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Mis 30 cuadros favoritos del Rijksmuseum: guía imprescindible para tu visita

El Rijksmuseum es el gran museo nacional de los Países Bajos y está en Ámsterdam. Hoy cuenta la historia de unos 800 años de arte e historia neerlandeses, con nombres como Rembrandt, Vermeer y Van Gogh. Tiene la mejor colección de arte del siglo de oro holandés (SXVII).

Su origen no está en el edificio actual. El museo nació en 1798, en La Haya, como proyecto nacional de la República Bátava. Más tarde pasó por otras sedes, entre ellas el Trippenhuis de Ámsterdam, hasta que en el siglo XIX se vio claro que hacía falta una sede monumental y pensada para una gran colección nacional. El edificio definitivo empezó a construirse en 1876 y el museo abrió oficialmente el 13 de julio de 1885.

La creación del edificio estuvo rodeada de debate. El diseño de Pierre Cuypers no gustó a todo el mundo: a algunos les parecía demasiado medieval, demasiado católico y poco “holandés”. Aun así, salió adelante y acabó convirtiéndose en uno de los edificios culturales más reconocibles de la ciudad.

En cuanto al edificio, Cuypers lo concibió como una mezcla de gótico y renacimiento, con una fachada muy ornamentada, torres, arcos y una composición casi de catedral laica dedicada al arte y a la historia nacional. No es un museo neutro por fuera: el propio continente ya quería transmitir orgullo histórico.

Además, el Rijksmuseum no solo fue importante por lo que guardaba dentro, sino por cómo ayudó a reunir colecciones dispersas. Cuando abrió en 1885 incorporó, además de su fondo previo, buena parte de las pinturas antiguas de Ámsterdam y otras piezas relevantes, reforzando su papel como museo nacional.

Contenidos

Vestíbulo de la entrada de Pierre Cuypers

Este solemne vestíbulo decorado de arriba abajo es con razón la pieza estrella de Pierre Cuypers. El arquitecto no solo diseñó el edifico sino todas las ornamentaciones que contiene. De esta forma, surgió una obra de arte total. Todos los elementos están relacionados entre sí y remite a la historia del arte y la historia holandesa. Las vidrieras muestran el desarrollo de las artes e incluyen a los principales artistas holandeses. El suelo del mosaico contiene representaciones de los 4 elementos y las 4 estaciones del año, símbolo de lo terrenal.

Galería del Honor

Como lugar destacado sobre destacado, podemos hablar de la Galería del Honor del museo. Se trata de un gran corredor ceremonial que conduce directamente hacia la sala de La ronda de noche, de Rembrandt, mientras en sus laterales se abren capillas con algunas de las obras maestras del siglo XVII neerlandés. El propio museo la presenta como “lo mejor de lo mejor”, y el diseño refuerza esa idea con vigas de hierro fundido inscritas con los nombres de grandes pintores y con los escudos de las antiguas provincias neerlandesas sobre los muros, de modo que se presenta como una puesta en escena del orgullo artístico e histórico de los Países Bajos.

Las 30 obras maestras que quiero destacar en este artículo

1 La Lechera (Johannes Vermeer, La Lechera, c.a. 1660)

La lechera está tan absorta en su trabajo que no advierte nuestra presencia. La luz del día que entra por la ventana se refleja en toda la estancia, pero en particular en la naturaleza muerta de la mesa y en la jarra que sostiene la joven. Da la impresión que, la leche se está vertiendo realmente. Vermeer logró este espléndido efecto pintando puntitos de colores en los lugares donde se refleja la luz. Vermeer era un perfeccionista que mostraba atención a los más pequeños detalles. Desde los clavos en la pared al desorden en el suelo. La pared desnuda está dañada, uno de los cristales está roto y hay trozos de pan en la mesa. A priori, estos detalles no te llaman la atención porque los ojos se van a la tranquilidad de la lechera y sus ropajes vivos. Es el centro radiante en esta escena envuelta en silencio.

La lechera es una holandesa ejemplar: austera, trabajadora y devota.

En una fotografía infrarroja, se aprecia cómo Vermeer borra un mapa que dibuja en la pared para evitar restarle protagonismo a la lechera. También sustituye una cesta de la ropa por un brasero y un zócalo con azulejos del Delft, para ayudar a dar un toque hogareño.

Lo que uno ve a menudo en Vermeer, y lo podemos ver en este cuadro es que aísla a las mujeres en un rincón del interior. Son mujeres modestas, introvertidas y plenamente concentradas en una acción.

2 La Novia Judía (Rembrandt van Rijn, la Novia Judía, ca. 1665-1669)

Este cuadro representa un amor sereno. La primera impresión es de ternura de cómo la pareja se roza las manos. Debido al fondo oscuro, toda la atención se centra en la pareja, siendo las manos el centro radiante. Cabe llamar la atención de que Rembrandt era un auténtico especialista pintando manos (o quizá de lo que más me ha llamado la atención y que veremos en otros cuadros). Este cuadro es uno de los más populares del pintor de Leiden. Anteriormente se pensaban que era un padre y una hija antes de una boda judía (por ello se llama así). Sin embargo, no sabemos quiénes son, pero sí qué representaban: la pareja bíblica Isaac y Rebeca. La ropa es exótica (no del SXVII), pensando que así iban vestidas las figuras de la Biblia.

