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Rovaniemi en Navidad: 10 actividades imprescindibles (Santa Claus Village, huskies y motos de nieve). Primera Parte.

Continuación de Rovaniemi en Navidad con bebé: algunas cuestiones prácticas para hacer posible el viaje soñado.

Lo más interesante de la capital lapona son la infinidad de actividades relacionadas con el invierno y la nieve que se pueden realizar en Navidad. Es casi imposible participar de todas las actividades con solo un viaje, y hay que priorizar según preferencias personales y, también, el presupuesto de cada uno. Ya que, después de un gran dinero invertido para los billetes de avión y el alojamiento, las actividades en la nieve no se quedan atrás, siendo cada vez más caras.

Santa Claus Village

Hay que tener en cuenta que Navidad significa máxima ocupación para todo, y ello incluye cualquier tipo de actividad del cuasi infinito catálogo comercial. Hay muchas agencias locales que te ofrecen las excursiones, y los precios desafortunadamente no varían mucho entre agencias. Realizamos un par de ellas con Safartica (www.safartica.com), pero también como veréis, hay bastantes actividades que puedes realizar por tu cuenta, sin morir en el intento.

Empecemos.

Santa Claus Village y Snowman World

Santa Claus Village: el corazón simbólico de la Navidad ártica

Santa Claus Village no es un parque temático al uso ni un simple reclamo turístico. Es, más bien, un escenario construido alrededor de una idea mágica: la Navidad entendida como lugar físico. Está situado a unos ocho kilómetros de Rovaniemi, justo sobre la línea del Círculo Polar Ártico, y eso no es casual. Aquí todo gira en torno a ese punto exacto del mapa donde el imaginario navideño se vuelve tangible.

Una mañana helada

Es un entorno es abierto, nevado, silencioso. No hay grandes entradas ni fuegos artificiales. El lugar se despliega poco a poco, como si quisiera que el visitante bajara el ritmo y entendiera dónde está.

Estas Navidades visité por segunda vez en Santa Claus Village. La primera vez fui hace 10 años con mi madre, en plena Semana Santa, por lo que no existía un verdadero ambiente navideño. Aun así, pudimos disfrutar de este complejo casi a solas, que también es de agradecer. Para más información sobre esa visita redacté un pequeño artículo aquí.

Un lugar ideal para inmortalizarte con tu familia

Lo más probable es que necesites un día entero para saborear el parque y recorrerlo y disfrutarlo sin prisas.

Se hace de noche muy pronto

El Círculo Polar Ártico: más que una línea en el suelo

Uno de los elementos centrales del recinto es la línea que marca el paso del Círculo Polar Ártico. Está señalizada en el suelo, atravesando el complejo, y cruzarla se convierte en un pequeño ritual. No cambia nada físicamente, pero simbólicamente lo cambia todo.

Aquí es donde muchos visitantes toman conciencia real de la ubicación extrema del lugar. No estás “en el norte”, estás en el Ártico, con todo lo que eso implica en clima, luz y paisaje.

También podemos observar un gran termómetro indicando la temperatura y una cámara donde uno puede conectarse desde cualquier lugar del mundo. Hacerse una foto desde esa cámara es una gratificante experiencia por realizar.

Conectados a la cámara disponible al público en el mundo entero

El encuentro con Santa Claus: sobrio, cuidado y sorprendentemente íntimo

El momento más esperado es la visita a Santa Claus. A diferencia de lo que muchos imaginan, la experiencia está muy medida. No es ruidosa ni caótica. El acceso se organiza con calma y, una vez dentro, el ambiente cambia.

Aquí hay que tener cuidado de “no confundirse” con el verdadero Santa Claus porque hay más lugares que ofrecen la visita para conocerlo. El propio Rovaniemi cuenta con una oficina en el centro (de la que ya comentaremos abajo), pero el propio complejo de alojamiento cercano a Santa Claus Village, llamado Santa Claus Holiday Village cuenta con el suyo propio y no hay que caer en el error. De hecho, se anuncia como el Papá Noel oficial fuera del Círculo Polar Ártico para añadir confusión.

