Quinta entrega de nuestra serie sobre Mauricio en familia, de nuestro viaje de julio de 2026. Tras el resort, Ile aux Cerfs, el Aapravasi Ghat y el norte, nos vamos al sur, la cara más verde y agreste de la isla.
El sur es la parte más salvaje y variada de Mauricio: plantaciones de té, un lago sagrado en un cráter, bosque endémico, tierras de colores imposibles y la montaña más simbólica de la isla. Dedicamos un día entero a recorrerlo, y es la ruta que cuento aquí, parada a parada.

Es probablemente la parte más alejada de la isla desde donde tenemos el resort. Y también la parte más alejada desde donde probablemente se hospede cada viajero. Es la parte con menos edificación, más salvaje y la que ofrece durante el día de excursión, un mayor contraste en cuanto a paisajes.
Es imprescindible empezar la jornada a primera hora y concienciar a las niñas de que estarán todo el día fuera (como si fuera posible concienciar a un bebé de 1 año y una niña de 3 años). Lo único malo del día fue la lluvia, que nos acompañó durante parte del camino. Habíamos comprobado el día anterior el estado del tiempo para realizar este viaje con climatología favorable, pero parece que solo acertó a medias. Aun así, lo supimos aprovechar.

¿Qué ver en el sur de Mauricio en un día?
Nuestra ruta fue esta: fábrica de té de Bois Chéri, el lago sagrado de Ganga Talao (Grand Bassin) y sus estatuas gigantes, el Parque Nacional de Black River Gorges con parada en un mirador, comida local en Chez Pierre Paul, las Tierras de los Siete Colores de Chamarel y, para cerrar, el atardecer en la playa pública de Le Morne. Al final añado dos planes que dejamos pendientes por viajar con niñas pequeñas y un sitio del sur ideal para ir en familia.

Bois Chéri: la fábrica de té y la degustación
Empezamos el día en la fábrica de té de Bois Chéri, en las tierras altas del sur, la plantación de té más antigua y conocida de Mauricio (en activo desde finales del siglo XIX). Es una de las paradas de la llamada Ruta del Té, y combina dos cosas: entender cómo se hace el té y disfrutarlo con vistas.

El plan tiene dos partes. Primero, el tour: el pequeño museo y la visita a la fábrica, donde se ve el proceso completo, de la hoja recién recogida al té envasado, con el ruido y el olor de la maquinaria en marcha. Después, la parte que más se disfruta: la degustación en la finca, en un señorial chalé elevado con vistas a un lago y a las plantaciones, donde se prueban los distintos tés de la casa, incluidos los aromatizados con vainilla, una seña mauriciana.




En particular, puedes seleccionar de una amplia gama de tés y recomiendo probar al menos 3. El mencionado té de vainilla, el de frutas exóticas (el que más me gustó y que compré al final), el de caramelo, el de coco y los clásicos English breakfast y Earl Grey. También había sabores de menta, natural, jazmín, y herbal.

Ganga Talao (Grand Bassin): el lago sagrado y las estatuas gigantes
El Ganga Talao, también llamado Grand Bassin, es un lago sagrado alojado en un antiguo cráter volcánico, a unos 550 metros de altitud, y el lugar de peregrinación hindú más importante de Mauricio. Para una isla donde cerca de la mitad de la población es hindú, este sitio tiene un peso enorme.

La historia explica el fervor: a finales del siglo XIX, un pandit soñó que las aguas de este lago procedían del Ganges, el río sagrado de la India, a miles de kilómetros. Desde entonces el lago se considera unido al Ganges, y en 1972 se mezclaron en él aguas traídas del río indio. Cada año, durante el Maha Shivaratree, cerca de medio millón de hindúes peregrinan hasta aquí, muchos caminando desde sus casas y cargando pequeños altares, en una de las mayores peregrinaciones hindúes fuera de la India.