3 Bodegón con Quesos (Floris van Dijck, Bodegón con Quesos, ca 1615)

Dan ganas de sentarse a la mano. Esos quesos, manzanas, nueces y olivas apenas pueden distinguirse de los auténticos. Lo mismo se puede decir de la porcelana china y de la copa de vino a través del cual se puede observar el mantel. Van Dijck, un pionero en este género podía pintar todos estos materiales. Para lucirse, colocó el plato de estaño en el borde de la mesa, dando un efecto de balanceo de la piel de la manzana, como si estuviera apunto de caerse de la mesa. Aquí el significado trasciende de una mera representación de comida. Por ejemplo, los quesos viejos y jóvenes simbolizan el carácter limitado de la vida. Sin embargo, todos estos quesos son viejos a pesar de la diferencia de color. Quizá estaba el pintor invitando al espectador a la moderación.

4 La Familia Alegre (Jan Steen, La Familia Alegre, 1668)

¡Menudo ambiente! Tanto jóvenes como viejos disfrutan jugando, bebiendo como haciendo música. En la hoja de papel de la derecha dice algo así como “lo que se aprende en la cuna siempre dura” pero en sentido peyorativo; el padre ha bebido demasiado, la madre y la abuela cantan juntas alegremente y los jóvenes fuman. Parece que al bebé le están inculcando desde la cuna el libertinaje que se vive en este episodio. Esta fiesta es un ejemplo de adonde no debe de llegar una fiesta familiar, con este grado de euforia. Steen, era un maestro contando historias a través de sus cuadros, y le encantaba reírse de sí mismo, apareciendo en sus cuadros. En este ejemplar, aparece tocando la gaita, instrumento que se asociaba con los necios en el SXVII.

5 Los Síndicos (Rembrandt van Rijn, Los Síndicos, 1662)

¿Se están levantando o se están sentando? Es algo que nos preguntamos cuando contemplamos este retrato de los síndicos de los pañeros. Los síndicos controlaban la calidad del paño, una tela de lana teñida en la que estampaban su sello como muestra de su conformidad. Fueron retratados con criado y todo para la sala administrativa del lugar donde se controlaban los paños. Pintó de tal forma al grupo que los miramos desde abajo, viendo por ejemplo la parte inferior de sus sombreros y, respecto a la mesa, la parte del tapete turco que cuelga. Su mayor fuerza radica en la mirada de los síndicos, ya que cuatro de ellos nos miran directamente, como si hubiéramos interrumpido su reunión.

Rembrandt era muy quisquilloso a la hora de posicionar sus síndicos. Según se ve en varias radiografías, movió varias veces a los síndicos de lugar hasta dar con la composición más dinámica. El criado (el único que no lleva sombrero), lo llegó a cambiar hasta 4 veces de lugar.

El genio holandés añade una cuarta dimensión al cuadro: el tiempo. El tiempo está en el movimiento de las figuras. Es casi como si el espectador pudiera completar la representación, al cual lo implica, y lo hace sentir partícipe del cuadro.

6 El Portaestandarte (Rembrandt van Rijn, El Portaestandarte, 1636)

El Portaestandarte de Rembrandt irradia confianza en sí mismo. Posa con la mano en un costado, con el vientre hacia delante. En el siglo XVII, esto era signo de audacia y de hombría. En el campo de batalla, los portaestandartes tenían la misión de llevar el pendón, símbolo de una compañía o legión, y defenderlo aun a costa de su propia vida. Por ello, este cometido se reservaba exclusivamente a hombres solteros. Sin embargo, no todo lo que vemos en este portaestandarte es contemporáneo del siglo XVII. Para la daga y la boina, Rembrandt se basó en grabados del siglo XVI, por ejemplo. Era un pintor de acontecimientos históricos, por lo que estaba muy familiarizado con cómo se había representando hasta entonces a los portaestandartes. Rembrandt pintó con extraordinario nivel de detalle el codo y la daga con pinceladas gruesas y toscas, lo que hace que parezcan sobresalir de la pintura. Sin embargo, dejó conscientemente otras partes con una mayor vaguedad, como la mano izquierda o el botón que aparece, por detrás del hombro. En su carrera posterior, Rembrandt siguió desarrollando las técnicas que aplicó en El Portaestandarte.

7 El Cisne Amenazado (Jan Asselijn, El Cisne Amenazado, ca. 1690)

Quien haya visto alguna vez un cisne enfadado se mostrará familiarizado con el cuadro. Como hemos visto en otros artículos, es normal encontrarse con estas aves migratorios durante tu paso por los Países Bajos, y no son muy amigables si te acercas demasiado. En este caso, el cisne es de tamaño natural y resulta aterrador. También, porque lo vemos desde abajo, el pico que grazna y las alas desplegadas para enseñar un mayor volumen.

