Después de unas 8-9 horas llegamos en autobús turístico a la majestuosa, otrora, capital del imperio Inca, la ciudad de Cusco, a una altitud de 3399 metros.

“Los reyes Incas dividieron su imperio en cuatro partes, que llamaron Tahuantinsuyo, que quiere decir las cuatro partes del mundo, conforme a las cuatro partes principales del cielo: oriente, poniente, septentrión y mediodía. Pusieron por punto o centro la Ciudad de Cusco, que en la lengua de los incas quiere decir “Ombligo De la Tierra”. Le dieron este nombre porque todo el Perú es largo y angosto como un cuerpo humano y la Ciudad de Cusco se encuentra en el centro como un ombligo.”
Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas
Al igual que los griegos, los judíos, los romanos y demás culturas consideraban la ciudad de Atenas, Jerusalén o Roma como el centro del mundo, por sus connotaciones religiosas, místicas o de civilización; así también los Incas desarrollaron un simbolismo espacial arquitectónico que consideraba la ciudad de Cusco como el centro del mundo en ese momento conocido.
La ciudad inca de Cusco era el ombligo del mundo, y el Coricancha, templo principal de la ciudad, era el lugar más importante y sagrado del imperio. Era el centro del Centro de Universo, desde donde partían líneas imaginarias que los incas llamaban Ceques. En cada una de estas líneas o ceques, estaban ordenados los diversos ídolos y adoratorios llamados Huacas y que sumaban las cantidad de 328, es decir, en el camino de los ceques nos encontramos construcciones (como canteras, acequias, observatorios astronómicos, adoratorios o lugares de descanso) o piedras con diversas formas y tamaños incluso talladas por los mismos incas. Cusco y las Huacas contenían todo el universo mágico-religioso que sostenía la cosmovisión y sentido último del hombre andino.

Por ser el centro del universo, la ciudad de Cusco era el modelo perfecto a replicar, el arquetipo simbólico del orden cósmico frente al caos representado por las etnias que no habían recibido la iluminación, enseñanzas y cultura de los incas.
“Todas las ciudades a imitación del Cusco guardaban un mismo orden”
Bernabé Cobo
La reproducción de Cusco como centro del universo en toda la extensión geográfica del imperio inca, tuvo como objeto la asimilación de las etnias y la integración de la cultura desarrollada por los incas. De esta manera, se hizo más fácil la integración de las etnias que encontraban los incas a medida que éstos expandían su imperio.
La ciudad de Cusco y su forma de Puma
Antes de proceder con la forma de la ciudad de Cusco, es muy interesante y relevante, conocer la cosmovisión inca de los tres mundos. Los sabios de los incas creían que el hombre estaba compuesto de cuerpo y alma, y que ésta era inmortal (curioso dato que asemeja esta creencia al de las civilizaciones occidentales y orientales sin que nunca hubiera habido contacto entre ellas hasta el SXVI). Dividían el universo en tres mundos: al cielo lo llaman Hanan Pacha o mundo alto, donde iban los buenos a ser premiados por sus virtudes (una especie de cielo). A este mundo, el de la generación y corrupción, lo llamaban Kay Pacha. Y, finalmente, llamaban Uku Pacha al centro de la tierra, que quiere decir mundo inferior, donde van a parar los malvados (una especie de infierno).
Muy significativo es que cada mundo estaba representado por un animal totémico, cada uno de los cuales era sumamente respetado y considerado sagrado para los incas. El mundo del cielo lo representa el cóndor, que simboliza y expresa la fuerza de todos los dioses del cielo, es la representación de la realeza inca. El mundo terrenal está representado por el puma, que simboliza la fuerza. la astucia y el valor de los guerreros del imperio. El animal del inframundo fue el Amaru o serpiente sagrada, que representaba la sabiduría, el conocimiento, el poder e inteligencia, entre otros.

Por tanto, la ciudad de Cusco, como Centro del Mundo, fue arquitectónicamente diseñada en forma de puma, como alegoría y emblema de energía, fuerza, poder, coraje.

