Continuación de Qué ver en Túnez: medina, Cartago y Sidi Bou Said en una jornada.
El anfiteatro de El Djem: el coliseo que Roma dejó en el corazón de África
Thysdrus, el gigante de piedra ocre que domina la estepa tunecina desde el año 238 d.C.

Hay momentos en los que el paisaje te prepara. Kilómetros de estepa semiárida, carretera recta, calor que ondula sobre el asfalto… y de pronto, sin aviso previo, aparece. No en la loma de una colina, no al doblar un paso de montaña. Simplemente ahí, de pie en la llanura, como si siempre hubiera estado allí y el mundo hubiera crecido a su alrededor.
Un gigante que no pide disculpas por su tamaño
El anfiteatro de El Djem —también llamado Coliseo de Thysdrus, el nombre romano de la ciudad— irrumpe en el campo de visión. Desde la carretera que llega desde el norte, su silueta de tres pisos de arcos se recorta contra un cielo que en Túnez siempre parece más azul de lo necesario. La pequeña ciudad moderna que ha crecido a sus pies —apenas 20.000 habitantes— hace que la escala del monumento resulte todavía más absurda, más imposible.

El Djem es una parada cómoda a mitad de camino entre la capital tunecina y los pueblos bereberes del sur. De primeras te impresiona ver una infraestructura romana tan grande en un lugar que a priori no ofrece un lugar extremadamente poblado, o que sea un cruce estratégico de nada en concreto. Con la curiosidad que ello nos planteaba nos decidimos descubrir estas incógnitas del gigante romano.
Y los números respaldan esa impresión visceral.
| Año de construcción | Capacidad | Dimensiones | Altura | Rango mundial | Visitantes/año |
| 238 d.C. | 35.000 espectadores | 148 × 122 m – unas 60 puertas exteriores | ~36 m | 3.º — 4.º del mundo romano | 530.000 |
| Procónsul Gordiano | Elipse exterior | Tres pisos o plantas con dos niveles cada una | 2.º lugar más visitado de Túnez |
Por qué se construyó aquí, en medio de la nada
Esta es la pregunta que muchos visitantes como nosotros formulan, y la respuesta desmonta el cliché de “la nada”. Thysdrus, en el siglo III, no era ninguna periferia imperial. Era una ciudad próspera de la Africa Proconsularis —la actual región central de Túnez—, enriquecida por el comercio de aceite de oliva y trigo que abastecía a buena parte del Imperio. Las lujosas villas patricias con sus suelos de mosaico (varios se conservan en el museo local) hablan de una burguesía local con dinero para gastar y reputación que construir.

El anfiteatro, en ese contexto, no era solo entretenimiento. Era un acto político. Una declaración de estatus. Y lo curioso es que, según los historiadores, es posible que nunca se terminara por completo antes de la caída de Gordiano —que murió en el cargo ese mismo año de 238— y de las convulsiones del período conocido como la Crisis del Siglo III.
De hecho, los romanos erigieron este coliseo para persuadir a los recalcitrantes bereberes de que Roma no decaía. Gordiano contaba con 80 años cuando los terratenientes de la región, quejosos de los impuestos de Roma, le proclamaron aquí emperador en el año 238. Reinó tan solo unas semanas antes de que fuera derrocado.
Un anfiteatro construido para 35.000 personas en una ciudad que hoy tiene 20.000 habitantes. Hay algo profundamente humano, y un poco enloquecido, en esa ambición.
La arquitectura: lo que ves y lo que esconde
La fachada y sus tres órdenes
El exterior es inmediatamente reconocible para quien haya visto el Coliseo de Roma: tres pisos de arcadas superpuestas siguiendo los órdenes toscano, jónico y corintio. Pero hay una diferencia material fundamental. El Coliseo se construyó con travertino y hormigón romano. El Djem, en cambio, al estar en una región sin roca caliza, se levantó íntegramente con bloques de arenisca dunaria extraídos de canteras costeras a unos treinta kilómetros, en Rejiche-Salakta. Es, de hecho, el único anfiteatro del mundo romano construido enteramente con sillares sin mortero. Ese material, blanco cuando se extrajo, ha adquirido con los siglos esa tonalidad ocre dorada que hace que el edificio parezca hecho de luz consolidada.



