Continuación De Douz a Mos Espa: un día que parece de otra galaxia.
📍 Touzeur→ Kairouan → Susa
Casi 1.400 años de historia en Kairouan, calor de mediodía en su medina, y la recompensa de una tarde junto al Mediterráneo para cerrar una semana entera por Túnez.

Hay viajes que terminan con un suspiro de alivio y otros que terminan con una sensación de pérdida, como si algo se estuviera cerrando demasiado pronto. El nuestro fue de los segundos. Después de seis días entre dunas, sal, ghorfas, restos romanos y cañones que parecían de otro planeta, esta última jornada nos llevó del corazón espiritual de Túnez a su costa más serena.
Salimos de Tozeur con la maleta ya medio hecha mentalmente, sabiendo que esa noche dormiríamos junto al Mediterráneo. De hecho, muy cerca de Tozeur, de camino al norte, pudimos conocer de primera mano, la experiencia del Largarto Rojo (Lézard Rouge),
El Largarto Rojo es una de las experiencias más singulares de Túnez y, para muchos viajeros, una de las mejores excursiones del sur del país. Se trata de un tren histórico construido a comienzos del siglo XX para uso del bey de Túnez, el gobernante del país antes de la independencia. Sus vagones conservan una estética de lujo de inspiración oriental y europea, con maderas nobles, terciopelos y decoración propia de los grandes trenes de la época.
Su recorrido turístico parte de la ciudad de Métlaoui y atraviesa las impresionantes gargantas de Selja, un cañón excavado entre montañas desérticas al que prácticamente no se puede acceder por carretera. Durante el trayecto se atraviesan túneles, puentes y estrechos desfiladeros de roca rojiza que recuerdan a escenarios del Lejano Oeste.
Aunque hay planes de reapertura, desafortunadamente no pudimos vivir esta experiencia. Esperamos que la próxima vez que volvamos a Túnez podamos realizarlo.

Volviendo a nuestro viaje, entre el oasis de Tozeur (nuestro punto de salida) y el Mar Mediterráneo, quedaba una ciudad que merecía, ella sola, parar el reloj: Kairouan.
Kairouan: la cuarta ciudad santa del Islam
| 670 d.C. | 4ª | 9.000 m² | 1988 |
| Año de fundación | Ciudad santa del Islam | Superficie Gran Mezquita | Patrimonio UNESCO |
Pocas ciudades en el mundo cargan con tanto peso simbólico en tan poco espacio urbano. Kairouan fue fundada en el año 670 por el general Uqba ibn Nafi, que decidió establecer aquí un campamento militar —qayrawan, de donde toma su nombre— para asentar la conquista árabe del norte de África. La elección del lugar no fue casual: una llanura alejada de las montañas dominadas por las tribus bereberes, con espacio suficiente para una base de operaciones permanente.
Durante los tres siglos siguientes, Kairouan se convirtió en la capital de la Ifriqiya árabe, centro político, comercial e intelectual de todo el Magreb. A partir del siglo XI perdió ese protagonismo político en favor de ciudades como Túnez, Fez o Marrakech. Pero lo que perdió en poder lo ganó en algo más duradero: prestigio espiritual. Hoy se considera la cuarta ciudad santa del Islam, después de La Meca, Medina y Jerusalén. Existe incluso una tradición que sostiene que siete peregrinaciones a Kairouan equivalen, en mérito espiritual, a una a La Meca.
También es conocida por sus minas de fosfato y tradición minera. Gran parte de las revoluciones han comenzado en esta ciudad por el carácter minero revolucionario de parte su población.
Reconocimiento
El conjunto histórico de Kairouan —su Gran Mezquita, la Mezquita de las Tres Puertas y su recinto amurallado— fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988.
La Gran Mezquita: el santuario más antiguo de Occidente musulmán
Nada prepara del todo para la escala de la Gran Mezquita de Kairouan, también llamada Mezquita de Uqba en honor a su fundador. Con unos 9.000 metros cuadrados de superficie —algunas fuentes hablan de hasta 10.800 m² contando todo el recinto—, es uno de los templos más amplios de África del Norte y, según el consenso de los historiadores del arte islámico, el santuario más antiguo y prestigioso de todo el Occidente musulmán (incluido España).

Su origen se remonta a esos primeros años tras la fundación de la ciudad, en el año 670. La mezquita original fue destruida y reconstruida varias veces: en el 703, de nuevo en el 774, y finalmente ampliada de forma decisiva por los emires de la dinastía aglabí en el siglo IX, periodo del que data, en líneas generales, el edificio que vemos hoy.
El espacio se subdivide en dos partes
El patio interior, de mármol y granito, está flanqueado por columnas que en muchos casos fueron traídas directamente de las ruinas de Cartago, reutilizando material romano y bizantino en una de las prácticas constructivas más fascinantes —y pragmáticas— de la primera arquitectura islámica. Si os fijáis no hay columnas ni capiteles iguales. Y en la base del minarete podemos ver hasta piedras romanas.


