurenberg, dominando la transición entre la Bruselas baja y la alta, y su perfil de torres gemelas (de 69 metros) es casi un “punto de norte” cuando caminas por el centro. La dedicación a San Miguel (protector de la ciudad) y a Santa Gúdula (figura devocional local) ya te dice que aquí se mezclan identidad urbana y religión, no como dos cosas separadas, sino como una misma historia contada con arquitectura.
El edificio es, sobre todo, gótico brabantino: un gótico sobrio, elegante, menos recargado que el francés, muy de líneas limpias y proporciones equilibradas. La catedral se fue levantando durante siglos, con una gran fase medieval a partir del siglo XIII: nave amplia, pilares que parecen aguantar sin esfuerzo, y una luz que entra con calma. Dentro, lo más agradecido es levantar la vista hacia las bóvedas y luego bajar a los detalles: capillas laterales, órganos, y la manera en que el espacio está pensado para ceremonias grandes sin perder la intimidad en los laterales.
Santa Gúdula es una mujer piadosa ligada a Bruselas, famosa por la imagen de una linterna o vela que el diablo intenta apagar mientras ella la mantiene encendida.
Otro símbolo de Bruselas, las Galerías Reales Saint-Hubert
De vuelta a la parte antigua, esta enorme galería es un lugar donde puedes cerrar perfectamente el recorrido por la parte centro de Bruselas.
Las Galerías Reales Saint-Hubert son una de esas piezas de Bruselas que te cambian el ritmo sin darte cuenta: vienes del empedrado y del ruido del centro, cruzas un arco, y de golpe estás en una calle cubierta donde suena distinto el paso, la luz se vuelve “de interior” y todo parece más lento, más elegante. No son un centro comercial moderno; son un pasaje urbano del siglo XIX, pensado para pasear, mirar escaparates y protegerse del clima belga sin dejar de “estar en la ciudad”.
Arquitectónicamente son una estructura de hierro y vidrio sobre una calle estrecha, con una bóveda acristalada que deja entrar luz natural como si fuese una catedral laica del consumo burgués (212 metros de largo por 8 de ancho y 18 de altura, obra de Cluysenaer). Las fachadas interiores, en cambio, son de una ornamentación neorrenacentista: molduras, pilastras y ritmos clásicos.
Se trata de las primeras galerías techadas de Europa y se hicieron principalmente, porque al estar lloviendo más de 200 días al año, a la reina no le entusiasmaba vivir en Bruselas.
A nivel de composición urbana, no son una única galería: el conjunto se siente como un corredor principal con ramificaciones y diferentes “ambientes”.
Y luego está lo que hace que se recuerden por otros sentidos: lo que pasa dentro. Las galerías están llenas de comercios que, en Bruselas, son casi una religión: chocolaterías, confiterías, boutiques, librerías, joyería… y cafés que te ofrecen un punto de pausa entre visitas.
Dentro de las Galerías Reales Saint-Hubert, estas son algunas de las chocolaterías/paradas dulces más famosas con datos precisos (dirección dentro de la galería):
- Neuhaus (tienda histórica) — Galerie de la Reine 25–27, 1000 Bruxelles. Es la marca asociada a la invención/auge de la “praliné” belga y aquí lo venden como “la primera tienda” de la casa en Bruselas. Originalmente, era una farmacia y de ahí su imagen farmacéutica. Comercializaban una pastilla para la tos muy amarga, y para poder venderla mejor la recubrían de chocolate. Los niños fingían que estaban malos para poder degustar el chocolate. Con el tiempo, se volvió más popular por el dulce, hasta que se dedicó completamente al negocio. Normalmente hay tres tipos de bombones: los praslines, garnash (suaves) y las trufas. Una buena caja tiene de los tres tipos.
- Atelier de Neuhaus (chocolate bar / taller) — Galerie de la Reine 29, 1000 Bruxelles. Más para “consumo en el momento”: mousses de chocolate, chocolates calientes, etc., hechos allí.
- Mary Chocolatier — Galerie de la Reine 36, 1000 Bruxelles. Muy clásica, cajas bonitas y un punto “joyería” en el escaparate; en la propia ficha indican el origen de la maison en 1919.