Lo que primero impresiona al llegar son las estatuas gigantes. A la entrada se alza el Mangal Mahadev, una estatua del dios Shiva con su tridente de 33 metros de altura (inaugurada en 2007, es la estatua más alta de la isla y una réplica de una de Vadodara, en la India). Cerca se levanta otra estatua de tamaño similar dedicada a la diosa Durga (Mangal Mahakali). Alrededor del lago hay varios templos dedicados a Hanuman, Ganga y Ganesh, y es habitual ver a peregrinos rezando y dejando ofrendas.

Un apunte de respeto importante: es un lugar de culto en activo, no una atracción. Conviene vestir de forma discreta (hombros y rodillas cubiertos), descalzarse al entrar a los templos y ser prudente con las fotos a quienes están rezando.
Cuando llegamos estaba lloviznando y no nos quedamos mucho pero sí que pudimos percibir en el ambiente una gran sensación de tranquilidad, sin que ningún ruido o muchedumbre estropease la calma que impregnaba en lago y sus alrededores.

El Parque Nacional de Black River Gorges
De Ganga Talao seguimos atravesando el Parque Nacional de Black River Gorges (Gorges de Rivière Noire), el mayor espacio protegido de Mauricio y el último gran reducto del bosque original de la isla. Aquí sobrevive buena parte de la flora y fauna endémica que la llegada del ser humano casi borra del mapa, incluidas aves tan raras como el cernícalo de Mauricio o la paloma rosada.

Nos paramos en uno de los miradores sobre las gargantas, con vistas a un mar de verde que cae hasta la costa (quizá un poco más nublado de lo que me hubiera gustado). Y fue aquí donde tuvimos nuestro segundo encuentro con los macacos de cola larga del viaje, esta vez más de lejos: merodean por los aparcamientos y miradores a la espera de comida de los visitantes.
Repito el aviso que ya di en el artículo de Ile aux Cerfs, porque aquí aplica igual: son animales salvajes, pueden morder o arañar, y alimentarlos está desaconsejado. Con niños, lo prudente es mirarlos a distancia y no sacar comida.
El mirador que paramos está marcado en Google Maps como Gorges Viewpoint. Hay un buen aparcamiento para dejar un momento el coche y caminar unos 300 metros hasta llegar al mirador.
El primer parque nacional de Mauricio
Black River Gorges fue el primer parque nacional del país, declarado en 1994. Ocupa unas 6.750 hectáreas, cerca del 2% de la superficie de la isla, y protege el último gran reducto de bosque autóctono anterior a la llegada del ser humano.
Sus cifras de biodiversidad impresionan: alberga 163 de las 311 especies de flora endémica de Mauricio y las 28 especies de aves endémicas que aún sobreviven. Es, además, escenario de uno de los grandes éxitos de conservación del mundo: aquí se salvó de la extinción al cernícalo de Mauricio, la paloma rosada y la cotorra de Mauricio. Otro habitante que hay que vigilar es el zorro volador, un murciélago de la fruta de pelaje dorado que es el mayor mamífero endémico de la isla y alcanza los 80 cm de envergadura.
Los senderos del parque (si quieres caminar)
Nosotros nos quedamos en el mirador, pero el parque es un paraíso para el senderismo, con rutas que parten sobre todo del centro de visitantes de Pétrin. Las principales:
- Ruta circular de Macchabée (8 km ida y vuelta, 3 h, moderada). Corta y sencilla: llega al mirador de Macchabée y regresa. Buena primera toma de contacto.
- Sendero forestal de Macchabée (8 km ida y vuelta, 3 h, moderada). Ruta circular por los bosques más bonitos del parque, donde crece el ébano endémico, la madera con la que se fabricaban muebles.
- Sendero Parakeet (8 km ida y vuelta, 3 h, moderada). Baja al cañón; su nombre viene de las cotorras que se ven por el camino.
- Embalse de Mare Longue (12 km ida y vuelta, 4 h, moderada). Una de las zonas menos visitadas, buena para avistar zorros voladores.
- Black River Peak / Piton de la Petite Rivière Noire (6 km ida y vuelta, 3 h, agotadora). La cima más alta del país (828 m), con algunas de las mejores vistas de la isla.
Consejos para el parque
- Un guía local saca mucho más partido a la visita; operadores como Yanature o Lokal Adventure conocen bien el terreno.
- Muchos senderos empiezan lejos del centro de visitantes: un guía, o un taxi que te deje y recoja al inicio y al final, ahorra complicaciones. La web Fitsy (fitsy.com) recopila rutas y coordenadas GPS.
- Lleva agua y comida de sobra: dentro del parque no hay dónde comprar.
- Crema solar, repelente, chubasquero y calzado que no resbale son imprescindibles. Es zona de montaña, más fresca y húmeda que la costa, y puede llover sin avisar.
Dónde comimos: Chez Pierre Paul (y qué probar de la cocina mauriciana)
Comimos comida local mauriciana en Chez Pierre Paul, y fue una buena forma de probar la cocina de la isla fuera del hotel. La gastronomía mauriciana es ese mestizaje de curry indio, salteados chinos y rougaille criollo que resume la historia del país en un plato. Las samoussas mauricianas de entrante estaban aceptables y el precio muy asequible (comparado obviamente con el resort).