La ciudad de Cusco era la residencia del Inca (rey Inca) y la nobleza y centro administrativo y religioso del imperio, pues dentro solo podían vivir las personas autorizadas por el Inca. El lugar de mayor importancia para hacer celebraciones era el Huacaypata, donde se encuentra la actual Plaza de Armas. Miles de personas participaban de estos actos, donde se podía ver y reverenciar al Inca reinante y celebrar las fiestas de siembra y cosecha, los solsticios o las victorias militares, entre otros.
Uno de los eventos más característicos de esta civilización, y que horrorizó a los conquistadores españoles, eran las procesiones que los incas realizaban con las momias de los anteriores Incas y Coyas (mujeres de los Incas), para así establecer ante el pueblo la continuidad, vigencia y legitimidad del Inca que gobernaba en ese momento. El proceso de momificación y posterior conservación, así como las procesiones públicas de los reyes incas momificados era un concepto sagrado, por ello, vieron con horror cómo los españoles incineraban y prohibían tan macabra tradición a sus ojos católicos. Los propios incas huyeron de los españoles con parte de estas momias para evitar la destrucción completa de sus antepasados.

No se puede entender el esplendor de la ciudad de Cusco sin la figura del gran Inca Pachacutec, que gobernó entre 1438 y 1471, siendo responsable del máximo esplendor del imperio Inca. Entre otras hazañas, desarrolló el plan de construir un gran Cusco, con el trabajo incansable de 20.000 hombres durante un periodo de más de 20 años.
La ciudad de Cusco tenía tres áreas perfectamente definidas: el centro simbólico, administrativo y religioso, donde residía la nobleza inca y los sacerdotes de culto, residiendo allí unos 17.000 habitantes. Era el perímetro comprendido dentro del diseño del Puma, desde la fortaleza de Sacsayhuaman hasta la cola del puma (Pumacchupan). La ciudad también contaba con barrios periféricos donde vivía el resto de la población (unos 110.000 habitantes) que prestaban todo tipo de servicios a la nobleza inca.
“La ciudad Cusco era muy grande y muy populosa, de grandes edificios, barrios y comarcas. Cuando los españoles entraron en ella por primera vez, había gran cantidad de gente, sería una ciudad de cuarenta mil vecinos, sólo los que vivían en la ciudad. En los arrabales y comarcas alrededor del Cusco, vivían dos cientos mil indios, porque esta era la ciudad más poblada de estos reinos.”
Cristóbal de Molina (1494-1580)

Los restos Incas en la moderna ciudad de Cusco
Hoy en día, Cusco sigue siendo una gran ciudad, bulliciosa, muy adaptada al turismo donde todavía se pueden apreciar construcciones y ruinas incas, aunque nada que ver con la Cusco de Pachacutec del SXV. Tras la conquista española por Francisco Pizarro, fueron eliminadas las costumbres incas, se cristianizó la población y se usaron parte de las construcciones existentes para crear nuevas iglesias y catedrales. Uno de los casos más llamativos es la fortaleza de Sacsayhuaman (la cabeza del Puma), probablemente la mayor estructura realizada por la civilización inca, donde prácticamente solo quedan los cimientos, ya que las piedras labradas se reutilizaron para construir la nueva catedral y las casas de los conquistadores. Otro caso es el mismo Coricancha (el templo del Sol o centro del universo) sobre el cual construyeron el templo del Santo Domingo. Y otro caso es el palacio de Viracocha o dios invisible, donde siguiendo la costumbre católica de levantar sus iglesias en los lugares sagrados de la religión andina, y así ir eliminando de raíz las creencias autóctonas, construyeron la catedral de Cusco.
En el Cusco Inca hay multitud de puntos de interés aunque en este artículo me gustaría comentar los más relevantes, y aquellos a los que dedicamos más tiempo en el viaje, es decir, aquellos donde se conservan más restos y fueron más importantes.
Fortaleza de Sacsayhuaman (la cabeza del Puma)
Situada a 2 km del centro actual de Cusco (la Plaza de Armas), a una altitud de 3600 metros, se encuentra la fortaleza de Sacsayhuaman, conocida como Templo del Sol, una de las más importantes construcciones de piedra del mundo andino.

Antes de la llegada de los españoles, era un enorme complejo militar, administrativo y religioso, que abarcaba por lo menos un 80% más de lo que actualmente se puede ver. Como dije anteriormente, sus muros y torreones fueron desarmados para construir la Catedral de Cusco y otras iglesias. Y esto se debe también para evitar que la fortaleza fuera usada por los nativos para combatir a los españoles, como ocurrió en la gran rebelión de Manco Inca en 1536, donde perdió la vida Juan Pizarro (hermano de Francisco), y que supuso una lucha encarnizada que acabó con numerosas bajas en ambos bandos.