- Pierre Marcolini (Marcolini 9) — Galerie de la Reine 9, 1000 Bruxelles. Enfoque “alta chocolatería”, con pralinés/trufas/tabletas y repostería.
- Pierre Marcolini (Marcolini 21) — Galerie de la Reine 21, 1000 Bruxelles. Otra tienda en la misma galería (útil si una está llena).
- Corné Port-Royal — Galerie de la Reine 5, 1000 Bruxelles. Muy “Bruselas clásica”; en su ficha destacan su praliné Manon sucre y que la marca se fundó en 1932.
Extra (no es chocolatería pura, pero suele entrar en la ruta dulce):
- Maison Dandoy (speculoos, galletas y waffles) — Galerie du Roi 2, 1000 Bruxelles.
- Léonidas (más asequible y recomendable para comprar) — Galerie du Roi 7, 1000 Bruxelles.
Dos paradas obligatorias a las afueras de Bruselas (el Atomium y la Comisión Europea)
El Atomium
El Atomium es el gran símbolo “moderno” de Bruselas: una estructura de 102 metros que representa, a escala gigantesca, una celda unitaria de un cristal de hierro (la típica imagen de bolas y barras), ampliada de forma descomunal. Tiene 9 esferas de unos 18 metros de diámetro, unidas por tubos que contienen escaleras mecánicas, escaleras y ascensor, y por dentro es un museo/espacio expositivo y mirador.
Dentro del recorrido por Bruselas, el contraste de pasar de disfrutar de gremios barrocos, edificios medievales o palacios decimonónicos, a sumergirte en la Bruselas del átomo queriendo estar a la vanguardia de la modernidad, es ante todo curioso.
Por qué se construyó y qué “quería decir”
El Atomium se levantó para la Exposición Universal de Bruselas de 1958 (Expo 58), en un momento en el que Europa quería presentarse al mundo como un continente reconstruido, técnico y confiado. El mensaje era deliberadamente optimista: ciencia, industria, futuro y orgullo nacional sin necesidad de un monumento “militar” o clásico. Por eso elige un átomo/estructura cristalina: no es una catedral ni un arco de triunfo; es un icono del progreso científico convertido en arquitectura.
Cómo está pensado por dentro (y qué se visita)
Aunque desde fuera parezca “solo” una escultura, por dentro es un recorrido. No todas las esferas son accesibles: el propio Atomium indica que la visita incluye 5 esferas accesibles, con panorama, exposiciones permanentes y temporales.
La experiencia típica es: entras por la base, subes por tramos de pasarelas/tubos (algunos con escaleras mecánicas muy fotogénicas), y terminas en la esfera superior, donde está el mirador y también un restaurante con vistas panorámicas sobre Bruselas.
La Comisión Europea, el órgano más importante de las instituciones europeas
La Comisión Europea es el “gobierno ejecutivo” de la UE: propone leyes, gestiona políticas y presupuestos, y vigila que los Estados apliquen el derecho europeo. Nace con el arranque de las Comunidades Europeas: tras el Tratado de Roma (firmado en 1957 y en vigor desde el 1 de enero de 1958), se pone en marcha la Comisión de la CEE como institución encargada de empujar el proyecto común.
Que esa Comisión sea de Bruselas no fue un destino escrito, sino una solución práctica que acabó cuajando. Desde 1958 llegan funcionarios y servicios, y el barrio alrededor de Schuman / Rue de la Loi empieza a llenarse de oficinas dispersas. Para concentrarlos, se levanta el Berlaymont, el edificio más icónico de la Comisión: obras 1963–1969, con entrada parcial en 1967. Hoy sigue siendo su cuartel general.
En la Bruselas actual, la Comisión no es solo “un edificio”: es un motor que ha redefinido una parte de la ciudad. Ha creado el European Quarter (un distrito entero de trabajo, medios, think tanks, embajadas, consultoras y lobby), ha cambiado flujos de transporte, precios de vivienda y usos del suelo, y ha dado a Bruselas un papel internacional que no depende del tamaño del país, sino de la concentración institucional.