Si vais con niños, lo normal es ver uno de ellos, por lo que si visitas por error el Santa Claus del Holiday Village, es difícil justificar la visita a otro Papá Noel en Santa Claus Village. Éste último es el que más merece la pena porque su oficina es inmensa y guarda multitud de detalles navideños, como cientos de regalos, máquinas para parar el tiempo, mobiliario extravagante y cierta magia que te hace tener mucha ilusión mientras esperar la cola de casi una hora de duración.

Como es Navidad, la afluencia de turistas es enorme por lo que recomiendo llegar pronto, sobre las 9:30 y si no puedes entrar directamente coger un tique que te reservará la entrada en una franja horaria más tarde (mientras tanto puedes disfrutar del resto de opciones que presenta el parque).

Haciendo la fila, te encuentras maravillosos rincones donde puedes hacerte fotos familiares
Con rincones así, la espera no se te hace nada pesada

Una vez dentro, estás como 45 minutos – 1 hora, pero lo tienen organizado de tal manera que no se te hace nada pesado, ya que vas avanzando por las distintas partes de la oficina, como si fuera un museo. Justo al llegar casi al final, te dan la posibilidad de que Papá Noel regale a tu hijo/a un regalo en persona, que, evidentemente, es difícil rechazarlo. ¿Cuándo va a tener la oportunidad de recibir un regalo en persona del mismísimo Papá Noel? También demuestran que son unos genios del marketing.

La mirilla mágica
Con las sillas mágicas
El controlador de tiempo para que Santa pueda llevar los regalos a todos los niños en solo una noche
La ilusión de conocer a Papá Noel

Una vez dentro, Santa Claus no se presenta como un actor apresurado, sino como una figura tranquila, pausada, casi ceremonial. Habla varios idiomas, mantiene contacto visual y se toma su tiempo con cada visitante (sin duda es mágico al atender a tantas personas diarias sin perder la cabeza y los nervios). Incluso para adultos escépticos, el encuentro tiene algo difícil de explicar: no resulta infantil ni ridículo. Está diseñado para suspender la incredulidad durante unos minutos, y lo consigue.

Foto de familia con Santa Claus

Las fotos son opcionales y, aunque el precio suele generar debate, forman parte del modelo del lugar. Aquí conviene ir con expectativas claras: no es barato, pero es una experiencia central del conjunto. Muy recomendable también comprar el vídeo del encuentro. Aunque te cueste caro (y no es más caro que otras actividades), el recuerdo del dinero desaparecerá, pero tendrás unas imágenes que las recordarás siempre. Las dos ocasiones que he realizado la visita, he acabado comprando las fotos y el vídeo.

El vídeo con Santa

La oficina oficial de correos de Santa Claus

Uno de los espacios más interesantes del village es la oficina postal. No por su tamaño, que tampoco es demasiado grande, sino por lo que representa. Desde aquí se envían cartas a todo el mundo con matasellos oficial del Círculo Polar Ártico.

Las cartas de todos los niños esperando a ser leídas por Papá Noel

El interior está lleno de cartas reales llegadas de todos los países imaginables. No es decoración: son envíos auténticos. Este detalle refuerza la sensación de que Santa Claus Village no es solo un decorado, sino un lugar activo, vivo, con una función concreta durante todo el año.

Enviar una carta desde aquí es un ritual que recomiendo encarecidamente. Por un módico precio, puedes adquirir cartas, sellos, postales y demás, para enviar a quién tu quieras. Mi recomendación es enviar a familiares o amigos cercanos con niños pequeños, a los cuales les hará una ilusión tremenda cuando reciban una carta desde la misma oficina de Papá Noel.