La brecha: historia escrita a cañonazos
La elipse perfecta de los muros tiene una interrupción notable. No es erosión. En 1695, las tropas del Bey de Túnez abrieron varios boquetes a cañonazos para desalojar a rebeldes fiscales que se habían refugiado en el interior. El edificio fue, utilizado como fortaleza en múltiples ocasiones: también en el siglo VII, la princesa bereber Dihya (Kahena) resistió desde su interior durante cuatro años los ataques del ejército árabe. El anfiteatro es también un palimpsesto de conflictos, una pared donde se han escrito siglos de historia con distintas tintas.

Lo que no se ve desde fuera: los subterráneos
Bajo la arena —y esta es, para muchos viajeros, la revelación más interesante de la visita— existe un sistema de galerías y cámaras que era el verdadero corazón logístico del espectáculo. Una galería central de unos 65 metros de largo que cortaba el coliseo en dos, y estaba flanqueada por dieciséis celdas a cada lado. Ahí esperaban los gladiadores. Ahí se enjaulaban los leones y leopardos capturados en los bosques del África romana. Un sistema de rampas y jaulas elevadoras permitía subirlos a la arena en el momento exacto del espectáculo. Caminar por esos pasajes hoy —con la luz filtrándose desde arriba— es uno de esos momentos que justifican un viaje.





Como curiosidad, los juegos en el coliseo duraban varias semanas. Era lo que hoy conocemos como una feria, donde se contrataban a personal para cubrir la parte subterránea que no está cubierta (principalmente con troncos), y preparaban la arena.

La modalidad de combates variaba, como seguramente muchos de los lectores conocen de las películas de gladiadores. Podían ser combates individuales, por equipos contra animales o un gladiador contra dos esclavos, por poner varios ejemplos.
Lo que no te puedes perder
- Bajar a los subterráneos: no todos los anfiteatros del mundo los tienen accesibles
- Subir hasta el tercer piso para la vista panorámica sobre la ciudad y la llanura
- Caminar por la arena (a diferencia del Coliseo, aquí el suelo original está visible)
- El museo arqueológico de El Djem, a escasos metros: mosaicos romanos extraordinarios

El Djem vs. el Coliseo de Roma: ¿cuál impresiona más?
La comparación es inevitable, pero merece matizarse. El Coliseo de Roma es más grande (188 × 156 metros vs. 148 × 122) (capacidad de 43.000 vs. capacidad de 35.000) y tiene una carga simbólica que ningún otro edificio antiguo puede igualar (además de ser considerada como Maravilla del Mundo). Pero El Djem ofrece algo que Roma ya no puede dar: la arena accesible, los subterráneos explorables, y una presencia física que no compite con millones de turistas, hoteles y el tejido urbano de una capital europea. En El Djem puedes estar solo frente a la piedra. Eso tiene un precio que ninguna entrada puede fijar.

Historia viva: el festival y el cine
El anfiteatro acoge cada verano, desde 1985, el Festival Internacional de Música Sinfónica de El Djem, que ha recibido a la Orquesta de la Ópera de Viena y a artistas como Barbara Hendricks. La acústica natural del recinto, concebida para proyectar la voz humana sobre decenas de miles de personas, funciona igual de bien para Verdi que para los rugidos de antaño.
Y para quienes el cine sea su lengua materna de la historia: parte de las escenas de La vida de Brian (Monty Python, 1979) y algunos planos de Gladiator se filmaron en este recinto o con él como referencia visual directa.
También acoge festivales de lucha, temática más relacionada con la que se concibió originalmente en este coliseo.
Información práctica para visitarlo
Dormir en El Djem
Para poder visitar el anfiteatro a primera hora de la mañana y luego proceder en dirección al sur, es conveniente haber hecho noche allí el día de antes. En nuestro viaje, después de haber realizado una jornada intensa en Túnez capital, emprendimos marcha al Djem para llegar a cenar y a dormir. El casi único hotel recomendable es el Hotel Julius – una recreación del anfiteatro en cuestión en formato hotel. Llama la atención todavía que, en ciertos hoteles, los clientes sigan fumando en el interior y, en consecuencia, el hotel tenga cierto aroma a tabaco en el ambiente.