Y ya que hablamos de comida, aprovecho para dejar una pequeña guía de la cocina mauriciana, que por sí sola justifica el viaje.
Una cocina de fusión
La gastronomía mauriciana es el reflejo directo de la mezcla de la isla. Cerca de dos tercios de la población es de ascendencia india, algo menos de un tercio son criollos de origen africano, y el resto, francomauricianos y chinos. De ese cruce sale una cocina criolla que combina curris indios, salteados chinos, guisos criollos de raíz africana y toques franceses.
La base del día a día son el arroz y los fideos, y el pescado y el marisco mandan en la mesa: marlín (a veces ahumado), mejillones, gambas, langosta, calamar y, muy apreciado, el pulpo (ourite), preparado aliñado, con azafrán o en curri. Para desayunar, cada comunidad tira de lo suyo: té con fideos, café con leche y cruasán, o chapati.
Los platos que hay que probar
- Briani (o biryani). Si solo pruebas uno, que sea este. Es un arroz especiado de la comunidad musulmana, plato de bodas y celebraciones, sazonado con clavo, cardamomo, canela y anís estrellado, y cocinado a fuego lento en una gran olla con patata y ternera o pollo. Se acompaña de ensalada de zanahoria rallada y pepino, achar (verdura o fruta en vinagre) y chile.
- Dhal puri (o dholl puri). El gran candidato a plato nacional y la comida callejera por excelencia. Un pan plano llamado farata, relleno de puré de guisantes amarillos y servido con curris, rougaille y encurtidos o chutney. Los mejores, con guindilla.
- Rougaille. Más que un plato, es una salsa espesa de tomate que sirve de base a muchísimas recetas, sobre todo al rougail poisson salé (pescado en salazón). Nació en el sur de Francia, pero con el pescado en salazón y la guindilla adquirió un sabor criollo africano. Se sirve con arroz y lentejas o judías.
- Vindaye. Un curri seco de pescado o pulpo frito, rebozado con cúrcuma, semillas de mostaza, jengibre y chile. Se acompaña de pain maison, un pan blanco redondo y crujiente, o de pan plano.
- Cari poule y cari ourite. Los curris básicos, de pollo o de pulpo, cocinados con hierbas y especias locales y servidos con arroz, lentejas y brèdes, una verdura de hoja verde.
- Kalia. Carne de ternera o pollo con especias y hierbas aromáticas, huevo duro y cocción a fuego lento, servida con roti.






