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Sur y Oeste de Mahé: playas, senderos y experiencias exclusivas

Continuación de Norte y Este de Mahé.

Si en el norte y el este de Mahé descubrimos la capital, senderos costeros y vida local, el sur y el oeste nos regalaron una experiencia muy distinta: playas salvajes, panorámicas de vértigo, cascadas escondidas y rincones de lujo que muestran la cara más sofisticada de Seychelles. Fueron dos días intensos en los que combinamos relax, aventura y cultura, con momentos que quedarán grabados para siempre en la memoria.

La paradisíaca playa de Port Lunay

Día 4: playas de ensueño y un toque exclusivo

Anse Intendance

La jornada comenzó en Anse Intendance, considerada una de las playas más espectaculares de Mahé. Su arena blanca parece interminable, extendiéndose en una curva perfecta enmarcada por colinas verdes cubiertas de palmeras. Aquí el mar rompe con fuerza: las olas altas hacen que no sea siempre apta para nadar (aunque sí atreverse a darse un chapuzón), pero esa misma energía la convierte en un lugar magnético, donde se siente la inmensidad del Índico. Pasear por la orilla, con el rumor del oleaje y sin apenas construcciones alrededor, fue como tener el paraíso solo para nosotros.

La salvaje Anse Intendance

En Anse Intendance no solo disfrutamos de una de las playas más espectaculares de Mahé, sino que también me encontré “trabajando” en un chiringuito improvisado entre troncos y cocos. Durante unos minutos me convertí en barman del Summer Bar Seychelles, sirviendo sonrisas y cócteles imaginarios a los bañistas. La escena dio para bromear con la idea de no regresar nunca más a la rutina: ¿para qué volver si ya estaba en el paraíso? Rodeado de arena blanca, mar turquesa y palmeras, aquella barra hecha de madera rústica parecía el lugar perfecto para empezar una nueva vida isleña.

Summer Bar Seychelles

Anse Takamaka

Continuamos hacia Anse Takamaka, una playa más recogida y tranquila, rodeada de cocoteros y almendros tropicales que proyectan sombra sobre la arena. El agua es más calmada, perfecta para nadar con seguridad y relajarse sin preocupaciones.

Anse Takamaka

Aquí se respira un ambiente más local y familiar, con pequeñas casas de huéspedes y restaurantes criollos escondidos entre los árboles. Es un lugar que transmite calma y sencillez, un contraste perfecto después de la fuerza salvaje de Intendance.

El término “Takamaka” tiene varios significados ligados a Seychelles y al Índico:

  1. Árbol tropical:
    El nombre proviene de un árbol típico de las islas del océano Índico, el Calophyllum inophyllum, conocido localmente como Takamaka. Es un árbol de madera dura y resistente, muy usado en carpintería tradicional, en la construcción de barcos y en la medicina natural, ya que sus semillas producen un aceite con propiedades curativas.
  2. Topónimo en Seychelles:
    En Mahé, una de las playas más bonitas del sur de la isla lleva el nombre de Anse Takamaka. Se cree que recibió este nombre porque en la zona abundaban los árboles de takamaka que daban sombra a la arena.
  3. Marca icónica:
    En la actualidad, “Takamaka” es también sinónimo del famoso ron de Seychelles, elaborado en la destilería de La Plaine St. André. Esta marca ha llevado el nombre de Takamaka a nivel internacional, convirtiéndose en uno de los productos más reconocibles del archipiélago.

En resumen, Takamaka significa “vida isleña en estado puro”: es un árbol, una playa y hasta un ron, todo profundamente arraigado a la identidad criolla de Seychelles.

Baie Lazare Public Beach

El siguiente alto en el camino fue Baie Lazare, una amplia bahía cargada de historia, pues aquí desembarcó en 1742 el explorador francés Lazare Picault.

La bahía combina un escenario natural idílico con aguas claras y poco profundas, ideales para hacer snorkel y observar peces tropicales. La playa es pública, amplia y poco masificada, lo que la hace perfecta para tumbarse y disfrutar del sol.

Baie Lazare

Tanto en Anse Takamaka como en Baie Lazare no nos quedamos demasiado tiempo porque queríamos dedicar más parte del día a Anse Intendance y a Petit Anse (es difícil disfrutar de más de dos playas al día con intensidad).

Aprovechamos para detenernos en La Gaulette Restaurant, un local sencillo y encantador frente al mar, donde degustamos pescado fresco recién capturado, acompañado de guarniciones criollas con arroz, chutneys y verduras. Fue una comida auténtica, con sabor local, que nos recargó de energía para seguir la ruta.

En la Gaulette

Petite Anse

Por la tarde nos dirigimos a la joya del día: Petite Anse, considerada una de las playas más exclusivas de Seychelles. Aquí se encuentra el lujoso Four Seasons Resort Seychelles, aunque no entramos al complejo, sí disfrutamos de la playa pública, que impresiona por su perfección.