La oficina de correos de Papá Noel

Justo a la entrada, hay dos buzones enormes donde depositar tus cartas con el sello. En un buzón, los destinatarios recibirán la carta / postal lo antes posible. En el otro, lo recibirán justo antes de la llegada de próxima Navidad.

Los dos buzones

Una opción muy interesante es rellenar un formulario para que Papá Noel te escriba personalmente (o a quien quieras) antes de la llegada de la siguiente Navidad. Aquí cada año te sorprende con algo distinto. Cuando fui por primera vez, enviaba calendarios y una carta donde mostraba lo que hacía cada día del año. Este último año ha enviado una carta, un dibujo y certificado de buen comportamiento. Es sinceramente uno de los mejores detalles que puedes tener con los niños e incluso con algún padre ilusionado.

El ejemplo de la carta recibida este año

Tiendas, talleres y espacios interiores y exteriores

El Village está compuesto por varias construcciones de madera, todas coherentes entre sí. En su interior hay tiendas, cafeterías y pequeños talleres. No todo tiene el mismo interés, y conviene decirlo. Algunas tiendas son claramente comerciales y prescindibles. Otras, en cambio, ofrecen artesanía lapona o productos bien seleccionados que encajan con el entorno.

Muchos rincones en los que divertirse

El valor de estos espacios no está tanto en comprar, sino en refugiarse del frío, entrar en calor y observar cómo el lugar se adapta al invierno extremo sin perder funcionalidad. Aquí todo está pensado para que puedas pasar tiempo sin prisas, incluso con temperaturas muy bajas en el exterior.

En los exteriores, también hay lugares especialmente adecuados para los niños donde puedes tirarte en trineo por toboganes y realizar actividades con la nieve. Para aquellas familias acostumbradas a vivir en latitudes sin nieve, entrar en contacto físico de esta forma es una experiencia en sí misma.

El ambiente: entre lo turístico y lo auténtico

Santa Claus Village vive en una frontera delicada. Es turístico, sin duda. Pero no es estridente. No hay música constante ni animadores persiguiéndote. La nieve amortigua el sonido, la luz es suave, y el diseño del espacio evita la saturación visual.

Esto hace que la experiencia funcione incluso para quien viaja sin niños. El lugar no exige entusiasmo forzado. Puedes recorrerlo a tu ritmo, observar, sentarte, simplemente estar.

Cuándo ir y cómo afrontarlo

Como he comentado, en Navidad, el Village está muy concurrido, especialmente a media mañana y primeras horas de la tarde. Madrugar o ir a última hora del día cambia mucho la experiencia. Con menos gente, el silencio del entorno se percibe mejor y el lugar gana profundidad.

Ir bien abrigado es imprescindible. Aunque hay interiores, gran parte del tiempo se pasa al aire libre, y el frío aquí se siente más por estar parado que por caminar.

Lo que realmente representa Santa Claus Village

Más allá de la postal, Santa Claus Village funciona porque no intenta convencerte de nada. Está ahí, en medio del Ártico, con una narrativa clara y coherente. Puedes entrar con ironía y salir sorprendido, o entrar ilusionado y confirmar lo que esperabas.

No es la actividad más aventurera de Laponia ni la más auténtica en sentido antropológico, pero sí es el núcleo simbólico del viaje. Entender Santa Claus Village es entender por qué Rovaniemi se ha convertido en el epicentro navideño del norte de Europa.

Snowman World, un parque temático helado dentro del parque temático de Santa Claus

Snowman World es, dentro del entorno de Santa Claus Village, el espacio donde la Navidad deja de ser solo observación y se convierte en actividad constante. Si el village es simbólico y contemplativo, Snowman World es físico, dinámico y claramente orientado a pasar tiempo, no solo a “ver algo y seguir”.