Para picar y otros clásicos
- Boulettes: pequeñas empanadillas chinas al vapor, estrella de la comida callejera.
- Bol renversé (“bol volcado”): un flan de arroz con un salteado por encima que se da la vuelta al servir.
- Opción vegetariana: la cocina criolla tiene muchas ensaladas tropicales y platos de lentejas y verduras; el carri de légumes (curri de verduras) es una buena elección, y los restaurantes chinos añaden chop suey y fideos.
Dónde probarla de verdad
Fuera del hotel es donde mejor se come. Sitios locales como Chez Pierre Paul, los pequeños snacks (cafeterías) o una table d’hôte (comida casera en una casa rural) dan la versión auténtica. Un apunte curioso: el briani de verdad a veces hay que encargarlo con antelación a las familias que lo preparan y pasar a recoger la gran olla.
La destilería de ron de Chamarel (la que nos saltamos)
Nos saltamos la Rhumerie de Chamarel, la destilería de ron de la zona, y lo cuento con honestidad: con dos niñas pequeñas y el tiempo justo, una visita centrada en la cata de ron no era el plan. Pero si viajas sin niños y con margen, probablemente merezca la pena. La producción de ron agrícola a partir de caña fresca es parte de la identidad de la isla, y aquí se visita el proceso con degustación. En la tienda de regalos se pueden comprar sus mejores botellas, desde ron especiado al prestigioso Single Barrel 2010. Lo dejo apuntado para una próxima vez. De todas formas, ya hicimos una cata de rones cuando fuimos a la destilería takamaka de Seychelles (ahí todavía sin niñas claro).

Chamarel: las Tierras de los Siete Colores
El Chamarel Seven Coloured Earth Geopark es la parada más fotogénica del sur, y la que más curiosidad despierta en los niños. El parque reúne tres atractivos en un mismo recinto: las famosas tierras de colores, una cascada y tortugas gigantes. Y el propio recorrido está jalonado de paneles que explican la geología de la isla, así que se aprende tanto como se mira.

De dónde salen los colores
Para entender las tierras de colores hay que empezar por el origen de Mauricio. La isla no nació en el choque de dos placas, como la mayoría de los volcanes del mundo, sino sobre un punto caliente (hot spot): una especie de soplete bajo la corteza que, hace unos 65 millones de años, empezó a generar islas a medida que la placa africana se desplazaba sobre él. Lo que hoy pisas es la cima erosionada de volcanes antiguos, con lavas que van de los 10 millones a apenas unas decenas de miles de años.

Sobre esa base basáltica actúa el clima. La fuerte alteración química de la roca basáltica la transforma en saprolita, una roca de arcilla suelta, y libera óxidos e hidróxidos de hierro y aluminio. Ahí está la clave del color: los óxidos de hierro tiñen la tierra de rojos y marrones, y los de aluminio, de azules y violetas. El resultado son esas dunas con franjas de siete tonos en un mismo terreno.

El fenómeno tiene dos rarezas que fascinan a pequeños y mayores: aunque mezcles las arenas de distintos colores, con el tiempo se vuelven a separar en capas, y las dunas resisten las lluvias tropicales sin allanarse.
El hombre que le dio nombre a Chamarel
El nombre viene de una familia. En el siglo XVIII, estas tierras pertenecían a la familia de Chazal de Chamarel, y fue Charles de Chazal de Chamarel quien, a partir de 1791, se puso a desarrollar su propiedad de unos 156 acres de bosque denso. Explorándola descubrió lo que los paneles llaman sus “dos joyas”: una cascada de casi 100 metros formada por la Rivière du Cap y ese curioso terreno de siete colores. Construyó su casa, “Le Nuage”, unos 200 metros por encima del salto de agua, y fue despejando el bosque para intentar cultivar caña de azúcar, algodón, café e índigo.
La cascada de Chamarel
En el mismo recinto está la cascada de Chamarel, uno de los saltos de agua más altos de la isla, con una caída de cerca de 100 metros por la que se despeña la Rivière du Cap. Se contempla desde un mirador habilitado. En la estación seca (julio, cuando fuimos) el caudal baja algo, pero aun así es bastante impresionante por su altura y la cantidad de agua que sigue bajando en ese momento.


Las tortugas gigantes de Aldabra
El recinto tiene también un grupo de tortugas gigantes de Aldabra, que suele ser el momento favorito de los niños. Como aparecen en varias paradas del viaje (aquí, en La Vanille, en Pamplemousses), les dedico una ficha aparte más abajo.
Las tortugas aquí seguían encerradas y sin acceso. Además, al haber llovido estaban llenas de barro por lo que no invitaba a acercarte mucho. Hay sitios mejores en la isla para tener una más estrecha interacción con ellas que aquí, y que contaré en el siguiente artículo.