La larga y paradisíaca Petit Anse

Una bahía cerrada, protegida por colinas, con arena tan blanca y suave que parece polvo, y un mar tranquilo que invita a nadar sin prisa. Aunque es frecuentada por los huéspedes del hotel, sigue siendo accesible para cualquiera, y lo cierto es que se siente especial, como un rincón privilegiado del archipiélago. Terminar la jornada en esta playa fue como cerrar el día con un broche dorado.

Día 5: senderismo, cascadas y lujo al atardecer

Morne Blanc Trail

El segundo día lo dedicamos a la montaña. Muy temprano emprendimos el Morne Blanc Trail, uno de los senderos más famosos de Mahé, situado en el Parque Nacional Morne Seychellois.

El trail está perfectamente guiado

La caminata no es demasiado larga (alrededor de una hora de ascenso), pero sí intensa: se sube entre selva húmeda, árboles altísimos, helechos y orquídeas endémicas. Al llegar a la cima, la recompensa es indescriptible: un mirador que se abre sobre la costa oeste, con vistas panorámicas al océano, al verde de las colinas y a la inmensidad de Mahé. Estar allí arriba, con el viento acariciando y el mar extendiéndose hasta perderse en el horizonte, fue uno de los momentos más emocionantes del viaje.

Vistas espectaculares desde la cima de Seychelles

Fábrica del Té

De regreso hacia la costa hicimos una parada en la fábrica del té de Seychelles, situada en las colinas de Morne Seychellois, muy cerca del Trail realizado. Fundada en los años 60, produce té negro, verde y aromatizado con vainilla o limón, cultivado en plantaciones cercanas. El lugar conserva un aire tradicional y permite ver el proceso de producción, además de ofrecer la oportunidad de probar sus variedades en un mirador con vistas espectaculares. Fue un respiro cultural entre tanta naturaleza y una forma de conectar con la vida agrícola de la isla.

Allí pudimos recorrer paso a paso el proceso artesanal que transforma las hojas frescas en el característico té que se exporta desde la isla. Todo comienza con los sacos de yute llenos de hojas recolectadas en las plantaciones cercanas, que llegan a la fábrica cargados de ese inconfundible olor verde y húmedo.

Sacos de yute

Después, las hojas se extienden en largas camas de secado, donde el aire circula y las va marchitando lentamente, perdiendo la humedad y preparándose para el siguiente paso.

Largas camas de secado

Las máquinas antiguas, con sus cintas transportadoras y rodillos metálicos, se encargan de triturar, fermentar y finalmente secar las hojas, un proceso que pudimos ver de cerca entre pasillos de hierro y suelos marcados por décadas de trabajo.

Las máquinas de procesado de té
Las máquinas de procesado de té II

En otra sala, los bloques de té ya procesado se apilaban cuidadosamente, listos para su empaquetado y distribución, un contraste entre el verde vivo de las hojas frescas y el marrón profundo del producto final.

El empaquetado marrón

Al final de la visita, nos quedamos en el mirador de la factoría, un lugar espectacular desde donde se contemplan las colinas verdes que descienden hasta el océano Índico. Con una taza de té caliente entre las manos, el paisaje parecía aún más especial: era como saborear, en ese mismo instante, el fruto de todo un proceso que combina naturaleza, tradición y trabajo humano.

Cataratas Sauzier

Más abajo, en la zona de Port Glaud, nos detuvimos en las cataratas Sauzier, un rincón escondido entre árboles tropicales al que se llega tras un breve paseo. La cascada, aunque no muy alta, cae en una poza de agua fresca donde es posible bañarse. Rodeados de selva, con el sonido del agua y la tranquilidad del lugar, fue como entrar en un oasis secreto. Este tipo de cataratas, o charcas con agua dulce, son muy típicos de zonas tropicales o islas más salvajes. Al ser agua dulce siempre hay que tener cuidado extremando precauciones por parásitos o animales que estuvieran habitando en la charca (y mucho menos beberla).

Cataratas Sauzier

Almuerzo en Del Place Restaurant

Para reponer fuerzas, almorzamos en el Del Place Restaurant, uno de los más recomendados de la costa oeste. El local, construido en madera y abierto al mar, ofrece vistas directas a la bahía. Aquí probamos platos criollos elaborados con un toque sofisticado: pescado a la parrilla, pulpo en salsa de coco y postres con frutas tropicales. Una experiencia gastronómica de primer nivel en un entorno inmejorable.

Constance Ephelia & Port Launay

La tarde la cerramos con amigos que se alojaban en el exclusivo Constance Ephelia Mahé, un resort de lujo que cuenta con helipuerto propio y se extiende sobre más de 100 hectáreas frente a Port Launay.