8 El Molino de Wijk bij Duurstede (Ruisdael, el Molino ca. 1668)

Esto es lo mejor de Holanda: un molino, agua y el típico cielo nublado amenazador. Ruisdael lo convirtió en un espectáculo teatral. El cielo ocupa ¾ partes del cuadro y está en perfecto equilibro con el paisaje y el molino. La luz enfoca directamente el molino, ilumina las puntas de los arbustos, en las tejas naranjas y en las mujeres a la derecha. Si uno se fija bien se puede ver el molinero.

9 Titus, el hijo de Rembrandt (Rembrandt van Rijn, Titus, el hijo de Rembrandt, 1660)

Casi es posible oír el silencio de lo tranquila y profunda que es la meditación del monje, con mirada baja y pálida. El retrato es de Titus, el hijo de Rembrandt que viste el sencillo hábito de la orden de los franciscanos, con voto de pobreza y castidad. Los franciscanos, se retiran en la naturaleza para reflexionar y rezar, de ahí, que en segundo plano aparezcan hojas verdes y marrones. En 1660 Titus tenía 19 años, y su padre trabajaba para él. Dos años antes, Rembrandt había quebrado, y su novia e hijo, abrieron una galería de cuadros donde el pintor holandés trabajaba. Titus vendía sus cuadros y también a veces hacía de modelo. Murió tan solo 8 años más tarde debido a la peste.

10 Carta de Amor (Johannes Vermeer, Carta de Amor, c.a. 1669-70)

Para este cuadro, Vermeer eligió un curioso punto de vista. Nos asomamos a través del vano de una puerta, al fondo vemos a una joven con un lujoso vestido de satén amarillo con orla de piel, que acaba de recibir una carta. La joven mira expectante a la criada que sonríe detrás de ella. ¿qué dice la carta? Tenemos muchos indicios de su contenido, por ejemplo, la joven sostiene un instrumento musical en su regazo: una cítara. Tocar música era una referencia al amor. Junto a la chimenea cuelga un cuadro de una marina: en los poemas del SXVII, el barco se comparaba con un amante y el mar con el amor. Un mar en calma significaba una buena relación, un mar agitado lo contrario. En el cuadro, el barco navega en aguas tranquilas, aunque también se ven nubes oscuras y amenazadoras.

11 La Callejuela (Johannes Vermeer, La Callejuela, c.a. 1658)

Vermeer retrató la vida cotidiana en Delft, su ciudad, dos casas normales y corrientes con sus habitantes. El cuadro es tan realista que parece una foto. Se debe al encuadre que corta bruscamente las fachadas (como su fuera una instantánea). Aunque no representó la escena con suma precisión, reprodujo los diferentes materiales de forma convincente: los toscos ladrillos, las juntas descascarilladas y la superficie lisa de la madera barnizada y las vidrieras. El blanco de la parte inferior de las casas atrae atención sobre los personajes. La mujer sentada en el vano de la puerta hace su labor de aguja, los niños juegan en la calle, y la mujer que está sobre la pila parece que acaba de fregar la callejuela. El agua brilla en el pequeño canal del suelo de la callejuela, que atrae atención al espectador, dando profundidad al cuadro,

Ningún otro pintor retrató con tanta atención un rincón modesto de la ciudad, por lo que este cuadro es único.

Durante mucho tiempo se buscó el destino exacto de este lugar en Delft, y después de muchos estudios pudieron ubicarla. De hecho, la vecina del bajo era una tía del propio Vermeer.

12. Adolf y Catharina Croeser (Jan Steen, Adolf y Catharina Croeser, 1655)

¿quién es ese hombre suntuosamente vestido que está sentado delante de su casa? ¿es el alcalde? ¿y la joven de al lado su hija? Esas preguntas tuvieron ocupados a los estudiosos durante más de 100 años. En 2007 se descubrió que los pocos retratos realizados por Jan Steen era de su entorno cercano. El personaje central era el vecino de Steen, el comercial de granos Adolf Croeser. Se le representa como un virtuoso padre y buen samaritano que da ayuda a los pobres. La joven, impecablemente vestida, es su hija Catharina. Croeser era viudo, y quizá por eso Steen dibuja unas flores muy detalladas en el alféizar de la ventana en referencia a la frugalidad de la vida.

El cuadro también destaca porque se representan 3 estilos pictóricos: la naturaleza muerta, el retrato y el paisaje de la ciudad. Jan Steen parece que toma como ejemplo el cuadro de la Mendiga de Rembrandt para tomarlas como modelos en su cuadro. La beneficencia de las familias más acaudaladas era un hábito muy importante en el SXVII holandés.