“Fue el Inca Pachacutec, quien ordenó construir la fortaleza de Sacsayhuaman, para construir otra grandiosa Casa del Sol, que sobresaliera sobre todos los templos y palacios hasta entonces conocidos. Ordenó que viniesen veinte mil hombres desde todas las provincias con sus herramientas, para trabajar de manera rotativa para no fatigarse. Cuatro mil hombres extraían las piedras de las canteras y otros seis mil hombres las llevaban hasta Sacsayhuaman, arrastrándolas con grandes cuerdas hechas de cuero y cabuya, el resto de los constructores se dedicaban a abrir zanjas y cimientos, también a cortar horcones y vigas para el enmaderamiento.”
Pedro Cieza de León describiendo la fortaleza
Personalmente, es impresionante cómo consiguieron mover piedras de tal tamaño y peso con medios manuales. Quizá es otro misterio que nos deja la historia y que todavía no sabemos resolver del todo, como la construcción de las pirámides de Egipto o los Moais en la Isla de Pascua. Según cronistas, habían piedras que eran arrastradas por hasta 20.000 indígenas. En algunas desafortunadas circunstancias, transportando una de estas vastas piedras, el peso de la piedra vencía y se soltaba cuesta abajo, matando sin piedad a aquél que encontraba a su paso. A estas piedras, se les llamaron “piedra o roca cansada”, porque la piedra se cansó y no pudo llegar finalmente a ser colocada.



La construcción de Sacsayhuaman fue un trabajo titánico. Fue el inca Pachacutec quien le dio la monumentalidad que ha llegado a nuestros días, demorándose unos 50 años en completarla por unos 20.000 trabajadores, justo antes de la llegada de los conquistadores.


En quechua, Sacsayhuaman quiere decir Halcón Saciado. Era simbólicamente la cabeza del Puma en la que estaba enmarcada la ciudad de Cusco, constituyendo una ciudad amurallada dentro de la capital inca. El sector principal dispone de tres fuertes escalonados en forma de zigzag. Aquí podemos ver las grandes piedras de hasta 80 toneladas perfectamente puestas las unas sobre las otras con una precisión pasmosa. Lo que más llama la atención (y es algo que veremos en los edificios más sagrados e importantes de la la civilización incaica), es la artesanía y virtuosismo de los constructores incas para que no cupiera ni un fino alfiler entre las piedras, y que no utilizaran, en estas construcciones, ningún tipo de cemento. Es auténtica maravilla.

En cada uno de los fuertes, había una hermosa puerta, la cual tenía una piedra levadiza con la que se cerraba la fortaleza. Garcilaso de la Vega describió que en la cumbre existían tres torreones y otras estancias, que al haber sido desarmadas, no han podido llegar a nuestros días, y solo podemos observar las bases, descubiertas por Luis E. Valcárcel en 1934. A la torre central (y más importante), la llamaron Muyoc Marca, que significa fortaleza redonda, porque estaba construida circularmente. En esta torre, los incas establecían sus aposentos cuando subían a la fortaleza a recrearse, que estaban adornados con oro y plata, y figuras de animales. La segunda torre se llamaba Paucar Marca y la tercera Sacllac Marca, ambas cuadradas, con estancias para los guerreros que custodiaban la fortaleza. La fortaleza también era un templo al Sol, para oración y sacrificios.

Coricancha: Templo del Sol, Centro del Universo
De la cabeza del Puma, pasamos a visitar el punto más importante de la ciudad de Cusco y del Imperio Inca. Las crónicas atribuyen su construcción a Manco Cápac, llamándola “casa del hacedor” para honrar y venerar al dios creador del mundo andino Wiracocha. Su transformación como lugar único en el imperio se lo debemos al gran Pachaqutec en 1438. La transformó denominándose como Qoricancha o “recinto de oro” para honrar al Sol como su dios principal y supremo del reino de los incas.
Los españoles a su llegada coinciden en manifestar la extraordinaria calidad del edificio de arquitectura y mampostería fina de piedra caliza y andesita provenientes de canteras cercanas. El lugar tiene una estructura poligonal con una esquina ovalada.
El templo del sol estaba ubicado en lo que ahora es la Iglesia de Santo Domingo que construyeron sobre su estructura. La techumbre era de madera muy alta para que corriera el aire, con cobertura de paja porque no conocían la teja.