La fachada norte está interrumpida por dicho minarete. Es el más antiguo de Túnez, del Magreb y uno de los más antiguos del mundo aún conservados. Con más de treinta metros de altura, se compone de tres pisos superpuestos coronados por una cúpula y un parapeto almenado. Su aspecto general, así como los materiales y las técnicas de construcción, revelan una utilización defensiva de este elemento.

La sala de oración se alcanza a través de diecisiete puertas de madera labrada, y en su interior hay un mihrab de mármol enmarcado con azulejos cerámicos procedentes de Mesopotamia. Los visitantes no musulmanes pueden acceder al patio pero no a la sala de oración propiamente dicha; conviene vestir ropa que cubra hombros y rodillas.

Además del aspecto arquitectónico, el monumento posee obras de arte, en particular un minbar (púlpito) considerado el más antiguo del mundo musulmán, realizado a comienzos del siglo IX, y una maqsura (tribuna de madera reservada al príncipe) hecha en el siglo XI. Estas obras destacan por la calidad y la finura del trabajo de la madera y ofrecen una idea del desarrollo de la ebanistería en la Túnez medieval, asociando un repertorio decorativo ligeramente variado donde se encuentran decoraciones vegetales, geométricas, arquitectónicas y epigráficas.
El papel de la mezquita en la vida de los ciudadanos de Kairouan
La mezquita desempeñó más que un papel en la vida de Kairouan y de Túnez. Además de su función inicial como lugar de oración, fue lugar de enseñanza y de debate teológico que animó durante siglos las diferentes tendencias religiosas; también fue el lugar donde se impartía justicia y la sede del gobernador. Fue a partir de esta mezquita desde donde el malikismo triunfó en Túnez y en el Magreb.

El monumento mismo ofrece al visitante, a primera vista, el aspecto de una fortaleza irregular. Su muralla, bastante alta (aproximadamente 8 metros), y jalonada por contrafuertes muy diversos, engloba una superficie de más de 8.000 m².
La Zaouia de Sidi Sahbi: la mezquita del barbero
A poca distancia, ya fuera del recinto amurallado de la medina, se encuentra uno de los conjuntos religiosos más bellos de Kairouan: la Zaouia de Sidi Sahbi, conocida popularmente como la «mezquita del barbero».

El edificio alberga la tumba de Abou Zomaa al-Balaoui o Sidi Sahbi, compañero del profeta Mahoma que murió en el año 655, durante una batalla contra el ejército bizantino. La leyenda que da nombre al lugar cuenta que este seguidor conservó siempre consigo tres pelos de la barba del profeta, y que fue enterrado junto a esas reliquias. Desde entonces se le conoce como Sidi Sahbi —«mi compañero sagrado»— y se le considera patrón de la ciudad.

Arquitectónicamente, la zaouia construida originalmente en los siglos XIII y XIV fue completamente renovada en el siglo XVII por los beyes de la dinastía muradita: la cúpula del mausoleo se completó en 1629 y el minarete en 1690. El contraste con la sobriedad casi militar de la Gran Mezquita no puede ser más marcado. Aquí todo es color: azulejos cerámicos, estucos tallados con motivos vegetales, mármol blanco y rojo de inspiración italiana en los dinteles de las puertas. Un patio alargado con pórticos de arcos de herradura conduce hasta la cámara funeraria, cubierta por una cúpula sobre trompas.




La arquitectura del monumento refleja influencias turcas, andalusíes e italianizantes relacionadas con el Renacimiento europeo; el conjunto está realizado armoniosamente según las tradiciones de la escuela arquitectónica de Kairouan.
En marcado contraste con la sobriedad monumental de la Gran Mezquita, el Mausoleo de Sidi Sahbi es una celebración del color.
Otros edificios del complejo
- Un almacén situado a la izquierda de la entrada, que sirve para guardar los productos procedentes de los habous (bienes religiosos) del santo y las donaciones.
- Apartamentos, llamados Alwi, que significa «encaramado», donde antiguamente residía el empleado encargado de la recaudación de los impuestos locales y, más tarde, los huéspedes distinguidos.
- La medrassa, compuesta por dos naves que terminan en un mihrab.
- En el exterior, dos pequeños patios con galerías rodeadas de habitaciones reservadas para los estudiantes.

Como dijimos anteriormente, Abou Zomaa al-Balaoui, o Sidi Sahbi, es considerado el patrón de la ciudad de Kairouan y goza allí de una veneración especial. Su mausoleo es el más visitado por los tunecinos, que acuden masivamente, sobre todo durante la celebración del Mouled, que conmemora el nacimiento del Profeta. En esta ocasión se celebran ceremonias de matrimonio y circuncisión.