13. Naturaleza Muerta (Willem Heda, Naturaleza Muerta, 1635)

Willem Heda es el maestro de los reflejos. Basta ver la jarra de estaño en este cuadro. En la panza de la jarra se refleja la servilleta. En el pie se refleja la copa caída y en el cuello brilla el trofeo de oro que hay al lado. Y luego hay que ver la bandeja de plata. Eran pocos los artistas que eran capaces de reproducir bien el brillo apagado del estaño. Aunque veamos la servilleta puesta de cualquier manera, Heda expone la composición de forma exquisita a través de una línea diagonal. La puesta en escena recrea profundidad, y Heda no duda en utilizar recursos clásicos de los bodegones: un plato en el borde la mesa y una cáscara de limón serpenteante. Los colores amortiguados y las grandes variaciones de grises hacen que Heda quiera darle una sensación de austeridad. Sin embargo, los objetos no son nada sencillos, y desde la copa (ojo al detalle del reflejo de las ventanas) a las ostras, es puro lujo.

14. Retrato de una Niña Vestida de Azul (Johannes Verspronck, Retrato de una Niña Vestida de Azul, 1641)

¿Cuántos años tiene? ¿10 años? No lo sabemos, pero tampoco podemos adivinarlo por la ropa. En el SXVII era usual engalanar a los niños como adultos. Su vestido tiene cuellos planos dobles según la última moda, y está adornado con encaje de hilo de oro. Tampoco las joyas que lleva son cosas de niños, pero ¿qué nos dice su rostro? Parece que irradia timidez con sus grandes ojos y mejillas sonrosadas. También puede trasmitir melancolía. E incluso si nos fijamos bien, su mirada directa puede indicar orgullo y su sonrisa burla. Es uno de los retratos infantiles más populares del SXVII.

15. La Ronda de Noche (Rembrandt van Rijn, La Ronda de Noche, 1642)

Sin duda el cuadro más famoso de Rembrandt y del Rijksmuseum de Ámsterdam. Pero ¿por qué es tan famoso la Ronda de Noche? Se trata del retrato de un grupo de milicianos de Ámsterdam del SXVII. Los milicianos defendían la ciudad y mantenían el orden público. Los que se retratan en el cuadro son arcabuceros, la compañía al mando del Capitán Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburch, que están a punto de recorrer la ciudad de día. Sí, efectivamente, de día cuando aparentemente es de noche. De hecho, recibió el título de la Ronda de Noche en el SXIX por ser tan oscuro, pero no es correcto. A menudo, los cuadros de Rembrandt tienen un fondo oscuro, porque ello le permitía colocar a los personajes en el foco de la atención, consiguiendo un efecto teatral y marcando el estilo barroco. La joven de la izquierda es en realidad una especie de emblema pues las garras del ave que lleva en la cintura es el símbolo de los arcabuceros. El ángulo de luz no es lo único llamativo de este cuadro sino también las poses y los gestos de los milicianos. Uno está cargando el arcabuz, otro enarbola el estandarte y el tamborilero toca el tambor. En vez de colocar a todos en fila, Rembrandt optó por esta formación bastante caótica, como si estuvieran a punto de marcharse. Un grupo en acción.

Rembrandt aspiraba a pintar de la forma más realista posible. La sensación que quiere causar aquí es que los hombres se nos acercan. Rembrandt innova en crear movimiento y teatralidad en los retratos (ya lo vimos en los Síndicos de los Pañeros), eligiendo el momento justo para crear movimiento. En esta imagen el ruido debería ser tremendo: uno toca el tambor, los hombres hablan, el perro ladra. En este caos, el pintor usa la luz para guiar nuestro ojo: Ruytenburch, blanco, está iluminado al igual que la mascota y los dos hombres que hablan por la izquierda. Si uno se fija con atención, el propio Rembrandt mira por encima del hombro del abanderado. También su ojo está iluminado. A la izquierda un hombre carga su fusil y a su derecha otro limpia el suyo de un soplido. Entre Ruytenburch y Banninck Cocq vemos incluso un disparo de fusil. Alguien le da un tortazo al cañón para que nadie salga herido.

Cuando contemplamos esta maravilla de cuadro estaban rehabilitándolo, entre otras cosas, para eliminar el barniz antiguo. Aunque no pudimos verlo en su pleno esplendor, al menos lo contemplamos a unos metros de distancia desde detrás de un cristal.

16. Michiel de Ruyter (Ferdinand Bol, Michiel de Ruyter, 1667)

Michiel de Ruyter nos mira directamente. Todo lo que vemos en el cuadro guarda relación con el cargo que ostenta de Ruyter como teniente almirante de la República Holandesa. Tiene el antebrazo colocado sobre el globo terráqueo, sostiene el bastón de mando con la mano, lleva puesta la condecoración de honor francesa y al fondo se aprecia su buque insignia (el siete provincias). De Ruyter participó en tres guerras navales contra Inglaterra. De ahí pasó por tomar control de varios puertos comerciales ingleses en las costas del África Occidental. Estos puertos servían, entre otras cosas, como lugar por donde pasaban los esclavos que eran trasladados a las Américas, donde serían vendidos. De Ruyter contribuyó a estructurar el comercio de esclavos. Uno de sus mayores logros fue el contribuir a una paz favorable para Holanda en 1667, y de ahí que la marina quisiera agradecerle sus servicios con este cuadro. Incluso el marco dorado hecho con las armas del almirante es parte del obsequio.