Qué es Snowman World

Snowman World es un parque de nieve y hielo que se reconstruye cada invierno. No es un recinto fijo ni permanente: cada temporada cambia, porque depende del hielo y de las condiciones climáticas. Esto ya marca una diferencia importante frente a parques temáticos tradicionales. Aquí todo es efímero y estacional, como el propio invierno ártico.

El espacio está completamente integrado en el paisaje nevado. No hay una separación brusca entre “dentro” y “fuera”. Entras y sigues estando en el frío, en la nieve, con el cielo encima.

El corazón de Snowman World son los toboganes de hielo. No son atracciones rápidas ni extremas. La gracia está en deslizarse sobre hielo real, no sobre plástico o metal. La velocidad es moderada, suficiente para sentir el frío y la fricción, pero sin sensación de riesgo.

Lo interesante es que funcionan para todas las edades. Adultos y niños participan por igual, y el contexto hace que incluso actividades muy simples se sientan distintas. Tirarte por un tobogán en el Ártico, rodeado de nieve y con temperaturas bajo cero, no tiene nada que ver con hacerlo en cualquier otro sitio.

También hay un espacio de patinaje sobre hielo, y si tienes suerte, te puede nevar mientras patinas sobre hielo. Un paraje más navideño imposible.

Esculturas y arquitectura de nieve

Más allá del juego, Snowman World incluye estructuras y esculturas de nieve y hielo que se integran en el recorrido. No están pensadas como exposición artística formal, sino como parte del entorno. Caminas entre muros, arcos y figuras que no buscan protagonismo individual, sino crear una sensación de lugar.

El restaurante de hielo de Snowman World: comer dentro del paisaje

Dentro de Snowman World se encuentra el Ice Restaurant & Ice Bar, un espacio que no busca sorprender por la cocina, sino por el acto de comer en un entorno completamente congelado. Aquí todo —paredes, mesas, bancos, barras— está construido con hielo y nieve compactada, siguiendo el mismo concepto efímero del parque: se levanta cada invierno y desaparece cuando llega el deshielo.

La temperatura interior se mantiene bajo cero de forma constante. No es un frío extremo, pero sí suficiente para que el cuerpo esté siempre en alerta. Por eso la experiencia está pensada para ser breve e intensa, no para largas sobremesas.

La experiencia antes que el menú

El menú suele ser sencillo y muy controlado. Platos calientes, sopas, guisos o propuestas fáciles de servir en estas condiciones. No se viene a Snowman World a comer bien en términos gastronómicos, sino a vivir una situación poco habitual: sentarte en una mesa de hielo, con pieles o aislantes, y notar el frío atravesando el espacio mientras comes.

Es importante reservar con antelación por lo dicho. Navidad es un periodo de máxima ocupación donde no hay mesas libres ni siquiera, estando éstas congeladas.

Un restaurante donde te quedas helado

El Ice Bar: una pausa breve, no un lugar para quedarse

Junto al restaurante suele estar el Ice Bar, donde se sirven bebidas —algunas calientes, otras frías— en vasos de hielo. Es un espacio aún más breve en concepto. Entras, pruebas, observas y sales. Nadie espera que te quedes mucho tiempo.

Aquí el valor está en el contraste: el calor del cuerpo, el frío del entorno y la textura del hielo como elemento cotidiano. Es una experiencia sensorial más que social.

Conclusión

Santa Claus Village y Snowman World funcionan como el núcleo más “navideño” del viaje, pero por motivos distintos. El primero pone el símbolo: el Círculo Polar Ártico, el ambiente cuidado y esa sensación de estar en un lugar construido para que la Navidad parezca tangible; el segundo pone el movimiento: hielo, nieve, toboganes y el restaurante de hielo, donde el frío deja de ser decorado y se convierte en experiencia. Juntos equilibran fantasía y realidad invernal: sales con la postal en la cabeza, sí, pero también con el cuerpo cansado, las mejillas rojas y la sensación de haber vivido el Ártico más allá de la foto.

