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La Digue y la playa más fotografiada del mundo

Tras tres días intensos en Praslin, pusimos rumbo a La Digue, la tercera isla más visitada de Seychelles, aunque con una personalidad única. El trayecto en ferry dura apenas 15 minutos desde Praslin, un cruce corto pero suficiente para sentir que se entra en un lugar distinto y el tiempo transcurre a otro ritmo.

El puerto recibe al viajero con casas criollas de techos rojos, pequeñas tiendas y restaurantes familiares. La vida de la isla se concentra en esta zona habitada, pero basta pedalear unos minutos para encontrarse rodeado de vegetación tropical y playas salvajes.

 Lo primero que sorprende al llegar es que en La Digue no hay coches privados: aquí la vida se mueve en bicicleta o en pequeños carritos eléctricos, lo que le da un encanto especial.

La isla tiene apenas unos pocos kilómetros cuadrados y una pequeña zona habitada junto al puerto, donde se concentran las guesthouses, tiendas y restaurantes. Allí nos alojamos, y desde ese punto partimos cada día con nuestras bicicletas para descubrir playas y paisajes de postal.

La Digue: la isla donde el tiempo se detiene

La Digue es la cuarta isla más grande de Seychelles, pero su encanto no reside en su tamaño, sino en su estilo de vida. A diferencia de Mahé y Praslin, aquí no hay vehículos a motor ni grandes infraestructuras: lo que crea una atmósfera pausada, auténtica y distinta a cualquier otro lugar del archipiélago.

La Digue es hogar de algunas de las playas más icónicas del planeta. La más célebre es Anse Source d’Argent, con sus arenas blancas, aguas turquesas y gigantes bloques de granito que la han convertido en la playa más fotografiada del mundo y una de las más famosas del mundo. Pero no está sola: en la costa sureste, playas como Grand Anse, Petit Anse y Anse Cocos muestran la cara más salvaje de la isla, con oleaje bravo y paisajes dramáticos. Cada playa tiene su carácter, y recorrerlas en bicicleta y a pie es parte inseparable de la experiencia.

Aunque pequeña, La Digue también tiene un trasfondo cultural interesante. En L’Union Estate, la finca histórica que da acceso a Source d’Argent, se pueden ver antiguas prensas de copra, plantaciones de vainilla y recintos con tortugas gigantes, recordando el pasado agrícola de la isla. La vida aquí sigue marcada por las tradiciones criollas: pesca artesanal, cultivo de pequeños huertos y celebraciones comunitarias donde la música y el baile ocupan un lugar central.

Cómo recorrerla

El mejor modo de descubrir La Digue es en bicicleta. Las distancias son cortas: en menos de media hora puedes cruzar de un extremo al otro, aunque algunas rutas tienen cuestas exigentes que se compensan con paisajes espectaculares. El hecho de dejar las bicis en la arena y continuar a pie hacia playas escondidas como Anse Cocos da al viaje un aire aventurero que en otras islas es más difícil de encontrar.

Día 1: de Grand Anse a Anse Cocos, la ruta salvaje del sur

Con las bicicletas iniciamos el recorrido hacia la costa sureste. La distancia desde el pueblo hasta Grand Anse es de unos 4 km, lo que lleva unos 20-25 minutos pedaleando. El camino es pintoresco pero exigente: combina tramos de asfalto con cuestas empinadas y descensos pronunciados, que requieren algo de esfuerzo físico. Es cierto que algunas veces parábamos si la cuesta era muy exigente, pero continuábamos andando con la bicicleta sin problema. Lo único que había que tener en cuenta es que la noche no te pillara en el camino porque sino un paseo tranquilo se convertiría en toda una aventura.

Llegamos hasta el aparcamiento de bicicletas en Grand Anse y desde ahí continuamos a pie, porque el resto del trayecto solo se puede hacer caminando.

  • Grand Anse
    Una playa salvaje, amplia y poderosa. Ese día el cielo estaba nublado y el viento soplaba con fuerza, lo que intensificaba la imagen de un océano bravo, con olas altas rompiendo en la orilla. Aunque no es recomendable para nadar debido a las corrientes, el espectáculo de la naturaleza en estado puro lo compensa todo.
  • Petit Anse
    Tras unos 15 minutos caminando desde Grand Anse, llegamos a Petit Anse, una bahía más recogida, rodeada de colinas cubiertas de vegetación. También aquí el mar estaba agitado, pero la belleza del lugar no se puede discutir: arena blanca, grandes bloques de granito y un entorno totalmente natural.
  • Anse Cocos
    Continuando otros 20 minutos a pie se llega a Anse Cocos, la joya escondida del recorrido. Esta playa, más apartada, conserva una atmósfera de aislamiento que pocas pueden ofrecer. Entre sus formaciones rocosas se forman pequeñas piscinas naturales donde, en días tranquilos, es posible bañarse con seguridad. Ese día, el viento seguía presente, pero aun así fue la recompensa perfecta tras el esfuerzo de la caminata.

Es recomendable llevar algo de avituallamiento para que no te pille de sorpresa sed o hambre. Estuvimos un buen rato caminando hasta encontrar un sitio donde pudimos comer por fin una especie de menú del día Seychelliano en un comedero improvisado donde los responsables de lugar se habían traído comida cocinada en su casa, que para nosotros fue un auténtico manjar.