17. Guillermo III (Godfried Schalcken, Guillermo III ca. 1692-1697)

Guillermo III, al que podemos ver a la luz de una vela perfectamente ejecutada, fue uno de los Oranges más poderosos de la historia holandesa, ya que también era rey (de Inglaterra). Aquí lo podemos ver con su armadura y un abrigo de armiño. En 1672, cuando la República Holandesa recibió ataques de varios países vecinos, nombraron a Guillermo comandante y estatúder, del cual hizo salir airoso a Holanda, y lo salvó de la ruina. Guillermo, protestante, estaba casado con su prima inglesa María. El padre de ella, el rey católico Jacobo, suponía una amenaza para Holanda y no era apreciado por los protestantes ingleses. Éstos últimos pidieron a Guillermo que lo echara del trono y se declara rey. Lo hizo con éxito, Guillermo desterró a su suegro católico de Inglaterra, Escocia e Irlanda (la Revolución Gloriosa para los ingleses).

18. Tobías y Ana (Rembrandt van Rijn, Tobías y Ana, 1626)

Este es un cuadro temprano del maestro holandés inspirado en el grabado de Jan Van de Velde de 1620. Ana mira incrédula a su esposo. El ciego Tobías la ha acusado injustamente de robar el cabrito y suplica a Dios que la perdone. Ana no ha robado el cabrito, sino que lo ha recibido de su patrón. Ella se gana la vida hilando lana utilizando la devanadera que se encuentra sobre el taburete de mimbre en segundo plano. Antes, Tobías y Ana era ricos, pero la vida los sumió en la pobreza (como podemos ver en las rasgaduras de la ropa de Tobías). A pesar de las adversidades, no perdieron su fe en Dios. Rembrandt recalcó las distintas emociones de los personajes en los ojos. Los de Tobías, ciego, retratan introspección y arrepentimiento, los ojos perplejos de Ana y los inocentes del cabrito que es indiferente a la situación. La luz que entra por la ventana refuerza el efecto teatral. El resplandor del fuego de la chimenea ilumina al perrito y a las campanillas de su collar. Rembrandt juega así en este cuadro con dos fuentes de luz distintas.

Rembrandt elige el momento en el que Tobías se arrepiente, algo que solo había hecho el pintor holandés hasta entonces en esta escena.

19. Autorretrato (Rembrandt van Rijn, Autorretrato, 1628)

En Holanda la gente decía que Rembrandt a esta edad ya era un joven ambicioso. Rembrandt tenía 22 años. Vivía en Leiden, era hijo de un molinero y tenia bastante talento como pintor. Por eso, acabó mudándose a Amsterdam, con un mercado más amplio de nuevos ricos encargándoles retratos. Sin embargo, aquí se retrata así mismo todavía en Leiden usando aquellas técnicas que le harían famoso. Experimenta con el claroscuro y la técnica pictórica. Por ejemplo, para hacer los rizos de su cabello arañó la pintura húmeda con el extremo del mango de su pincel, por lo que surgen por todos lados efectos claros como si lo iluminara el sol. Un efecto lleno de vida. Si observas atentamente puedes ver como sus ojos nos miran directamente. Pero no pasemos por alto que deja adrede en la sombra la parte más expresiva de su rostro, un experimento bastante atrevido que solo podría hacer en un autorretrato.

20. María Trip (Rembrandt van Rijn, María Trip, 1639)

Rembrandt pintó a María Trip cuando esta tenía 20 años. Va vestida conforme la última moda, con sus preciosos ropajes y joyas, que hacen gala de la riqueza de su familia. Tanto el cuello plano de su vestido como los puños están adornados con encajes flamencos. Las franjas y rosetas de su vestido y la cinta de su abanico se confeccionaron con encaje dorado en el que se utilizó oro puro. En cuanto a las joyas, María lleva un collar y pulseras de perlas en ambas muñecas, una diadema de oro en el pelo y el enorme broche con pendientes a juego. Rembrandt lo plasmó con maestría aplicando trazos muy pequeños y puntitos de pintura. Llama la atención de cómo pintó la finísima tela transparente sobre el pecho. María era hija soltera de un rico comerciante de armas, por tanto, un buen partido, que acabó casándose dos años después del retrato con un señor 30 años mayor que ella.

21. Banquete de Milicianos (B. van der Helst, Banquete de Milicianos, 1648)

Por fin había llegado el momento, la dramática Guerra de los 80 años había terminado. Con la Paz de Munster, firmada en 1648, se reconocía a los Países Bajos como República Independiente. Para los ricos habitantes de Ámsterdam, la paz representaba nuevas posibilidades para nuevos comercios. Se puede apreciar en este retrato de grupo de 24 milicianos, de punto en blanco, puestos en la mesa, que brindan, beben y comen. El pintor lo plasmó todo con suma precisión. En la armadura del capitán de la derecha se reflejan tres de los comensales. Los dorados de los vestidos son muy realistas. Y en el tambor, un poema recuerda la nueva paz.