La otra cara de Bruselas para tener muy en cuenta y disfrutarla en la jornada por la capital belga
Patatas Fritas
Como he comentado en algún otro blog de ciudades belgas, las patatas fritas son casi un asunto “de disputa” cultural entre Bélgica y Francia. En Bélgica se defienden como algo propio —las frites— y suele citarse la historia del valle del Mosa, cerca de Namur: en inviernos duros, cuando no se podía pescar, la gente habría empezado a freír patatas como sustituto del pescado. Aun así, esa explicación no es indiscutible y hay historiadores que la cuestionan, así que no puede presentarse como un origen totalmente probado.
También irrita bastante a muchos belgas que en inglés se diga French fries. Pero esa etiqueta no implica necesariamente “inventadas en Francia”. Puede venir de la idea de “a la francesa” por el estilo de corte y fritura (algo así como French-fried, por el método), y además existe una explicación muy repetida ligada a la Primera Guerra Mundial: soldados angloparlantes las llamaron “French” porque oían francés en la zona o porque parte del ejército belga usaba el francés como lengua habitual.
El truco está en que las fríen dos veces: primero en grasa animal y luego en vegetal. Están prefritas. Posteriormente, se les añade mayonesa. En los lugares especializados podemos encontrar hasta 9 tipos de mayonesas distintas.
Saber distinguir entre los gofres de Lieja y los de Bruselas
El gofre de Bruselas es el que la mayoría identifica como “el gofre belga” típico: suele ser grande y rectangular, bastante ligero, con huecos profundos. La masa es más líquida, así que al hacerse queda crujiente por fuera y esponjoso por dentro. Lo habitual es servirlo con azúcar glas y añadirle toppings como nata, chocolate o fruta, por eso es el que más aparece en los puestos del centro y zonas turísticas.
El gofre de Lieja, en cambio, es más compacto y pequeño, con forma ovalada o irregular. La masa se parece a un brioche y lleva azúcar perlado mezclado, que se carameliza al cocinarlo. El resultado es un gofre más dulce y con una textura más consistente, que muchas veces se come tal cual, sin necesidad de añadir nada.
Se recomienda pedirlos con poco topping para degustar la calidad del pan.
Tintín y la importancia de los cómics para el imaginario belga
En Bélgica, el cómic no se percibe como “entretenimiento infantil”, sino como patrimonio cultural. Hay una razón histórica y otra social. La histórica: el país fue uno de los grandes motores del cómic europeo en el siglo XX, con revistas, editoriales y autores que marcaron escuela. La social: el cómic aquí se convirtió en una forma respetable de contar historias para todos los públicos—aventura, humor, sátira, incluso política—y eso lo elevó a algo parecido a una “literatura popular” con prestigio propio. Por eso en Bruselas se ven murales, tiendas especializadas y referencias en museos sin que parezca un guiño friki: es parte del paisaje.
Como anécdota, los Jesuitas explicaban los evangelios con dibujos, ya que así los niños lo entendían mejor, leyéndose proto cómics en misa.
Con Tintín esto se entiende aún mejor, porque es un símbolo nacional. Tintín nace de la mano de Hergé (Georges Remi), un autor belga que creó un estilo gráfico que terminó teniendo nombre propio: la línea clara (trazo limpio, lectura muy legible, fondos descriptivos). Tintín apareció por primera vez en 1929 y lo que lo convirtió en fenómeno no fue solo la aventura: fue la sensación de mundo completo. Cada álbum tiene ritmo, humor, misterio y un equilibrio rarísimo entre ingenuidad y tensión. Además, los secundarios son un acierto absoluto: el capitán Haddock, el profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández… son personajes que “sostienen” la serie y permiten que Tintín sea ese protagonista casi neutro, más observador que héroe.
Uno de los murales más fotografiados de Tintín en la ciudad de Bruselas se encuentra en la Rue de l’Étuve (Stoofstraat), a pocos pasos del Manneken Pis.
La fama merecida de la cerveza belga
En Bélgica la cerveza es una parte del tejido social. Se bebe en casa, en cafés de barrio, en fiestas locales, en comidas familiares; y, sobre todo, se habla de cerveza con el mismo respeto con el que otros países hablan de vino: estilos, vasos, servicio, temperatura, maridaje. Esa mezcla de consumo cotidiano y orgullo cultural es una de las razones por las que la “cultura cervecera belga” acabó siendo reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial (inscripción en 2016).