Imaginaos el templo donde las cuatro paredes estaban cubiertas de planchas de oro, con una figura del sol, hecha con más oro si cabe. La figura, con cara redonda, era tan grande que abarcaba toda la parte frontal de la pared principal, y a ambos lados, estaban los cuerpos momificados de los incas reales, colocados por orden de antigüedad, como Hijos de Sol (y el Inca Huayna Capac fue el que más destacaba, ubicándose justamente delante de la figura del sol, con el rostro mirando hacia él). Cuentan que estaban tan bien embalsamados que parecía que estaban vivos. Como dijimos anteriormente, para evitar que los españoles destruyeran las momias, éstas fueron escondidas por los indios como un tesoro, y la mayor parte de ellas nunca fueron encontradas.
Alrededor del claustro principal, se encontraban otros cinco aposentos grandes cuadrados.
Uno de estos aposentos estaba dedicado a la Diosa Luna, mujer del Sol, donde paredes y puertas estaban cubiertas de tablones de plata, con un rostro de mujer. Los incas la llamaban Mama Quilla a la luna que significa Madre Luna. Aquí se encontraban los cuerpos momificados de las reinas coyas difuntas.

Próxima a la luna se encontraba la estancia dedicada al Lucero Venus, y al resto de estrellas. Adoraban a Venus porque consideraban que era escudero del Sol, que andaba muy cerca de él. Pensaban que las estrellas eran sirvientes de la Luna, así que le dieron un lugar cercano a su aposento.
Otro aposento era el dedicado al Relámpago-Trueno-Rayo, funciones comprendidas bajo el nombre de Illapa, el cual creían que era servidor del Sol.
Otro cuarto aposento estaba dedicado al Arco Iris, que ocupaba de pared a pared con todos sus colores. Llamaban al Arco Iris Cuichi y le tenían gran veneración, cuando lo veían en el cielo cerraban la boca y se ponían la mano delante, porque creían que si exponían los dientes al Arco Iris, éstos se gastarían.

Un último aposento estaba dedicado al sumo sacerdote y para los demás sacerdotes que asistían al servicio del templo; todos debían pertenecer a la nobleza inca. Era utilizado para ordenar los sacrificios y organizar las ceremonias del templo.
En Coricancha, además de los mencionados aposentos, existían otros aposentos para sacerdotes y criados. Los sitios sagrados donde se quemaban los sacrificios eran imponentes y suntuosos. En el interior del templo existían fuentes de agua con caños de oro y pilares de piedra, que fluían por conductos subterráneos que surtían de agua al templo.
Lo que ahora es el huerto del convento de Santo Domingo, era, en tiempos de los incas, un jardín de oro y plata, con gran variedad de plantas, flores, árboles y animales.
Altar del Coricancha
Quizá una de los aspectos del templo que más me llamó la atención fue el Altar del Coricancha, en el que se muestra la amplitud, variedad y riqueza de la cosmología incaica. Esta visión está resumida en un dibujo cosmológico que el cronista Santa Cruz Pachacuti, dice haber visto, señalando que fue mandado a fabricar por el primer Inca Manco Cápac: “este Inca ordenó confeccionar a los plateros una plancha lisa de oro fino, con dibujos que expresaran la existencia de un creador del cielo y la tierra, y la hizo colocar en el templo principal del Cusco llamado Corichanca”. En este dibujo se reflejan los aspectos más importantes de la cosmología andina, desde el gran creador Viracocha, pasando por el Sol (Inti), la Luna (Killa), el mencionado Arco Iris (Kuychi), la Pachamama (Madre Tierra), Mamacocha (Madre del Mar), el Hombre y Mujer o el Collcampata (“lugar de los graneros”), por poner algunos ejemplos. No voy a ser muy exhaustivo con cada uno de estos aspectos y recomiendo encarecidamente la lectura de alguno de los manuales incas para poder entender estos conceptos en profundidad. Lo que quiero puntualizar es que los incas van a actuar, construir, y realizar todas sus acciones, basadas casi siempre en su cosmología andina, donde alguno o varios de los elementos que forman este dibujo van a ser considerados en sus templos, figuras, huacas, etc.