22. Anciana Leyendo (Rembrandt van Rijn, Anciana Leyendo, 1631)

La anciana está concentrada en su libro. Con la mano sigue atentamente el texto que parece escrito en caracteres hebreos (puede que sea el Antiguo Testamento – de ahí que el maestro holandés dé luz al libro y no al rostro de la anciana). Seguramente representa aquí a la profetisa Ana. Esta mujer servía a Dios ayunando, leyendo y rezando día y noche en el templo. Fue una de las pocas personas que reconoció al Mesías en el Niño Jesús. Quizá lo más destacable del cuadro fue la precisión con la que Rembrandt pinta su mano arrugada. Querríamos tocarla, al igual que su abrigo y el tocado.

23. Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén (Rembrandt van Rijn, Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén, 1630)

El viejo profeta Jeremías tiene la mirada perdida, afligido y sumido en sus pensamientos. Apoya la cabeza en la mano en un gesto de tristeza y melancolía. Por desgracia su predicción se ha hecho realidad. A la izquierda, en la lejanía, el ejército del rey de los babilonios (Nabucodonosor) arrasa Jerusalén. Rembrandt representa aquí de forma muy original este relato bíblico. El drama del suceso se resume en la posición de Jeremías. El grueso libro donde apoya el codo es la Biblia. Y más tarde se añadiría el nombre para mayor claridad. El tesoro, al lado del profeta, brilla por loa puntos de luz que el pintor añadió de plomo blanco. También el rostro del anciano, con sus profundas arrugas y larga barba están finamente retratados, al igual que el pie lleno de venas. Contrasta con el fondo que Rembrandt utilizó pintadas más gruesas, con un tono casi abstracto, onírico, que parece reflejar el estado de ánimo de Jeremías.

Como curiosidad de Rembrandt, le gustaba realizar dibujos realistas en el exterior que le servía más tarde para sus pinturas y grabados. En su época de Leiden, el pintor sentía predilección por retratar personas ancianas e introspectivas. De ahí que pinte una gran cantidad de cuadros de sujetos ancianos.

24. Paisaje Invernal (Hendrick Avercamp, Paisaje Invernal, c.a. 1608)

En el SXVII, los inviernos eran largos y fríos. En los Países Bajos, con abundancia de agua, todos se reunían sobre el hielo. Y si hay alguien que ha sabido captar esas alegres escenas es Hendrick Avercamp, un pintor realmente único. Sus escenas gozaban de tanta popularidad que las pintaba y las vendía fácilmente, incluso en verano. Avercamp tuvo la gran tarea en este cuadro de pintar unas 200 figuras (quizá inspirado en los cuadros de Brueghel): se caen, se levantan, se ponen los patines o descansan en un barco atrapado en el hielo. También están de moda la vela sobre el hielo y los trineos. A la derecha podemos ver cómo un pescador arrastra un conjunto de peces recién pescados. A la izquierda, una mujer se abre paso a duras penas sobre la nieve con una cesta de comida. Incluso si nos fijamos hay un granjero con el culo al aire. Un cuadro que invita a perderse y entretenerse con multitud de escenas.

El patinaje sobre hielo siempre ha sido popular en Holanda y casi cualquier deporte sobre hielo. Cuando los canales se hielan en invierno, gran parte de la población practica su deporte favorito sobre este medio. De ahí que sean siempre tan fuertes compitiendo en estas disciplinas.

25. Pescadores de Almas (Adriaen van de Venne, Pescadores de Almas, 1614)

Con este curioso cuadro, el pintor quiso comentar la situación política y religiosa de su época: los protestantes del norte contra los católicos del sur. Los protestantes, con el príncipe Mauricio, entre ellos, se encuentran en la orilla izquierda. En la otra orilla se encuentran los católicos en torno a la pareja archiducal española Alberto e Isabel. En las barcas que hay en el río, los clérigos intentan recuperar las máximas almas perdidas para su causa. Esta actividad de pesca se le da bastante mejor a los protestantes. Además, están bajo árboles en flor y al sol. Peor escena tiene los católicos, los cuales se les acerca nubarrones y los árboles en su orilla están resecos. Está claro que el pintor era protestante, el cual se autorretrata en la orilla izquierda, mirándonos fijamente, con la mano en el costado.

Aunque el propio pintor deja un rayo de esperanza como señal de Misericordia de Dios y esperanza de todos los hombres. Efectivamente, es el Arco Iris posicionado en ambas orillas.

26. Autorretrato (Vincent Van Gogh, Autorretrato, 1887)

“Usted no lo reconocería”, eso le escribió Theo Van Gogh a su madre en referencia a su hermano Vincent, al que acababan de operar de la boca porque ya había perdido todos sus dientes. En aquel momento, Vincent se había instalado en el apartamento de su hermano en París. Un año más tarde pintaría este autorretrato. Aunque todavía se le vea algo chupado con ese sombrero de fieltro y ese pañuelo, no tiene mala cara. Su hermano lo ayudó a meterse en los ambientes artísticos de Paris, donde conoció a Gaugin, Toulouse-Lautrec y Monet, que le inspiraron con sus obras. A pesar de que se supone que era un periodo más alegre en la vida del pintor, tampoco podemos averiguarlo de este cuadro. Vincent usaba los autorretratos para practicar.