El acceso a Chamarel es bastante fácil. Entras con el coche y sigues hasta llegar a la cascada, donde aparcas, y le dedicas unos minutos al mirador. Acto seguido, vuelves al coche y avanzas unos minutos hasta llegar a la parte de la tierra de colores, donde también se pueden ver las tortugas y se asienta la estructura principal. Muchos viajeros se quedaban tranquilamente en la cafetería tomando una cerveza después de una jornada agotadora. Nosotros, por nuestro lado, aprovechamos a tomarnos un helado compuesto de mini bolitas heladas (o mini melts).

Un apunte responsable
Las tierras de colores son frágiles. Los propios paneles del parque avisan de que la erosión degrada las capas superiores del terreno, y piden a los visitantes respetar el sitio. Significa algo muy concreto: no te salgas de los caminos ni pises las dunas, por buena que sea la foto. Es patrimonio natural, y conservarlo depende también de quien lo visita.
🐢Ficha: la tortuga gigante de Aldabra
| Nombre científico | Aldabrachelys gigantea |
| Origen | El atolón deshabitado de Aldabra, en Seychelles |
| Tipo | Reptil herbívoro de sangre fría |
| Longevidad | Hasta unos 150 años |
| Tamaño | Hasta 1 metro de largo |
| Madurez sexual | Hacia los 15 años |
| Reproducción | Cría de febrero a mayo; una puesta anual de 9 a 25 huevos en un nido excavado de hasta 30 cm; las crías eclosionan tras las lluvias de febrero y cavan para salir a la superficie |
| Estado de conservación | Vulnerable (UICN) |
🔎 Por qué están en Mauricio: no son autóctonas. Se introdujeron en la isla en la década de 1880, por recomendación del naturalista Charles Darwin. Son primas de las tortugas gigantes que sí eran endémicas de Mauricio y que se extinguieron por la caza excesiva tras la llegada de los primeros humanos, la misma historia que el dodo.
💡 Dato curioso: machos y hembras se distinguen por la forma del plastrón (el peto inferior del caparazón), una diferencia que les facilita el apareamiento.
Le Morne: atardecer, Patrimonio de la Humanidad y la cascada submarina
Cerramos el día viendo el atardecer en la playa pública de Le Morne, a los pies de la montaña más simbólica de Mauricio. Es un final difícil de superar: la silueta del monolito recortándose contra el cielo mientras el sol cae sobre la laguna.

Por qué Le Morne es Patrimonio de la Humanidad
El Morne Brabant es un monolito de basalto de 556 metros en el extremo suroeste de la isla, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008 como Paisaje Cultural de Le Morne. Y su valor no es solo paisajístico, sino humano: durante la época de la esclavitud, sus cuevas y laderas abruptas sirvieron de refugio a los cimarrones, los esclavos que escapaban de las plantaciones.

La montaña es, por eso, un símbolo de la resistencia a la esclavitud. La leyenda más conocida cuenta que, tras la abolición en 1835, un grupo que se había refugiado en la cima malinterpretó la llegada de una expedición —que iba a anunciarles que eran libres— y prefirió saltar al vacío antes que volver a ser esclavizado. La historia es legendaria más que documentada, pero el lugar se conmemora cada año y resume el peso de ese capítulo en la memoria del país.
Trekking a la cima y la cascada submarina: dos planes pendientes
Hay dos experiencias en Le Morne que, con niñas de uno y dos años, quedaron descartadas de antemano, pero que vale la pena mencionar porque son de lo mejor de la isla, y que haré en una próxima visita:
La primera es el trekking a la cima de Le Morne. Se puede subir la montaña, con una parte inicial más sencilla y un tramo final empinado para el que se recomienda guía. Desde arriba, las vistas de la península y la laguna de agua azul turquesa son espectaculares (7 km de ida y vuelta, 3-5 h; moderada).
La segunda es la famosa cascada submarina (o “cascada invertida”). No es una cascada real, sino un efecto óptico que se ve desde el aire frente a la península de Le Morne: la arena y los sedimentos se deslizan por un escalón del fondo marino y, vistos desde arriba, crean la ilusión de una catarata cayendo bajo el agua. La excursión clásica para verla es sobrevolar la zona en helicóptero o hidroavión. Es cara y, de nuevo, poco compatible con bebés, pero el resultado es una de las imágenes más impactantes de Mauricio.