Desde la habitación del hotel de nuestros amigos

Este hotel es prácticamente una ciudad dentro de la isla: villas privadas con piscina, spa, restaurantes de autor y acceso directo a varias playas vírgenes. Nos invitaron a pasar el atardecer allí, y fue una experiencia inolvidable: cócteles de autor servidos frente al mar mientras el sol descendía sobre la bahía de Port Launay, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas.

Brindis con cocktails del Constance
Un mapa de lo grande que es el complejo

Fue uno de esos momentos que resumen la esencia de Seychelles: lujo, naturaleza y una belleza natural que no necesita artificios.

Incluso conservan en el hotel tortugas gigantes de Aldabra
Y algún arácnido enorme – hay que andarse con ojo

Port Launay: un refugio natural en la costa oeste

Port Launay es una de las bahías más hermosas y emblemáticas de Mahé, situada en la costa oeste y protegida como parte del Parque Nacional Marino Port Launay. Lo primero que sorprende es su amplitud: una ensenada de aguas tranquilas y transparentes, bordeada por una larga franja de arena blanca y rodeada de vegetación tropical que baja suavemente desde las colinas.

Pura felicidad

El agua aquí es calma gracias al arrecife que protege la bahía, lo que la convierte en un lugar perfecto para nadar y practicar snorkel. Bajo la superficie se despliega un pequeño paraíso marino: peces de colores, corales y, con un poco de suerte, tortugas marinas. A diferencia de otras playas más salvajes como Anse Intendance, Port Launay transmite una sensación de seguridad y serenidad, ideal para familias o para pasar un día completo de relax en el mar.

Port Launay

Al atardecer, que es el momento en el que la pudimos disfrutar, Port Launay se transforma: el sol se esconde tras las colinas, tiñendo el cielo de tonos dorados y violetas que se reflejan en el agua cristalina. Es un lugar que combina naturaleza prístina y comodidad, perfecto tanto para quienes buscan una experiencia de lujo como para los que simplemente desean disfrutar de una de las postales más bellas de Mahé.

Conclusión

El sur y el oeste de Mahé nos mostraron una cara diferente de Seychelles: playas salvajes como Anse Intendance, bahías tranquilas como Baie Lazare, rutas de montaña con vistas impresionantes y experiencias exclusivas en hoteles de ensueño como el Constance Ephelia. En solo dos días descubrimos que esta parte de la isla es un tesoro que combina aventura, cultura y lujo, y que todo viajero debería incluir en su itinerario por Mahé.

Un apunte sobre playas públicas y privadas en Seychelles

A diferencia de otros destinos turísticos del Índico, en Seychelles todas las playas son públicas por ley, incluso aquellas que se encuentran frente a hoteles de lujo. Esto significa que cualquier persona, local o turista, puede acceder y disfrutar de ellas sin restricciones.

Lo que sí puede ocurrir es que:

  • El acceso directo atraviese un resort: en playas como Petite Anse (donde está el Four Seasons) o Port Launay (frente al Constance Ephelia), el camino más sencillo pasa por terrenos privados del hotel. En esos casos, los guardias pueden registrar a los visitantes o pedir que respeten normas básicas, pero no pueden negar la entrada a la playa. En Petite Anse accedimos perfectamente a la playa sin alojarnos o conocer a nadie en el Four Seasons. En Port Lunay sí entramos a través del hotel porque teníamos dos amigos hospedándose en el mismo. De hecho atravesamos una zona de manglares muy interesante dentro del complejo que una vez pasados, se te abría una de las mejores playas de Mahé.
  • El acceso sea complicado: algunas playas requieren llegar en barca, a pie tras un sendero (como Anse Major) o por caminos poco señalizados. Eso hace que se perciban como “privadas”, cuando en realidad son simplemente más aisladas.
  • Los hoteles pongan servicios exclusivos: tumbonas, sombrillas o bares son solo para huéspedes, pero la arena y el mar siguen siendo para todos.
Una playa escondida del complejo Constance, la montaña al fondo es la parte final del Morne Blanc Trail

Ejemplos

  • Públicas y muy populares: Beau Vallon, Anse Royale, Anse Lazio (Praslin), Anse Intendance, Anse Takamaka.
  • Exclusivas pero públicas: Petite Anse (Four Seasons), Port Launay (Constance Ephelia).
  • Acceso solo a pie o en barco: Anse Major, Anse Cocos (La Digue).
Playa pública de Port Launay

En resumen: en Seychelles no existe el concepto de playa privada. Las más famosas y fotografiadas —esas postales que recorren el mundo— son todas de acceso público. Lo único que puede variar es la facilidad de llegar a ellas y los servicios disponibles una vez allí.