Un aspecto que quiero resaltar es la aparente seguridad de la zona por la noche. Mi guía me recomendó darme un paseo por el centro y alrededores, el cual di con bastante calma y sin sentir peligro. Tampoco probé a meterme en los recovecos más oscuros pero caminé lo suficiente como para percibir más seguridad que en algunas ciudades europeas.
Cómo llegar
El Djem está a 170 km al sur de Túnez capital, a 70 km de Sousse y a 60 km de Monastir. Las opciones más habituales son el coche de alquiler o el tren, ya que El Djem tiene estación en la línea que une Túnez con Sfax. El taxi compartido (louage) desde Sousse es también una opción económica. Nosotros llegamos en coche a través de tour organizado.
Consejos imprescindibles
- Visita a primera hora de la mañana: el calor del mediodía sobre la piedra puede ser brutal en verano
- Lleva agua suficiente: las tiendas alrededor del monumento son escasas
- Calzado cerrado y cómodo: los subterráneos tienen suelo irregular
- Si viajas en julio, consulta el programa del festival sinfónico

Preguntas frecuentes sobre el Coliseo de El Djem
¿Es El Djem el anfiteatro más grande de África?
Sí, es el mayor anfiteatro romano conservado en el continente africano, y el tercero o cuarto del mundo (según la fuente), detrás del Coliseo de Roma y del de Capua.
¿Se puede bajar a los subterráneos?
Sí, y es una de las experiencias más recomendables. Las galerías subterráneas están accesibles a los visitantes con la entrada general.
¿Cuánto tiempo hay que reservar para la visita?
Entre 1,5 y 2,5 horas para el anfiteatro. Si se suma el museo arqueológico, calcula media jornada completa.
¿Es mejor visitarlo solo o con guía?
La estructura habla por sí sola, pero un guía local añade una capa de historia (especialmente sobre los subterráneos y los juegos) que los paneles informativos no cubren (ya que éstos realmente son escasos y tampoco dispone el recinto de audioguía). En nuestro caso, nuestro guía nos añadía mucha información muy relevante sobre el lugar.
¿Merece la pena desviarse si el itinerario principal es la costa?
Sin duda. El trayecto desde Sousse o Monastir es de poco más de una hora, y el anfiteatro es probablemente el monumento individual más impresionante que puedes ver en Túnez. El desvío se amortiza ampliamente. Además, si vas en dirección Tataouine, no puedes saltarte esta parada del camino al sur.

De El Djem a Tataouine: ksour, ghorfas y pueblos bereberes en el fin del mundo tunecino
Una jornada completa por la ruta de los ksour — Tataouine, Ksar Hadada, Guermassa, Chenini y Ksar Ouled Debbab
Cuando dejamos atrás El Djem y pusimos rumbo sur, el paisaje fue despojándose poco a poco de todo lo que no era esencial. Primero desaparecieron los campos de olivos. Luego la vegetación baja. Finalmente, lo único que quedó fue la piedra, el polvo ocre y un horizonte que parecía retroceder a medida que avanzábamos. Estábamos entrando en el sur profundo de Túnez. Estábamos entrando, sin saberlo del todo, en la galaxia de George Lucas.
Uno de los aspectos que más me sorprendió recorriendo Túnez era la cantidad de olivos y lo verde que era en algunas partes del país. Es probable que hayan afectado el tren de borrascas que han pasado recientemente para que veamos un Túnez más verde que lo que debería ser, pero lo que es indudable es que es el cuarto país del mundo a nivel de exportación de aceite de oliva. De hecho llama la atención el tamaño de los olivos y que estén separados a unos 20 metros los unos de los otros.