La ruta completa —ida y vuelta— nos ocupó prácticamente todo el día. Regresamos en bicicleta al pueblo al atardecer, cansados pero felices, y cerramos la jornada con una cena tranquila en un restaurante local, disfrutando de pescado fresco y la calma característica de La Digue.

Día 2: Anse Source D’argent, la playa más fotografiada del mundo 📸

El segundo día lo reservamos entero para Anse Source d’Argent, probablemente la playa más famosa no solo de Seychelles, sino del mundo.

Si hubiera que elegir una imagen que represente a Seychelles en el mundo, sería sin duda la de Anse Source d’Argent. Situada dentro de la finca histórica de L’Union Estate, esta playa ha aparecido en documentales, catálogos de viaje y hasta en películas de Hollywood. Su fama no es casual: combina todos los elementos de un paraíso tropical en un mismo escenario.

Lo primero que llama la atención al entrar es la arena blanca y finísima, tan suave que parece harina. El mar es poco profundo y de un turquesa translúcido, protegido por un arrecife que mantiene las aguas calmadas y seguras para nadar. Pero lo que convierte a Source d’Argent en única son sus gigantescos bloques de granito, esculpidos por miles de años de erosión. Colocados como esculturas naturales, crean calas escondidas y pasadizos entre rocas que parecen diseñados a propósito.

Un mosaico de calas

Lejos de ser una playa lineal, Source d’Argent es un conjunto de pequeñas calas conectadas entre sí. Caminando entre las rocas descubres rincones íntimos, perfectos para tumbarse al sol o disfrutar de un baño en solitario. Cada pocos metros el paisaje cambia: una palmera inclinada sobre el agua, un arco de granito que enmarca el horizonte, un charco cristalino en marea baja donde nadan peces diminutos.

La protección del arrecife hace que el agua sea casi una piscina natural, ideal incluso para quienes no se sienten cómodos en mar abierto. En los extremos de la playa, el snorkel permite ver peces tropicales, aunque lo más especial es simplemente flotar en ese mar quieto con los bloques de granito de fondo.

Un lugar histórico

Antes de llegar a la playa se atraviesa el L’Union Estate, una antigua plantación de cocoteros y vainilla que hoy funciona como parque histórico. Allí se conservan casas coloniales, prensas de copra y recintos con tortugas gigantes. El paseo es parte de la experiencia y conecta la visita con la historia agrícola de La Digue.

La mejor hora para visitarla

Source d’Argent cambia con la luz y la marea. A primera hora de la mañana o al final de la tarde, la playa tiene menos visitantes y la luz es más suave, lo que la convierte en el momento perfecto para fotografías inolvidables. Al atardecer, el sol tiñe las rocas de tonos dorados y rosados, creando un espectáculo natural difícil de olvidar.

Fama mundial

Su belleza no ha pasado desapercibida: Anse Source d’Argent ha aparecido en publicidades de marcas internacionales, en portadas de revistas de viaje y hasta en películas. Aun así, al estar protegida y regulada, nunca llega a sentirse masificada como otras playas famosas del mundo.

Es un símbolo de Seychelles.

La Digue es diferente a todo lo que habíamos visto en Mahé y Praslin. Aquí no hay prisas, no hay tráfico, y la bicicleta se convierte en la mejor compañera de viaje. Las playas del sur, salvajes e imponentes, contrastan con la calma paradisíaca de Anse Source d’Argent. En apenas dos días sentimos que habíamos entrado en una isla donde el tiempo se detiene y la naturaleza marca el ritmo de la vida.

Conclusión: Seychelles, mucho más que un paraíso de postal

Viajar a Seychelles es descubrir que detrás de las postales de arena blanca y aguas turquesas se esconde un país con alma propia. Cada isla tiene su carácter: Mahé, con su mezcla de naturaleza salvaje, cultura criolla y la pequeña capital Victoria; Praslin, donde conviven playas legendarias como Anse Lazio con la magia ancestral del Valle de Mai; y La Digue, el lugar donde el tiempo se detiene y la bicicleta marca el ritmo de los días.

La experiencia va mucho más allá de tumbarse en una playa paradisíaca. Son las caminatas por senderos de selva que terminan en bahías escondidas, las risas en restaurantes criollos donde el pescado fresco sabe mejor que en ningún otro sitio, la majestuosidad de las tortugas gigantes que parecen recordarnos la antigüedad de estas islas, o el simple gesto de dejar la bicicleta en la arena para descubrir a pie playas como Anse Cocos.

Seychelles es también historia y diversidad: desde el legado colonial francés e inglés hasta la huella cultural de África y Asia, visible en sus templos, su gastronomía y su gente. Esa mezcla crea una identidad única, que se refleja tanto en una misa criolla como en un curry de pulpo o en el colorido templo hindú de Victoria.

Al final, lo que uno se lleva no son solo paisajes de ensueño, sino la sensación de haber estado en un lugar auténtico y protegido, donde la naturaleza sigue marcando el compás. Un viaje que enseña que el lujo no está en los resorts, sino en el privilegio de contemplar la puesta de sol en Port Launay, perderse entre palmeras en el Valle de Mai o sentir la calma infinita de Anse Source d’Argent.

Seychelles nos deja la certeza de haber visitado un rincón único del mundo, donde la belleza es tan intensa que roza lo irreal, y donde cada momento invita a soñar con volver.

Seychelles no es solo un destino, es la certeza de haber estado en el paraíso… y la promesa de que siempre querrás volver.