No es necesario contratar a ninguna agencia local para esta actividad.

Huskies y Renos en Laponia

La mañana en la que salimos hacia Vaatunki Wilderness Resort el frío ya no era una cifra abstracta en el móvil. El termómetro marcaba –15 °C y se notaba incluso antes de bajar del coche. No era un frío puntual, era un frío instalado, de los que no dan margen a la improvisación. Era Año Nuevo, probablemente la entrada al año más fría que recuerde.

Nada más llegar, lo primero no fue ver renos ni huskies, sino prepararnos. Nos entregaron equipaciones especiales contra el frío: monos térmicos enormes, botas reforzadas, guantes gruesos. Vestirse allí fue casi un ritual. Capa sobre capa, cierres bien ajustados, sensación inmediata de aislamiento y un gran calor en interiores.

Abrigándonos

Con el cuerpo ya protegido, el entorno empezó a imponerse. El bosque estaba completamente quieto, cubierto de nieve, sin viento. Un silencio muy denso, solo roto por pasos sobre la nieve compactada.

El primer encuentro fue con los renos. Aparecen sin anunciarse, tranquilos, casi indiferentes a nuestra presencia. El guía habla en voz baja, explica su relación histórica con la región, cómo viven el invierno, cómo se mueven cuando todo se congela. Nos contaron algunas curiosidades como que les crecen los cuernos a un ritmo de un metro por año. Hay renos con cuernos y otros no. Y las hembras los suelen tener más grandes con el fin de proteger a los bebés. Están en una situación de semi libertad, donde cada uno de ellos tienen propietario.

A –15 °C todo parece más lento. Nos sentaron en un trineo con capacidad para dos personas (y el bebé bien protegido) que era arrastrado (muy) tranquilamente por un reno de tamaño imponente que, junto con el resto de renos y trineos, dimos una vuelta de unos 10-15 minutos de duración. A esas temperaturas, tampoco pides estar mucho más tiempo fuera de lo normal. Se trata de una experiencia muy asequible para cualquier edad y público.

Pudimos ir los dos con la bebé
Arrastrado por renos en Laponia

Después llegó el contraste: los huskies. Antes de verlos, los oímos. No era ruido, era anticipación. Una energía contenida que se liberaba a ratos en forma de aullidos cortos. Al acercarnos, el ambiente cambió por completo. Los perros sabían que tocaba moverse, y cada gesto lo confirmaba.

Los huskies preparados para la aventura
En marcha por el bosque

Antes de subir al trineo hubo una explicación clara y directa. Cómo colocarse, cómo comportarse, qué esperar. Era la tercera vez que me subía en un trineo con huskies, y cada experiencia ha sido diferente. Las otras veces pude llevar el trineo, lo cual lo hace mucho más interesante y divertido. Esta vez tocaba relajarse y disfrutar del paisaje más invernal posible. No fue una mala elección y pudimos repetir dos veces porque algunos miembros de la familia eligieron no hacerlo. El viaje también es corto, de unos 15 minutos, pero la distancia recorrida es mucho mayor, pasando del bosque a un lago helado enorme, y luego vuelta a la casilla de salida.

Entre actividades, cuando el cuerpo empieza a notar el desgaste del frío, nos llevaron a una lavvu, una tienda tradicional sami, similar a un tipi. Dentro, el cambio es inmediato. Un fuego encendido en el centro, bancos de madera alrededor, luz cálida. Nos ofrecieron café o té caliente y unas galletas sencillas. Nada elaborado, nada innecesario. En ese momento, ese calor básico lo era todo.

La familia con el lavvu o tipi

Sentado allí, con las manos rodeando la taza, entiendes por qué estos refugios existen.

Explicación calentados por el fuego

La actividad terminó sin grandes finales ni despedidas teatrales. Volvimos a Rovaniemi con la sensación de haber estado fuera, de verdad. No en un parque, no en una postal, sino en un lugar que sigue funcionando a –15 °C como si fuera lo normal.