Perderse en la Medina (con mucho calor)
Visitar la medina de Kairouan a mediodía, como hicimos nosotros, tiene su propio ritmo de aprendizaje: el primero es entender que el calor del desierto tunecino en las horas centrales del día no perdona, y el segundo es descubrir que la propia arquitectura de la medina está diseñada precisamente para combatirlo. Calles estrechas, soportales, muros gruesos de adobe encalado que reflejan la luz en lugar de absorberla.
La medina está rodeada de murallas bien conservadas y conserva su trama urbana casi intacta desde la época medieval. Los zocos cubiertos ofrecen alfombras tejidas a mano —Kairouan es históricamente célebre por su artesanía textil—, cuero trabajado y dulces tradicionales. El calor empuja a buscar refugio en los callejones más estrechos, donde la sombra dura todo el día, y a aprender a caminar despacio, como exige cualquier medina que se respete.
Consejo práctico – Si visitas Kairouan en los meses cálidos (mayo a septiembre), planifica la Gran Mezquita y la Zaouia para primera hora de la mañana, antes de las 10:00, y deja la medina y las compras para después de comer, cuando algunas calles ya tienen más sombra. Lleva siempre agua y un pañuelo o chal: es indispensable para entrar en los recintos religiosos.

Susa: la Perla del Sahel, donde el viaje encuentra el mar
| 900 a.C. | Siglo IX | 1988 | 150 km |
| Fundación fenicia | Construcción del Ribat | Patrimonio UNESCO | Al sur de Túnez capital |
El contraste entre Kairouan y Susa —Sousse, en francés— es de los más marcados de todo el país. Apenas hora y media de carretera separan el desierto cultural del interior de la brisa salada del Mediterráneo, y el cambio de atmósfera se siente en el cuerpo antes incluso de bajar del coche.
La historia de Susa es, si cabe, todavía más antigua que la de Kairouan: los fenicios fundaron aquí un asentamiento hacia el año 900 a.C. con el nombre de Hadrumetum. Los romanos la convirtieron en un próspero centro agrícola y portuario —el Museo Arqueológico de la ciudad conserva mosaicos de aquella época entre los más importantes de Túnez—. Tras la conquista árabe en el 670, la ciudad pasó a llamarse Susa y se transformó, bajo la dinastía aglabí, en el puerto militar y comercial de Kairouan, su antigua capital, con la que llegó a estar unida fluvialmente. De hecho, desde este puerto se lanzó en el año 827 la conquista musulmana de Sicilia.

La Medina Costera: historia con vistas al mar
A diferencia de la medina de Kairouan, construida en pleno interior, la de Susa se asienta en la ladera de una colina frente al Mediterráneo, lo que le da una luminosidad y una temperatura mucho más amables incluso en las horas de más calor. Caminar por sus callejuelas después del esfuerzo de la mañana en Kairouan fue, sencillamente, un alivio.
La medina de Susa fue inscrita en el Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, reconocida como un ejemplo característico de las ciudades construidas en los primeros siglos del Islam en el Magreb. Conserva su kasbah, sus murallas casi intactas, la Gran Mezquita sin minarete —un diseño defensivo deliberado de la época aglabí— y, sobre todo, su Ribat: una pequeña fortaleza del siglo IX con planta cuadrada y seis torres en las esquinas, construida para proteger la ciudad de las incursiones navales enemigas y como lugar de retiro espiritual para los adeptos del sufismo.








Aquí aprovechamos a hacer un descanso para las niñas, y de paso también para los adultos después de un agotador día. Hicimos el alto en una decorada y genuina cafetería, donde nos prepararon un café de una forma muy original.

Sobre un recipiente metálico lleno de arena caliente, el camarero hundía lentamente una pequeña cafetera de cobre mientras el aroma del café recién molido comenzaba a mezclarse con el bullicio de las callejuelas. El proceso era pausado, casi hipnótico. No había prisas ni máquinas modernas; solo la arena, el fuego y una técnica transmitida durante generaciones. La espera se convirtió en parte de la experiencia.
La preparación consiste en calentar arena fina hasta alcanzar una temperatura muy elevada y utilizarla como medio para transmitir el calor de forma uniforme. La cafetera se introduce parcialmente en la arena y se mueve suavemente para controlar la intensidad del calentamiento. Esto permite que el café se cocine lentamente, desarrollando todo su aroma sin llegar a hervir de forma brusca. El resultado es una bebida intensa, densa y muy aromática, servida en pequeñas tazas y acompañada de una fina capa de espuma. Más que un simple café, es una pequeña ceremonia que refleja la importancia de la hospitalidad y del tiempo compartido en la cultura tunecina.