En el periodo de dos años, Vincent realizó hasta 29 autorretratos para experimentar con distintos estilos. Evidentemente, tener un espejo en casa salía más económico que contratar a un modelo. Al principio, siguió el periodo oscuro de su etapa brabanzona, pero al poco tiempo los colores se volvieron más claros y las pinceladas más cortas (como el que vemos aquí).

Van Gogh no se hizo famoso en vida, sino después de su muerte, y ese cambio no ocurrió por casualidad. Cuando murió en 1890, su obra quedó primero en manos de su hermano Theo y, tras la muerte de este en 1891, pasó a Johanna van Gogh-Bonger, su viuda. Jo fue la persona decisiva: conservó los cuadros, organizó exposiciones y movió su obra entre coleccionistas y círculos artísticos hasta conseguir que Vincent dejara de ser un pintor casi desconocido y empezara a ser valorado de verdad.

Las cartas tuvieron un papel muy importante en ese proceso, pero conviene decirlo bien: no eran un libro ordenado en el que Van Gogh explicara de forma cerrada “la historia detrás de cada cuadro”. Lo que sí hacen muchas cartas es contar el contexto en el que trabajaba, sus ideas sobre la pintura, sus elecciones de color, sus dudas y, en algunos casos, incluso añadir pequeños bocetos para que Theo pudiera hacerse una idea visual de la obra. Por eso hoy son una fuente clave para entender mejor muchos cuadros, aunque no funcionen como una explicación completa y sistemática de toda su producción.

La fama póstuma de Van Gogh nació, por tanto, de la suma de dos cosas: la fuerza de sus pinturas y el trabajo de difusión que hizo Johanna. Ella publicó sus cartas, promovió exposiciones dentro y fuera de los Países Bajos y ayudó a construir una imagen más completa del artista: no solo el pintor, sino también la persona que pensaba, sufría y reflexionaba sobre su trabajo. Eso hizo que el público no viera solo sus cuadros, sino también la intensidad humana que había detrás de ellos, y ahí se consolidó el mito de Van Gogh.

27. En el Mes de Julio (Paul Gabriël, En el Mes de Julio, ca. 1889)

Paul Gabriël salía a menudo de excursión para hacer bocetos en plena naturaleza. El pólder holandés (o terreno ganado al mar) era su paisaje predilecto. Aquí, con sus molinos y canales rectos, el pintor encontraba calidez y sencillez. Allí podía captar mejor la belleza de la luz, el cielo y el agua. En el cuadro, aunque el molino está en el centro de la composición, para Gabriël lo importante era (i) el agua y su reflejo, y (ii) el cielo con las nubes llevadas por el viento.

28. Altos Funcionarios Javaneses (1820-1870)

Uno es como se viste. Al menos este es el caso de estos funcionarios de la isla indonesia de Java. No son retratos, sino que representan tipos. Sus prendas revelan su rango, cargo e incluso origen. Podemos ver sarongs o faldas, tocados, sandalias, o sombreros (con botón dorado indica que tiene un rango administrativo importante).

La importancia de esta obra reside en que es un ejemplo interesante del arte colonial holandés de la otra parte del mundo, y refleja estándares más allá de los archiconocidos europeos.

29. Sagrada Familia (Geertgen tot Sint-Jans, Sagrada Familia, ca. 1495)

Según la leyenda, Santa Ana tuvo tres hijas de sus tres matrimonios distintos. Todas ellas llamadas María. En esta preciosa iglesia, se las ve con sus padres, hijos y nietos con toda la familia reunida. A la izquierda podemos verla con la Virgen María y Jesús en su regazo. Las otras dos Marías se encuentran a la derecha detrás de su prima Isabel, la más llamativa del cuadro, ya que su hijo San Juan Bautista era el santo patrón de quienes encargaron este cuadro. Este cuadro se hizo con todo lujo de detalles. Para ello, basta fijarse en el joven que apaga las velas en las rejas del coro o los pliegues del mantel que cubre el altar o incluso se pueden contar las hojas de los árboles del jardín. Los colores también resultan llamativos.

30. Hombre Africano (Jan Mostaert, Hombre Africano, ca. 1525-1530)

Unos caros guantes de piel blanca, una espada con una empuñadura ricamente labrada y una bolsa bordada con hilo de oro. Se diría que son objetos bonitos y adecuados para un noble flamenco del SXVI. Por eso resulta asombroso que sea un retrato de un hombre africano. Algunas veces se retrataba al rey Baltasar o a criados de tez oscura pero un hombre elegante africano es algo realmente excepcional. Por su barba corta a la moda y su mirada segura se puede ver que no es un hombre cualquiera. Los historiadores sospechan que por su ropa, podría ser un guardaespaldas del emperador Carlos V, aunque no se sabe a ciencia cierta quién es.