Aun así, una vez que llegas a la cordillera de Jebel Dahar, que atraviesa horizontalmente el país en tu ruta al sur, el paisaje cambia drásticamente, y es cuando Túnez de convierte en desierto, y ves el Sáhara de frente.
Tataouine: la ciudad que prestó su nombre a una galaxia muy, muy lejana
Conviene ser preciso aquí, porque el mito ha desdibujado la geografía. Tataouine, la ciudad real, es una capital provincial moderna y funcional, no un escenario de ciencia ficción. Tatooine, el planeta de Luke y Anakin Skywalker, tomó su nombre de aquí —George Lucas quedó tan impresionado por el sur tunecino durante el rodaje de la primera película (1976) que bautizó el planeta desértico con una ligera variación ortográfica (Tatooine)—, pero la mayoría de las escenas reales se filmaron en ksour y aldeas de los alrededores, no en la ciudad misma.
Lo que sí tiene Tataouine como ciudad es un ambiente de autenticidad difícil de encontrar en el norte más turístico del país. Su mercado del martes es uno de los más genuinos del sur, el Museo de la Memoria de la Tierra alberga fósiles de dinosaurios hallados en la región (la gobernación de Tataouine es una de las más ricas del mundo en restos paleontológicos del Cretácico), y en abril celebra el Festival Internacional de los Ksour, que llena los patios de los graneros bereberes con música y danza.
Su nombre en bereber —Tiṭṭawin— significa literalmente “ojos” o “manantiales de agua”, en referencia al oasis que fue durante siglos parada obligada de las caravanas saharauis. Hoy es la puerta de entrada a uno de los paisajes más extraordinarios del Mediterráneo.
Comida en Tataouine: el plato que no puedes saltarte
La parada para comer merece atención aparte. La cocina del sur tunecino tiene una identidad propia dentro de la gastronomía del país: más seca, más contundente, con el dátil y el cordero como ejes, y la harissa omnipresente pero diferente a la del norte, más ahumada y con mayor presencia de comino.

Qué comer en Tataouine
- Cuscús con cordero del desierto: la variante del sur se hace con carne de cordero criado en semilibertad, más sabrosa y menos grasa que la de las ciudades costeras
- Tagine tunecino: nada que ver con el marroquí — aquí es un pastel salado de huevo y carne al horno, más parecido a una tortilla densa
- Brik: como ya comentamos en el anterior artículo, es una empanadilla de pasta malsouka con huevo y atún, crujiente por fuera y líquida por dentro.
- Ensalada mechouia: pimientos y tomates asados, aliñados con harissa y aceite.
- Dulces de dátil: los dátiles del sur tunecino son deglet nour, los llamados “dedos de luz”, considerados entre los mejores del mundo




Qué es una ghorfa: la unidad básica de la civilización bereber del desierto
Antes de seguir, hay un concepto muy importante para esta región de Túnez. Si entiendes qué es una ghorfa, la ruta de los ksour adquiere un sentido completamente diferente.
Una ghorfa (plural: ghorfas) es una cámara alargada de piedra y adobe, con techo abovedado en cañón, cuya función original era la de granero individual de una familia. No era una habitación cualquiera: era la caja fuerte de la comunidad. En ella se guardaban las reservas de cebada, trigo y aceite de oliva que debían durar entre una cosecha y la siguiente. El diseño de bóveda de cañón mantenía el interior fresco durante el día y cálido por la noche, regulando la temperatura de forma natural en un entorno donde el calor podía superar los 45°C en verano.

Las ghorfas también les servía de estancia temporal, por lo que también vemos cámaras donde los bereberes pernoctaban. Sin embargo, éstos al ser nómadas, se desplazaban y obtenían bienes en otros lugares del territorio, y cuando volvían, disponían de estas ghorfas para poder almacenar y guardar los cereales y bienes comentados.
| Material | Forma | Función | Organización |
| Piedra local y adobe secado al sol, sin mortero en muchos casos | Rectangular alargada, techo en bóveda de cañón de unos 3–4 m de altura | Granero familiar colectivo: grano, aceite de oliva y pertenencias de valor | Se apilaban hasta 4 pisos alrededor de un patio central, formando el ksar |
El conjunto de ghorfas agrupadas alrededor de un patio, con una única entrada defendible, formaba el ksar (plural: ksour): el granero colectivo-fortaleza de la comunidad bereber. No era donde vivían permanentemente —las casas estaban más abajo, en las laderas o el valle— sino el lugar donde se custodiaba lo más valioso: el alimento. En periodos de peligro, también servía como refugio.
Las ghorfas eran tecnología de supervivencia. Cada bóveda era la diferencia entre pasar el invierno y no pasarlo.
La ruta de la tarde: cinco lugares, cinco capas de historia
Con el estómago lleno y el sol todavía alto, tomamos dirección hacia el corazón de la ruta de los ksour. Lo que sigue es una jornada de tarde densa, física y visualmente abrumadora.
1 Ksar Hadada Star Wars
~23 km al noroeste de Tataouine
El primer impacto es visual: un patio interior completamente rodeado por ghorfas apiladas en varios niveles, con paredes de piedra ocre que se confunden con el color del desierto circundante. Ksar Hadada fue construido en los siglos XVII o XVIII como granero colectivo de las familias bereberes de la región. Su estado de conservación es bueno, parcialmente gracias a que la mitad del complejo fue reconvertida en hotel —el famoso Hotel Ksar Hadada, que permite pernoctar dentro de las ghorfas restauradas, y que nosotros pudimos disfrutar de esta experiencia que más tarde contaré. La otra mitad permanece en su estado original, que permite comparar el antes y el después.