El precio es algo caro (unos 150 EUR el año pasado) pero para conocer dos actividades típicas la misma mañana quizá sea suficiente. Si quieres profundizar en un recorrido largo de huskies ya recomendaría realizar el de 16 km o el que hice en su día en Ivalo que duró casi 2 horas. Más info: Husky and Reindeer Short Rides – Safartica.

Acelerando en Motos de Nieve

Aunque esta actividad no la hicimos exactamente en Rovaniemi (sino a un par de horas al norte – en Levi), la actividad es muy parecida en todos los lugares de Laponia que la ofrecen. La he creído conveniente listar aquí para aunar las actividades que realmente se pueden hacer en Rovaniemi.

Nada más llegar al puesto de motos de nieve nos entregaron el equipamiento: mono térmico, gafas, botas, doble guantes, casco. Aun así, cuando te ajustas la braga al cuello sabes que va a colarse aire por algún sitio. Y se cuela. O se empañan las gafas y tienes que volver a ponértelas. E incluso solo con respirar, te está entrando un aire gélido directamente a los pulmones.

Preparándonos para la guerra invernal
Preparado al 100% para soportar las temperaturas árticas

Yo iba conduciendo desde el principio y mi madre se sentó detrás, pegada a mi espalda. Antes de arrancar nos explicaron lo básico: acelerar suave, frenar sin brusquedad, mantener distancia. Parecía sencillo, y realmente, si estás acostumbrado a conducir no ofrece mucha dificultad, notas el peso de la moto y ves que debajo no hay asfalto: hay nieve compactada y vas deslizándote.

El primer tramo fue de concentración pura. La moto responde con una potencia que impresiona. Cada curva se toma con cuidado, cada pequeña irregularidad se nota en el cuerpo, y particularmente si lo tienes congelado. Y, sobre todo, el frío, que a pesar de ir muy abrigados, se te mete en los pulmones. Tuve que agradecer el agarre de la moto que era de por sí calefactable, y también un chaleco calefactable (valga la redundancia) que llevaba dentro de mis capas interiores, dándole energía una batería externa que llevaba en el bolsillo. El móvil también puede congelarse por lo que es recomendable no llevarlo en el bolsillo de tu capa más externa, sino de una capa intermedia.

Arrancamos en fila india y con cuidado, siempre pendiente de las señales que transmitía el guía. El modo de proceder era sencillo: dependiendo del movimiento con la mano teníamos que acelerar, decelerar o parar. El guía daba la señal y tú tenías que copiar la señal para informar a tus seguidores. Nada de otro de mundo.

Mi madre, detrás, no decía mucho. Notaba su peso y su agarre. De vez en cuando, un apretón más fuerte cuando el terreno se ponía irregular. Esa comunicación sin palabras: “voy contigo”, “estoy bien”, “sigue”.

Empezamos saliendo del poblado, para llegar al bosque y poco a poco íbamos incrementando la velocidad, y entonces llegamos al claro (probablemente un lago helado), como una explanada inmensa, plana, casi perfecta. Allí el guía nos dio margen y, por primera vez, pudimos subir la velocidad casi al máximo. La moto dejó de sentirse “controlada” y pasó a sentirse “libre”. Aceleré y la sensación cambió por completo: el viento se hizo más duro, la vibración más intensa, y el horizonte blanco empezó a moverse hacia nosotros como si el suelo se deslizara. Cabe decir que mi madre casi acaba saliendo disparada, aunque eso decía ella un poco exagerada, como siempre.

Quizá lo más molesto era que las gafas o el visor del casco solían empañarse cada poco y en mi caso tenía que dejarlo más abierto. De esta manera, el aire te daba más de cara y lo notabas.