Otros lugares y piezas de máximo interés en el museo

La Biblioteca de 1885 de Pierre Cuypers

Esta biblioteca no solo conserva libros, sino que constituye un homenaje a los profesionales del libro. De las columnas cuelgan pequeños rótulos con los nombres de los principales editores e impresores. En las paredes del piso superior, Cuypers recordó a los famosos escritores del arte. Es un gran espacio de lectura por la gran cantidad de luz que entra por la claraboya, aunque también es reforzada por la luz artificial.

Barco de Adriaen de Vriend/corn

En el SXVII, la República Holandesa era una gran potencia marítima, con una gran flota para defender el país y proteger las rutas comerciales. No era un lujo supérfluo. La maqueta que vemos es un buque de guerra que podía usarse en las batallas navales de los mares europeos. Podía albergar más de 70 cañones. Los marineros a bordo eran además tiradores. Y cuando se les acaba la munición, procedían al abordaje del barco enemigo. La maqueta lo tiene todo; anclas, velas, poleas y cabos – todo tiene una función. Construida a escala por auténticos constructores navales.

Espejo de Popa del Royal Charles de 1660

Este sí que es un trofeo de guerra impresionante. Es el adorno de la parte posterior del Royal Charles. Este barco era el buque insignia de la flota inglesa que fue capturado por sorpresa por la flota holandesa. En el centro aparece el escudo del rey británico, sostenido por el león inglés y el unicornio escocés. También podemos ver una lira azul, el símbolo de la orden de la caballería de la jarretera.

Tapices de la serie Diana

Estos tapices son tan detallados que algunos olvidarían que están tejidos. Las vistas, las innumerables plantas y las figuras de exquisitos ropajes, se tejieron con lana y seda de colores de hasta 60 colores diferentes. Los tapices en este momento eran muy caros, e incluso podían estar más de moda y ser más caros que los cuadros, porque se necesitaba más material, mano de obra y tiempo para realizarlos. Aportaban ambiente cálido y elegante a una estancia. También eran fácilmente trasladables. La temática de estos tapices se centra en Diana (que la reconocemos por la luna que lleva en su tocado), la Diosa romana de la caza.

La Cerámica de Delft (de Metaale Pot, Pirámides de Flores, 1692-1700)

A María Estuardo, la esposa inglesa de Guillermo III le encantaban las flores y la cerámica de Delft. Ayudó a popularizar estos jarrones altos y apilados entre los aristócratas holandeses e ingleses. Estos jarrones parecen hechos de porcelana china, aunque son realmente de cerámica y realizados por ceramistas de Delft (maestros en copiar el estilo chino). Las escenas y figuras están pintadas con soltura en azul sobre un fondo blanco. Son tan exquisitas que casi superan el arte pictórico chino.

Escultura de San Joaquín y Santa Ana de 1470

¡Qué abrazo tan tierno! Se trata de Joaquín y Santa Ana. Cuando menos se lo esperaba, Santa Ana se quedó embarazada de María. Un ángel anunció la buena nueva a Joaquín. Luego ambos se reunieron en un tierno abrazo. Él se dispone a besarla. Aunque conserva el cabello, las arrugas de su frente y ojos delatan su edad. El rostro de Ana es más terso pero la piel evidencia que no es joven, que también lo sabemos por su toca con el borde ancho y fruncido que solo llevaban las mujeres mayores. Originalmente esta figura estaba pintada, pero ya no queda casi nada de la misma.

Shiva de la India del SXII

Shiva, el Dios hinduista tiene muchas caras. Aquí es el rey de la danza, que se mantiene en una sola pierna dentro de un círculo de fuego. Con sus cuatro brazos y tres ojos lo controla todo. Shiva es el creador del mundo y también su destructor. Esa contradicción se puede apreciar en todas las partes de la figura: el tambor que sostiene en su mano derecha marca el ritmo de la creación, pero la llama de su mano izquierda lo destruye todo. Su tercera mano apunta a su pie que hay que adorar para mantenerse en el buen camino y su cuarta mano hace un gesto tranquilizante. Entre tanto pisa a un demonio enano, símbolo de la ignorancia.

La belleza de esta escultura es grandiosa. Las curvas y la estética son realmente asombrosas. Si te quedas mirando un rato, todo se pone en movimiento.

Guardianes del templo de Japón, del SIV

Su tarea como guardianes del templo es evitar la entrada el mal, y parece que están dispuestos a entrar en acción en cualquier momento. Aunque la espantosa mirada de sus ojos saltones también resulta bastante aterradora. En realidad, recuerda al manga japonés. Por los ojos y bordes de sus túnicas, se puede deducir que estas figuras tenían color. Aunque lo hayan perdido después de 600 años, la fuerza de estas culturas y su expresión siguen intactos.

Otras obras destacables

Aunque podría estar listando obras y más obras recomendables del museo, no tiene mucho sentido ser tan exhaustivo, así puedo dejar al espectador ir descubriendo algunas maravillas que no he comentado. He dejado fuera cuadros de la talla de Van Gogh, Goya, Veronés e incluso Monet, pero en el contexto de este museo explicado en este artículo, he creído que era más importante enfocarse en la temática del SXVII o Siglo de Oro holandés, principalmente.