La conexión con Star Wars es real y concreta: en 1997, George Lucas rodó aquí varias escenas de Star Wars: Episodio I — La amenaza fantasma, utilizando el ksar como parte de la ciudad de Mos Espa en el planeta Tatooine, en especial donde vivían los esclavos (Anakin Skywalker entre ellos). Los corredores por los que caminas hoy son los mismos que aparecen en pantalla. Pero el verdadero protagonista sigue siendo la arquitectura bereber que los inspiró.
Si quieres profundizar sobre los lugares más icónicos de la Guerra de las Galaxias en Túnez visita Túnez es Tatooine: guía completa de los escenarios de Star Wars para fans (Mos Espa, Sidi Driss, Chott el Jerid y más).



2 Guermassa
~15 km al oeste de Tataouine · Acceso por pista de tierra · Poco turístico
Si Ksar Hadada es el ksar restaurado y accesible, Guermassa es su reverso: el pueblo que el tiempo casi se ha tragado. Encaramado en la cima de la cordillera del Dahar, este asentamiento bereber fue construido progresivamente tras la llegada de los primeros fundadores chorfas (hombres santos) procedentes de Marruecos en el siglo XIV y abandonado definitivamente en los años 80 del siglo XX, cuando las últimas familias forzadas por inundaciones se trasladaron al nuevo pueblo en el valle. Lo que queda arriba son ruinas parciales, ghorfas que se han ido fundiendo con la roca, y una atmósfera de silencio total que resulta difícil de describir.


El lugar posee un patrimonio extremadamente rico: una ciudadela en forma de nido de águila llamada “Ras el Moutmana”, un ksar destinado al almacenamiento de cosechas cuyos techos de las ghorfas están decorados con miles de símbolos e inscripciones, un cementerio dedicado a los niños, cientos de casas trogloditas excavadas y organizadas en filas a ambos lados de la colina, una mezquita y decenas de molinos tradicionales de aceite.




La zona donde se asientan el pueblo de Guermassa o Chenini se llama Dahar. Se trata de un territorio geológico y cultural situado en el sur de Túnez, entre las gobernaciones de Tataouine, Médenine y Gabès. Forma parte de la red de geoparques de la UNESCO y mezcla paisaje desértico, arquitectura bereber y una historia geológica muy antigua.
Guermassa por ejemplo, posee una importante riqueza geológica. Su estratigrafía revela la historia de la región a lo largo de más de 90 millones de años, desde capas marinas (testigos de la transgresión del mar de Tetis) hasta formaciones continentales más antiguas (Jurásico Superior y Cretácico Inferior), ricas en madera fosilizada y restos de vertebrados.
El pueblo troglodita de Guermessa es un ejemplo perfecto de integración geocultural. Representa la adaptación humana al entorno mediante sus construcciones tradicionales y eficientes (Majel, Fesguia, Jessour) y su patrimonio edificado (ksar, mezquita, prensa de aceite y necrópolis).

El acceso requiere dejar el coche abajo y subir a pie —entre 30 y 50 minutos dependiendo de la forma física— por un camino empinado entre piedras. El esfuerzo se compensa con vistas panorámicas sobre la llanura que se extienden decenas de kilómetros, y con la casi total certeza de estar solo. Guermassa es para quienes prefieren la experiencia auténtica al escenario tuneado para turistas.

Y este es justo el escenario elegido por nuestro guía para conocer un auténtico pueblo bereber. Nos echamos a nuestras niñas a las espaldas y ascendimos durante 30 minutos al nivel intermedio de la montaña, pasando una mezquita blanca que pone la nota discordante al paisaje bereber.
A la bajada, hicimos una breve pausa disfrutando de un té en el exterior de una de las casas bereber que todavía se habitan, y tuvimos la suerte de poder echar un vistazo por dentro, a su estilo y decorado. Ese momento disfrutando del té (quizá un poco más azucarado de lo que nos hubiera gustado) fue un instante de paz y calma donde el silencio absoluto se combinaba con las mejores vistas al desierto tunecino.