La fama, además, viene de tener una diversidad técnica poco común. Bélgica conservó y desarrolló familias enteras de estilos: cervezas de abadía y trapenses, “dobbel/tripel/quadrupel”, saisons, wits, ales ámbar, etc. En el caso de las trapenses, hay un punto diferenciador real: existe un sello (Authentic Trappist Product) y una asociación internacional que define condiciones de producción y destino de beneficios, lo que refuerza el aura de autenticidad.
Y luego está el “arma secreta” de Bruselas y alrededores: las lambic y sus derivadas (gueuze, kriek…). Son famosas porque se apoyan en fermentación espontánea: el mosto se enfría en recipientes abiertos para que lo inoculen microorganismos del entorno, una tradición ligada al valle del Senne/Pajottenland. Eso crea perfiles ácidos y complejos que, para muchos, son casi una categoría propia.
¿sabías qué?
Si pidiendo una cerveza levantas el dedo meñique, te sirven una cerveza ligera. Si haces el gesto de unos cuernos, te sirven una cerveza más fuerte (quizá Dobble). Si pones gafas a los dedos, entonces te servirán una cerveza dulce.
FAQS sobre Bruselas: Grand-Place, Mannekken Pis, cómics, cerveza, chocolate, gofres, Mont des Arts, Atomium y Barrio Europeo
¿qué es la Grand-Place y por qué es tan importante?
Es la plaza central histórica de Bruselas, rodeada de casas gremiales, el Ayuntamiento y la Maison du Roi. Representa el poder comercial y municipal de la ciudad y es uno de los conjuntos urbanos más emblemáticos del país.
¿qué diferencia hay entre el Ayuntamiento y la Maison du Roi?
El Ayuntamiento simboliza el poder municipal y la gestión de la ciudad; la Maison du Roi se asocia al poder del soberano y funciones administrativas vinculadas a la autoridad central, aunque no fue un palacio residencial.
¿por qué el Manneken Pis es famoso si es tan pequeño?
Porque pasó de ser una fuente a un símbolo de humor e identidad local. Su fama creció por leyendas, robos históricos, la tradición de vestirlo y el hecho de estar en una zona muy transitada del centro.
¿el Manneken Pis tiene un día fijo de fiesta?
No hay un único día fijo universal. Se viste según un calendario oficial con muchas fechas a lo largo del año, y algunas de esas jornadas incluyen ceremonia, música o actos de delegaciones.
¿por qué Bruselas está llena de murales de cómic?
Porque el cómic forma parte de la cultura belga y se impulsó un recorrido urbano de murales con personajes clásicos. No todos son de Tintín: hay muchos autores y series belgas representadas.
¿qué relación tiene Bélgica con Tintín?
Tintín es una de las grandes creaciones belgas del siglo XX. Su estilo visual (línea clara) y su impacto cultural hicieron que sea un icono nacional y una referencia constante en Bruselas.
¿por qué Bélgica tiene tanta fama con la cerveza?
Por la diversidad de estilos, la tradición monástica (trapenses) y métodos singulares como la fermentación espontánea del Lambic en la zona de Bruselas y el valle del Senne, además de una cultura de servicio muy cuidada.
¿cuáles son las chocolaterías más famosas de las galerías reales?
En las Galerías Reales Saint-Hubert destacan nombres como Neuhaus, Mary, Pierre Marcolini y Corné Port-Royal, además de paradas dulces cercanas muy populares dentro del mismo conjunto.
¿qué diferencia hay entre el gofre de Bruselas y el de Lieja?
El de Bruselas es rectangular, ligero y crujiente, pensado para toppings; el de Lieja es más denso, tipo brioche, con azúcar perlado caramelizado, más dulce y normalmente se come solo.
¿merece la pena entrar al Atomium?
Suele merecer si te interesan las vistas panorámicas y el recorrido interior por esferas y exposiciones (Expo 58 y diseño). Si solo buscas la foto exterior, puede bastarte con verlo por fuera y dedicar el presupuesto a otra visita.