Íbamos en fila india
A una temperatura que bajó esa mañana a 30ºC bajo cero

Las dos horas se pasaron rápido. Cuando terminamos y me quité el casco, el aire me pareció menos frío de lo que era, como si el cuerpo hubiera aprendido a resistir. Tenía las mejillas rojas, la nariz helada y los pelos del bigote y la barba completamente congelados.

Los efectos de la congelación en la cara

El precio es también caro (superior a los 100 EUR el año pasado) y tienes que hacerlo vía agencia local. Más info: Snowmobiling Quick Spin – 2 h snowmobile experience – Safartica.

Un pequeño paseo por Rovaniemi

Pasear por Rovaniemi cuando está nevado no es una actividad programada ni aparece en ningún folleto. Ocurre en los huecos del viaje, entre una excursión y otra, y acaba siendo una de las experiencias más constantes. No porque sea espectacular, sino porque todo cambia cuando la nieve cubre la ciudad.

Lo ideal es alternar una de las excursiones más intensas, con un paseo y poder disfrutar del Rovaniemi más navideño, siendo un lugar menos navideño (entendido como menor decoración navideña) que la media europea.

Las calles están limpias, pero no desnudas: la nieve se compacta, el suelo cruje bajo las botas y cada paso se vuelve consciente. No hay prisa. El frío no invita a vagar sin sentido, sino a moverse con intención, a elegir rutas cortas y a detenerse solo cuando merece la pena. Los niños pueden caminar y correr por la nieve, jugando, deslizándose por el trineo, hacer guerras de bolas de nieve y los archifamosos muñecos de nieve. Una gran experiencia y actividad, sobre todo si en tu residencia habitual no estás acostumbrado a ver y experimentar con nieve ni siquiera en invierno.

Paseo por Rovaniemi

La ciudad, pequeña y funcional, se transforma con la nieve. Los edificios no destacan por su arquitectura monumental, pero el blanco lo iguala todo y lo vuelve más amable. Las luces —escasas, cálidas— no iluminan para lucirse, iluminan para acompañar. Por la tarde, el contraste entre la nieve y los interiores encendidos hace que cualquier cafetería parezca un refugio.

Nosotros nos alojábamos en un encantador chalet a las afueras de Rovaniemi completamente equipado. Una vez dentro y con el sol puesto, no daban ganas de salir, por lo que aprovechábamos las pocas horas de luz para aprovechar el tiempo y realizar actividades.

Para llegar al centro, teníamos que cruzar el río Kemijoki, completamente helado, por un puente que no ofrecía ningún peligro. En el centro, el ritmo es distinto. Hay más movimiento, tiendas abiertas, gente entrando y saliendo de restaurantes. Es una buena oportunidad para comprar souvenirs, degustar comida local (o no tan local), tomarte una buena cerveza, o disfrutar de algún Belén hecho de hielo.

Belén de hielo en Rovaniemi

Quizá lo más interesante es la oficina del centro de Santa Claus, un aperitivo navideño antes de la visita al oficial Santa Claus Holiday Village. A priori no íbamos a entrar, pero como este Papá Noel estaba menos ocupado, salió de su oficina y nos invitó amablemente a entrar. No nos íbamos a negar. Es un lugar interesante y lleno de detalles. Si vas a su oficina central en el Village te puedes saltar esta pequeña oficina urbana, pero si eres muy aficionado, y no eres amigo del turismo masificado, deberías echarle un vistazo.

La oficina de Papá Noel en el centro de Rovaniemi

Recordemos que Rovaniemi, cuando está nevado, no se ofrece como un escenario espectacular, sino como un lugar habitable en condiciones extremas. Y caminarlo, sin más objetivo que estar allí, es una forma muy directa de entender por qué este rincón del Ártico funciona no solo como destino, sino como ciudad real.

Patinaje

A continuación, Rovaniemi en Navidad: 10 actividades imprescindibles (Auroras Boreales, Arktikum y gastronomía local). Segunda Parte.