¿pero porqué construyeron este pueblo en la montaña con casas de auténtico camuflaje?
Históricamente, para protegerse de las crueles tribus árabes beduinas de los Banu Hilal y los Banu Sulaym, llegados al Magreb en el siglo XI. A los bereberes no les quedó más remedio que protegerse en la montaña, para ganar la ventaja de altura, que los invasores tuvieran accesos complicados y poder vigilar a muchos km de distancia, y comunicarse con otras tribus bereberes dando la voz de alarma si veían peligro.
Pero lo que surgió como razón defensiva, también supuso ventajas de protección de los alimentos a través de las ghorfas, y adaptación climática ya que las casas excavadas en roca ayudaban mucho con el calor extremo del verano y el frío del invierno. También componían comunidades tribales a través de los ksour, lo que fortalecía la sensación de grupo y fuerza.
3 Chenini
~18 km al oeste de Tataouine · Todavía habitado
Chenini es técnicamente distinto de un ksar: no es solo un granero, sino un pueblo completo que sigue habitado —alrededor de 500 familias de agricultores y pastores viven aquí, según datos de 2023— aunque con mucha menos población que en su apogeo medieval. Fundado en el siglo XII como asentamiento defensivo en las crestas del Dahar, sus casas se escalonan por las laderas de dos colinas formando lo que parece, desde lejos, una ciudad en miniatura tallada en la montaña.

En la cima, a unos 500 metros de altitud, está el ksar-fortaleza original, con sus ghorfas en ruinas fundiéndose con las crestas. Más abajo, casas trogloditas excavadas directamente en la roca conviven con construcciones de adobe. En algún punto intermedio, el minarete blanco de la mezquita actúa como brújula visual.
Chenini alberga también la leyenda de los Siete Durmientes.
Hace mucho tiempo existía, en el corazón del desierto, un país llamado “Las Fuentes”. Un mar tropical rico en peces suavizaba el clima y un bosque abundante hacía felices a los dinosaurios que habitaban allí.
La leyenda cuenta que los Siete Durmientes citados en el Corán se refugiaron en una cueva para huir de sus perseguidores. Dos siglos más tarde despertaron, pero sus cuerpos habían crecido varios metros y, en el exterior, todo había cambiado. Entonces decidieron regresar a la cueva para dormir para siempre.
La leyenda también cuenta que las tumbas de dimensiones inusualmente grandes de los Siete Durmientes se pueden encontrar en la parte exterior de la bonita mezquita del SXIII que lleva su nombre, muy cerca de Chenini, y donde pudimos inmortalizarnos con unas preciosas fotos familiares.


La luz de la tarde, rasante sobre la piedra dorada, convierte el lugar en algo cercano a la irrealidad.
Debido a la falta de tiempo y luz solar, nosotros optamos por hacer una ruta panorámica con el coche, verlo el pueblo de Chenini desde la base y visitar la mezquita de los Siete Durmientes. Al llevar a dos niñas pequeñas, el trekking a la cima después del de Guermassa se hacía demasiado intenso hasta para un adulto.
Los hijos de los bereberes ya no quieren vivir en casas trogloditas. Éstos se han modernizado, muchos emigran a Túnez capital o a Europa para hacer dinero, y vuelven al cabo del tiempo a estas zonas para invertir en casas más modernas. Como comentamos, el conglomerado de casas en la montaña tenían otrora una función de camuflaje y defensiva ante otros pueblos violentos que amenazaban con quitarles las cosechas y bienes. Una lectura que ahora ha dejado de tener sentido.

4 Ksar Ouled Debbab
~10 km al sur de Tataouine · Ksar con cafetería
Menos célebre que su vecino Ksar Ouled Soltane, Ksar Ouled Debbab tiene el mérito de ser un lugar que puedes recorrer con calma y sin la presión de los grupos organizados. Sus dos calles interiores —el ksar tiene planta más lineal que los de patio central— se pueden pasear de día y también de noche, cuando la iluminación crea sombras que transforman completamente el espacio. Tiene además una cafetería con terraza en la parte exterior, desde la que se puede tomar un té a la menta observando la fachada del ksar. Un final de tarde tranquilo, sin afán de marcar casillas.