Dentro de la ciudad de Cusco, o al menos, en la parte del puma, hay otros restos de construcciones incas, como el palacio de Cora Cora o del Inca Yupanqui o el de Huayna Capac, donde apenas queda prácticamente nada, y no mereció la pena incluirlos en la visita. Sin embargo, las crónicas de estos edificios nos muestra una idea del esplendor de la ciudad inca de Cusco.
Por otro lado, a las afueras de la ciudad, sí quedan más evidencias de las construcciones incas. En la visita al Cusco Inca también se suelen incluir otras visitas a tres lugares que merecen la pena (unos 45 minutos – 1 hora de duración por lugar), y que continúan sumergiéndote en la cultura inca. Éstos son Quenco, Tambomachay y Puca Pucara.
Quenco
Este conjunto arqueológico se encuentra a tan solo 10 minutos de Sacsaywaman. Significa en idioma quechua, “laberinto torcido con muchos recovecos”, y consta de dos huacas próximas (Quenco Grande y Quenco Chico). Quenco fue concebido en forma de lagarto y consta de una gran roca pulida, donde los astrónomos incas medían las estaciones, los solsticios y los equinoccios. Los lugareños la denominan “Intihuatana”. En la cima del complejo, comienza una canaleta en forma de zigzag parecido al rayo, en el que se supone que fluía chicha (bebida fermentada tradicionalmente elaborada a partir del maíz) especialmente preparada o sangre de llamas u otros animales.


En la parte baja del complejo (el interior) se encuentra una cámara de sacrificios, labrada toda la estancia (paredes, techos, hornacinas, altar) en una sola roca. Era el lugar de sacrificio de llamas, y en ocasiones especiales, también podía servir para embalsamar o momificar los cadáveres de reyes incas. Este recinto, prueba que Quenco era un lugar sagrado especial, para los grandes sacerdotes de culto oficial y el Inca.


Por último, destaca en este lugar, una especie de anfiteatro en el exterior, con un muro circundante que contiene 19 hornacinas, que eran usadas para colocar los ídolos u objetos para la liturgia. Al frente de este conjunto destaca los restos de una piedra, que bien podría haber sido un ídolo de 6 metros de altura, quizá un puma sentado, el cual fue destruido en la época colonial (y hace que sea imposible reconstruir la imagen original).




Tambomachay
En quechua, el nombre de este complejo significa lugar de descanso, y está ubicado a unos 7 km. de la ciudad de Cusco.
“La novena Huaca se llamaba Tambomachay, que era una casa del Inca Yupanqui, donde se alojaba cuando salía a cazar. Estaba ubicada en un cerro cercano al camino de los Andes. Allí se sacrificaba de todo, excepto niños”.
Bernabé Cobo
Conocido también como baño del inca, en el recinto existen dos acueductos, por el que fluye agua cristalina de forma permanente, que viene por canales subterráneos desde manantiales desconocidos hoy en día. Al final, las aguas de estos dos acueductos se unen, desembocando en una fuente ceremonial.


Cabe especial atención al uso e importancia que le daban los incas al agua. Implementaron sistemas de riego de alta ingeniería hidráulica, para mantener y elevar la producción. Eran completamente dependientes de este elemento debido a que eran una sociedad fundamentalmente agrícola, por lo que debían controlar el uso de la misma, almacenando agua para épocas de sequía o protegiendo las cosechas en caso de inundaciones y tormentas. De hecho, el dominio del agua adquirió connotaciones mágico-religiosas que tuvieron su expresión litúrgica y cultural en lugares como Tambomachay.

El complejo consta además de cuatro andenes incas (o terrazas escalonadas). En el andén más elevado destacan cuatro grandes hornacinas de unos dos metros de altura. La piedra está muy bien trabajada, con ensamblaje perfecto, por lo que nos podemos hacer una idea de lo especialmente importante que era el lugar para los incas.

Puca Pucara
En idioma quechua, Puca quiere decir rojo, el color de la tierra del lugar, es rojizo y Pucara equivale a fortaleza, significando fortaleza roja. Este recinto arqueológico permite visualizar un amplio territorio. Era por su ubicación una fortaleza o puesta avanzado del sistema defensivo inca, en las inmediaciones de Cusco. Era un lugar de suma importancia que se encontraba en el camino al Valle Sagrado de los Incas, que estaba compuesta de edificios, plazas, acueductos y torres para la observación del entorno. Cuando el Inca iba a los baños de Tambomachay se desplazaba con una gran escolta de sacerdotes, servidores, soldados para su protección, que tenían como centro alojamiento, y centro administrativo y logístico a Puca Pucara.


A continuación el Valle Sagrado de los Incas.