Otro plan del sur ideal con niños: La Vanille Nature Park
Si viajas con niños por el sur, apunta La Vanille Nature Park (La Vanille Réserve des Mascareignes), en la zona de Rivière des Anguilles. Es uno de los parques más recomendables de la isla para familias.
Su gran atractivo son las tortugas gigantes de Aldabra, que se crían aquí en gran número y que, en algunas zonas, se pueden ver y tocar de cerca, una experiencia que encanta a los niños. El parque tiene además cocodrilos del Nilo, un impresionante insectario con una enorme colección de insectos, y otros animales, todo en un entorno de selva muy agradable de recorrer. Nosotros, en nuestro último día, nos decantamos por otro parque, Casela, que cuento en el próximo artículo de la serie, pero La Vanille es una alternativa estupenda si buscas animales y naturaleza con los más pequeños.

Consejos prácticos para el día en el sur
- Madruga y empieza por Bois Chéri. El sur tiene más kilómetros y curvas que el norte; cuanto antes salgas, más cuajas el día.
- Lleva algo de abrigo ligero. Las tierras altas (Bois Chéri, Ganga Talao, Black River Gorges) son más frescas y húmedas que la costa, sobre todo en invierno austral. Puede llover.
- Vístete con respeto en Ganga Talao. Hombros y rodillas cubiertos, y descalzarse en los templos. Es un lugar de culto.
- No des de comer a los macacos del parque nacional. Míralos a distancia, en especial con niños.
- Para Chamarel y Le Morne, deja la tarde. La luz del atardecer en Le Morne es el mejor cierre posible.
- Con niños pequeños, una ruta al día. El sur da para dos jornadas tranquilas mejor que para una maratón de curvas.

Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el sur de Mauricio en un día? Bois Chéri (té), Ganga Talao y sus estatuas gigantes, el Parque Nacional de Black River Gorges, las Tierras de los Siete Colores de Chamarel y Le Morne. Con más tiempo, la destilería de ron de Chamarel y La Vanille Nature Park.

¿Qué es Ganga Talao? Un lago sagrado en un cráter volcánico, el principal lugar de peregrinación hindú de Mauricio. A su entrada se alza una estatua de Shiva de 33 metros, la más alta de la isla.
¿Por qué Le Morne es Patrimonio de la Humanidad? Por su valor como símbolo de la resistencia a la esclavitud: sus laderas sirvieron de refugio a los esclavos fugitivos (cimarrones). La UNESCO lo declaró Paisaje Cultural en 2008.

¿La cascada submarina de Mauricio es real? No. Es un efecto óptico que se ve desde el aire frente a la península de Le Morne: los sedimentos que caen por un escalón del fondo marino crean la ilusión de una catarata bajo el agua. Se ve en excursiones de helicóptero o hidroavión.
¿Se puede subir a Le Morne? Sí, se puede hacer trekking hasta la cima. La parte final es empinada y se recomienda ir con guía. No es un plan apto para niños muy pequeños.
¿Cuál es el plato típico de Mauricio? El dhal puri (un pan plano relleno de puré de guisantes amarillos) es el gran candidato a plato nacional. Otros imprescindibles son el briani, el rougaille de pescado en salazón, los curris (cari poule, cari ourite) y, para picar, las boulettes.
¿Qué plan del sur es mejor con niños? La Vanille Nature Park, por sus tortugas gigantes y su entorno de selva, y las Tierras de los Siete Colores de Chamarel, por las tortugas y la cascada. El trekking y el vuelo en helicóptero no son compatibles con bebés o niños pequeños.
Mapa del Itinerario
¿Preparas tu ruta por el sur de Mauricio?
Si te perdiste las entregas anteriores: la guía inicial de Mauricio, Ile aux Cerfs, el Aapravasi Ghat y el norte de la isla. En la próxima entrega: Casela, nuestro último día.