La noche en Ksar Hadada: dormir dentro de la historia
La decisión de pernoctar en Ksar Hadada es de las que se toman una sola vez y se recuerdan mucho tiempo. El Hotel Ksar Hadada ha reconvertido las ghorfas originales en habitaciones que conservan la bóveda de cañón, las paredes de piedra y la escala íntima de las cámaras originales.
No es un hotel de lujo: es un hotel de experiencia. Las habitaciones son pequeñas, la decoración austera, y el silencio del patio por la noche —una vez que los últimos visitantes del día se han marchado— es absolutamente completo.

Lo que ganas a cambio no tiene precio: estar en el ksar cuando no hay nadie más. Ver cómo la luz del atardecer recorre las paredes de las ghorfas. Escuchar cómo la piedra que lleva siglos guardando el calor del día empieza a enfriarse. Y entender, con el cuerpo además de con la cabeza, cómo funcionaba este sistema de vida.
Pernoctar en Ksar Hadada
- El hotel es sencillo pero limpio; las habitaciones son las ghorfas restauradas con camas y baño básico.
- Reserva con antelación en temporada alta (marzo–abril y octubre): es pequeño y se llena.
- El desayuno tunecino en el patio del ksar al amanecer es uno de esos momentos que justifican el viaje (aquí también aprovechamos a comer previamente brik y cuscús con cordero).
- Sin bar: lleva agua suficiente para la noche, ya que el pueblo más próximo está a varios kilómetros.
- El cielo nocturno en la gobernación de Tataouine, con contaminación lumínica casi nula, es espectacular.
- Quedarse a dormir un set original de la Guerra de las Galaxias es una experiencia difícil de olvidar para un verdadero fan de la película.

¿Sabías que Francia enviaba batallones penales al desierto tunecino?
Durante la época colonial francesa existieron los llamados Batallones de África (Bat’ d’Af), unidades militares formadas por delincuentes comunes, soldados indisciplinados y hombres con antecedentes penales. Muchos eran enviados al sur de Túnez y Argelia, donde trabajaban en condiciones extremas construyendo carreteras, fortificaciones y puestos militares en pleno desierto. El sistema, conocido popularmente como Biribi, tenía fama de brutal por sus castigos, abusos y durísima disciplina.
Aunque suele decirse que estos hombres “compraban su libertad” trabajando en África, la realidad era más compleja. Algunos lograban reducir condenas mediante años de servicio militar, pero seguían formando parte de un sistema represivo colonial. Ciudades como Tataouine fueron importantes bases de estos batallones franceses
Preguntas frecuentes
¿Es Tataouine donde se rodó Star Wars?
Parcialmente. La ciudad de Tataouine inspiró el nombre del planeta, pero las escenas filmadas en la región se rodaron principalmente en Ksar Hadada (como Mos Espa en la Amenaza Fantasma) y en otros ksour y aldeas cercanas. La ciudad en sí no es un escenario cinematográfico reconocible.
¿Qué diferencia hay entre un ksar y una ghorfa?
Una ghorfa es la unidad básica: una cámara abovedada individual que servía de granero a una familia. Un ksar (plural: ksour) es el conjunto: varias filas de ghorfas apiladas alrededor de un patio central, formando un granero colectivo-fortaleza para toda la comunidad.

¿Es mejor visitar Guermassa o Chenini?
Las dos son visitas recomendables. Chenini está mejor conservado, sigue habitado, tiene más capas (casas trogloditas, mezquita, vistas) y el acceso es más sencillo. Guermassa compensa con la soledad y la autenticidad radical, pero requiere más esfuerzo físico y más tiempo.
¿Se puede hacer esta ruta sin coche propio?
Con dificultad. Los taxis colectivos (louages) cubren Tataouine, pero los ksour están dispersos y los horarios no se adaptan a una ruta de varios puntos. Lo más práctico es un coche de alquiler desde Djerba, Sfax o Tataouine, o contratar una excursión privada con conductor-guía local o el viaje tour organizado como lo estábamos realizando nosotros.
¿Cuándo es la mejor época para visitar la ruta de los ksour?
De octubre a abril. El verano tunecino en el sur puede superar los 45°C, lo que hace la visita a pueblos de montaña como Guermassa o Chenini físicamente agotadora. Marzo y abril, con el Festival de los Ksour, es especialmente recomendable.