Dato histórico – El Ribat de Susa es uno de los mejor conservados de todo el Magreb. Su torre de vigilancia, de 27 metros de altura, se puede subir hoy por una estrecha escalera de caracol y ofrece una de las mejores vistas panorámicas de la medina y el puerto. Con el paso de los siglos, los ribats perdieron su función militar y se convirtieron en escuelas religiosas, un modelo que más adelante inspiró el diseño de las madrazas tunecinas.
El Paseo Marítimo: el broche final de una semana de viaje
Si la medina representa la Susa histórica, el paseo marítimo es la Susa contemporánea: el corniche que recorre la costa, con el Mediterráneo desplegado a un lado y la animación propia de una de las ciudades turísticas más visitadas del país al otro. Después de seis días de desierto, sal y piedra, caminar con los pies casi tocando el agua tuvo algo de ceremonia de cierre, casi sin necesidad de palabras.
El tramo entre Susa y la cercana Port El Kantaoui está jalonado de grandes hoteles y resorts frente al mar, un perfil turístico muy distinto al de las ciudades del interior que habíamos visitado durante toda la semana, pero que cumple perfectamente su función como última etapa de descompresión antes de volver a casa.
Marhaba Royal Salem: la última noche junto al mar
Para cerrar el viaje, nos alojamos en el Marhaba Royal Salem, un resort de cuatro estrellas situado directamente sobre la playa de Susa, rodeado de una finca de siete hectáreas de palmeras y bosque de eucaliptos.
El complejo mantiene cierto carácter tradicional en su arquitectura —fachada simétrica, jardines cuidados con esmero, una estructura central que recuerda a un pequeño castillo— combinado con todas las comodidades de un resort vacacional pensado para el descanso: dos piscinas exteriores, una piscina interior climatizada, spa, pistas de tenis, zona de voley playa y una playa privada de arena dorada con vistas al golfo de Hammamet.

En mi experiencia fue un sitio aceptable para ir con las niñas, pero como en los días anteriores poco pudimos aprovechar del hotel por la intensidad del recorrido. Cabe destacar su animación después de cenar que te anima a tomar una copa y a divertirte. También me llamó la atención que el hotel estaba al completo, seguramente de turismo interior y africano, donde ven en Susa un resort de tipo europeo sin las trabas de visitar el continente europeo.
Tras una semana de jornadas largas, manantiales, dunas y cañones cinematográficos, dormir con el sonido del Mediterráneo de fondo fue el final perfecto.
Fin del recorrido
Preguntas frecuentes sobre esta etapa
¿Cuánto se tarda de Tozeur a Susa pasando por Kairouan?
El trayecto completo, con tiempo de visita en Kairouan, suele ocupar un día entero. La distancia entre Tozeur y Kairouan es de unas cuatro horas de carretera; entre Kairouan y Susa, algo más de una hora. Conviene salir temprano de Tozeur para llegar a Kairouan a media mañana y evitar las horas de más calor en los monumentos religiosos.
¿Es necesario cubrirse para entrar en la Gran Mezquita de Kairouan?
Sí. Aunque los no musulmanes solo pueden acceder al patio exterior y no a la sala de oración, es obligatorio vestir ropa que cubra hombros y rodillas. En la entrada suelen ofrecer batas o pañuelos si no vas vestido de forma adecuada.
¿Qué diferencia hay entre la medina de Kairouan y la de Susa?
La de Kairouan está en el interior, rodeada de murallas y centrada en torno a la Gran Mezquita; su ambiente es más religioso y artesanal, con menos turismo de playa. La de Susa se asienta junto al mar, tiene un perfil más turístico y costero, y combina patrimonio histórico —el Ribat, la Gran Mezquita sin minarete— con un acceso directo al paseo marítimo y las zonas de ocio.
¿Merece la pena alojarse en Susa en lugar de en otras ciudades de la costa como Hammamet o Monastir?
Susa tiene la ventaja de combinar una medina patrimonio de la UNESCO con una infraestructura hotelera y de playa muy desarrollada, además de buena conexión por carretera y tren con Túnez capital, Monastir y El Djem. Es una opción sólida tanto para quienes buscan historia como para quienes solo quieren descansar los últimos días de un viaje largo por el interior del país.
¿Qué se puede ver en Susa además de la medina?
El Museo Arqueológico de Susa, con una notable colección de mosaicos romanos; las catacumbas paleocristianas; Port El Kantaoui, la marina de estilo andalusí a pocos minutos; y las playas que se extienden hacia el norte, jalonadas de hoteles y resorts frente al golfo de Hammamet.
¿Has llegado hasta el final de la ruta con nosotros?
Esta es la última entrega de nuestra serie sobre Túnez. Si te lo perdiste, vuelve a la entrada anterior sobre Douz, el Chott el Jerid y los escenarios de Star Wars o elige uno de los artículos de Túnez aquí.




